Pies Descalzos

Durante un par de semanas tuve un sueño en el cual siempre estaba sin zapatos, y mis pies se hundían en el lodo, no me producía la mayor incomodidad los primeros días, pero después de unos cuantos  al despertarme lograba ver una especie de humo negro, que se movía como si tuviera mente propia, se quería meter por mis ojos, la sorpresa me hacía saltar de la cama, y se deslizaba tan rápido como una serpiente para desaparecer en la esquina de mi habitación.

La primera vez que lo vi no me dejó conciliar el sueño por un par de ocasiones, pero cuando tenía oportunidad, mientras me soñaba descalzo, ese humo aprovechaba para llegar tan cerca, que me hacía sentir observado, asediado, y despertaba algo asustado, para verlo de nuevo huir, y desaparecer en el mismo lugar.

Me dio por consultar un lugar esotérico, a ver si podían explicarme lo que pasaba, pero me di cuenta que era solo charlatanería.

Pasé luego frente a una Iglesia cuando me dirigía a tomar el autobús, una viejecilla, de cabello blanco y trenzado, que estaba parada en la puerta me dijo –Todo estará bien- mi interior se llenó de paz, y esa misma noche no sentía ya miedo, pero el sueño estaba ahí, solo que en esta ocasión, la viejecilla estaba en él me mostraba unos pájaros enjaulados, mientras apuntando a mis pies me decía –Tienes el alma descubierta, si no te esfuerzas un poco más te tocará enfrentarte a eso- apuntó entonces hacia una pared blanca, en la cual el humo negro surgió desde abajo extendiéndose como una mancha de humedad, luego haciéndola caer a pedazos, para dejar un boquete en medio, como si fuese una cueva, oscura, no se podía ver nada, pero de pronto percibí un olor a putrefacción, a carne quemada, y una llamarada envolvía a un sujeto sonriente, delgado, que me llamaba hacia él con el dedo.

Cuando voltee hacia atrás la viejecilla no estaba, y para salir de ahí tenía que cruzar por donde el sujeto me llamaba, miré a mis pies descalzos, no sentía el valor de enfrentarlo, así que desperté y el humo negro me tocaba ya el ojo. No intentó irse como otras veces, solo entró hasta mi cabeza haciéndome dormir de nuevo, y regresar al mismo lugar en donde había terminado mi sueño.

Me atraparon entonces, presionándome para cruzar, el sujeto sonreía con malasia y la viejecilla con bondad… viéndolos a los dos, me di cuenta, que los dos querían mi alma, que estaba ya descubierta, la parte que me tocaba era luchar porque el mal no se la llevara…

Pies Descalzos

Tal vez esto no te parezca un relato horrible, pero solo quise darles una advertencia, para cuando se sueñen descalzos, estén preparados para lo que viene después.

Fuente: Leyendasycuentosdeterror.com.mx

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