Manada

Los perros jamás me han gustado, pero los respeto, si me cruzaba con ellos prefería llevar la fiesta en paz. Es difícil que uno no se tope con ellos, andan de aquí para allá por las calles, la mayoría del tiempo son indefensos. En el parque donde acostumbraba hacer ejercicio había varios de ellos, de todos tipos, algunos eran muy lindos, pero otros si me producían miedo, por su tamaño y la agresividad que parecían tener. Aun así les llevaba algo de comer, igual que otras tantas personas.

A las seis de la mañana todos los días iba en bicicleta al parque, daba vueltas por una hora, junto con otras muchas personas que disfrutaban de hacer ejercicio al aire libre, algunos incluso paseaban a sus perros ahí, jamás habíamos tenido problemas, los perros callejeros solo nos observaban desde lejos mientras pasábamos.

Ese día en especial, no quisieron la comida que lleve, solo la olieron y se retiraron a sus escondites, pero algo se sentía diferente en el ambiente, parecía que nos observaban entre los árboles, que seguían nuestros pasos, no se escuchaban los comunes ladridos, parecían que no estuvieran por ahí, pero si se sentían.

En el silencio de pronto un perro café salta de entre la maleza atacando a un hombre por el cuello, cayendo muerto en un instante en un charco de sangre, entonces la manada salió de todas partes, más de cuarenta eran ellos, que atacaban a quien estuviera al alcance, mordiendo con furia, clavando sus grandes colmillos mientras movían la cabeza de un lado al otro para arrancar pedazos de carne a la gente que gritaba asustada intentando escapar aunque fuera a rastras, pero sin suerte, eran demasiados… de todos tamaños, sin importar cuán pequeños el enojo parecía superarlos.

Parecían contentos de haber cambiado su dieta, corrían a esconderse con pedazos de la gente que habían atacado… para mi fortuna ya que iba en bicicleta tuve más suerte que los que solo caminaban.

Manada

Fuente: Leyendasycuentosdeterror.com.mx

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