Los Pequeños Hombrecitos

Mi tía favorita cayó enferma unos días antes de que yo fuera a pasar mis vacaciones con ella, así que adelanté el viaje y la visité en el hospital de su pueblo, le ofrecí mi casa para recuperarse, pero mi prima había ya decidido llevarla a su casa, que estaba en la ciudad, muy cerca de la mía.

Pasaba a visitarla a diario, por las mañanas de camino al trabajo pasaba a dejarle el desayuno y por la tarde comíamos los tres juntos. A los pocos días la noté algo nerviosa, parecía que quería decirme algo, pero no podía hacerlo por la constante vigilancia de mi prima, así que al siguiente día llevé a mi esposa para que la distrajera mientras yo podía platicar con mi tía. El plan funcionó en cuanto las dos mujeres salieron de la habitación en la que yo me encontraba con mi viejita, ella me dijo –Mijito, sácame de aquí- por supuesto no necesite más que sus palabras y aprovechando el descuido de su hija, salí con ella por la puerta trasera y la subí al auto, cuando llamé a mi esposa, mi prima salió también, algo molesta y desesperada, me pedía que no me la llevara, hubo también unos golpes y reclamos, pero nada de eso me detuvo.

Camino a casa mi tía me dijo que la estaba pasando mal que esa casa en la que vivían tenía algo extraño, según sus palabras había muchos “animalitos” que se le subían encima, dormida o despierta, pero una vez que se quedó dormida en el sillón, se despertó porque le estaban brincando encima, la tenían rodeada, y aunque no tenía sus anteojos puestos, pudo ver que eran más chiquitos que un vaso y tenia tantos dietes filosos que le blanqueaban la boca. Le contaba a mi prima lo que pasaba y ella simplemente le decía que eran ratas.

No dude de sus palabras en ningún momento, así que al llegar a mi casa y dejarla bien instalada me regresé a ver qué pasaba en casa de su hija, me sorprendí mucho porque antes de tocar la puerta esta se abrió y mi prima venia empujando con la escoba decenas de pequeños hombrecitos, que se le subían por el cuerpo mientras reían y festejaban. Al dar una mirada dentro de la casa, puedo asegurar que había miles de ellos, la cara de mi prima lucia muy triste y con algo de decepción me dijo –Es que no quería estar sola con ellos, me dan algo de miedo-, todos soltaron la carcajada el mismo tiempo, se alborotaron un poco, brincaban de un lugar a otro, quebrando cosas, algunos de ellos me cayeron encima desde el techo, eran tantos que no podía sacudírmelos del cuerpo, menos cuando clavaban sus afilados dientes. En un instante nos echaron a los dos al piso y nos cargaron hasta un rincón, donde nos amenazaban con objetos puntiagudos que apenas podían cargar. Pasaron un par de horas, en las que solo podíamos escucharlos cuchichear sin entender nada y volteaban a vernos con una mirada maliciosa y traviesa.

Su cuchicheo se vio interrumpido por un maullido que entraba por la ventana, se armó un alboroto, corrían a esconderse, la puerta se abrió y una mujer acompañada de una decena de gatos los dejó entrar, los hombrecillos parecían tener alas, porque desaparecieron en un instante, los gatos los perseguían con gusto, haciendo destrozos al por mayor, alcanzaron a comerse a unos cuantos.

Mientras los gatos seguían buscando por los rincones, la mujer simplemente nos dijo que era la vecina de al lado, que todos habían tenido esa plaga desde que se mudaron, creyeron que se habían terminado todos con la llegada de los gatos, pero simplemente se habían ido a la casa donde aun no había.

Los Pequeños Hombrecitos

Conseguimos nuestros propios felinos, y esos hombrecitos se ven muy a lo largo, parece que siguen ahí, pero ahora tienen más precaución de salir.

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{ 2 comments… add one }
  • sonia febrero 4, 2016, 3:45 pm

    esta super padre la historia

  • Selena noviembre 24, 2015, 8:13 pm

    Me gusto la leyenda esta super

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