Leyenda del santuario de los endemoniados

Zorita del Maestrazgo, es una localidad que perteneció a la jurisdicción de Morella, su historia está llena de batallas, en las que perecieron cientos de soldados cortados a cuchillo o fusilados, también algunos sacerdotes fueron decapitados. Hoy en día es un bello lugar dedicado mayormente a las actividades del campo, el cual colinda con una montaña mágica dedicada al culto a la virgen, cuya visión aterra a algunos, por su atroz pasado. Se trata del “Santuario de Balma“, la capital de los rituales de exorcismo. Esta construcción enclavada en la piedra, deja caer su sombra sobre la ribera del rio Bergantes, además, encierra en sus cuevas y galeras, incontables historias de endemoniados.

El origen de la devoción se inicia en 1308, cuando un pastor tiene la visión de la virgen en el barranco. Para entonces ya existían noticias de Ritos de Exorcismos y visiones demoníacas en las cuevas de la zona. Tiene en su término tres ermitas, la primera dedicada a nuestra señora de la Balma. El culto a la virgen estuvo orientado a la curación, entonces el lugar se convirtió en centro de peregrinaciones para tratar enfermos y endemoniados, al principio bajo el manto del Sacerdote o el Clérigo de turno. Pero a finales del siglo XIX, los exorcismos quedaron a cargo de hechiceras, conocidas como las Caspolinas (por su procedencia de localidad de Caspe).

Allí acudían las gentes, de todo el país, buscando desesperado alivio a supuestas posesiones diabólicas. Todo aquello cuando la ciencia médica no alcanzaba para explicar o curar las enfermedades del ser humano, se hablaba entonces, de padecimientos contagiados por el Diablo, que solo Dios podría curar. Con este firme propósito acudían en masa, especialmente, los días 7,8 y 9 de septiembre, al único lugar donde podían sacudirse los males del demonio. Dando origen así al “Santuario de los endemoniados

Bajo el mando de las Caspolinas se celebraron siniestros rituales para librarse de las fuerzas demoniacas, cada vez se complicaron más, hasta convertirse tétricos espectáculos que las multitudes presenciaban con asombro. Las personas llegaban atadas con cadenas, gritando, dando nuestras de violencia, señal en esos tiempos absoluta de que estaban bajo el influjo del Diablo. Ahí esperaban las Caspolinas, siempre enfundadas en negro, cargando una mirada sombría, en sus rostros cadavéricos, estas mujeres sin escrúpulos, realizaban su trabajo con escasa delicadeza e higiene, solo les movía el impulso de conseguir dinero, ese del que se desprendían fácilmente los que estaban en situación desesperada.

Se recorrían tres eternos kilómetros de un camino que bien podría conducir al infierno, ya que muchos llegaban descalzos, y no podían evitar herirse en el accidentado suelo, dejando un rastro de sangre en cada pisada. Al llegar a la puerta de entrada, los posesos apenas tenían un segundo para beber en la fuente, tras la extenuante travesía; luego los subían por una escalera empedrada, agrietando aún más sus dañados pies. Les daban a beber agua bendita mezclada con tierra del suelo sagrado, para llevarlos a recorrer las galerías, entre pasajes tan pequeños que requerían agacharse, se encontraban también ante aquellos que estaban directamente en contacto con el vacío, temiendo en cada instante, caer directo al lecho del rio

En la puerta de la iglesia, se ataban los pulgares con lazos azules, según las hechiceras, el mal debía salir por las manos, pues si lo hacía por la boca o los ojos, los dejaría ciegos o mudos. Encerrados en la jaula de hierro, en la cual se tenía la imagen de la virgen, les daban nuevamente el brebaje; entre empujones, y cánticos invocando a la virgen, las brujas suplican que el Diablo desocupara aquel cuerpo.

El exorcizado perdía la poca consciencia, pues el único aire que dejaba escapar la multitud presente, era en verdad viciado, con un nauseabundo olor a vela vieja consumida. Al despertar de su desmayo, intentaba quitarse los nudos de los lugares, pero se encontraban tirados en el suelo, atados también fuertemente de sus pies, los cuales estando desnudos y heridos, los hacían retorcerse en cada jalón, realizando actos de contorción poco conocidos.

Cuando se liberaba al fin de sus ataduras, significaba entonces que el ritual de las hechiceras había servido, la obra de Dios estaba hecha a través de la virgen. Luego se despojaban de sus ropas, para arrojarlas y quemarlas en una caverna cercana, pues no debía quedar ningún rastro del mal que les aquejaba. Como toque final, se daba una jugosa donación, que iba aparar directo al bolsillo de las Caspolinas.

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Actualmente el santuario se encuentra remodelado, dedicado por completo a las visitas de oración o promoción turística, ha perdido mucho de su tétrico embrujo, sin embargo el hecho de estar horadado en la piedra, entre cuevas y pequeños espacios oscuros, le brindan aun un toque lúgubre al lugar, sobre todo por el silencio y la soledad del paraje. Al respecto se escuchan aun algunas breves historias de curaciones misteriosas, visiones extrañas, y numerosas psicofonías, que en su gran mayoría, recogen palabras de tormento, posiblemente, los residuos de los terribles acontecimientos que se dieron en aquel lugar, al fin de cuentas, puede que no sean personas gimiendo bajo el dominio de Satán, si no manifestando su dolor, ante aquellos a viles actos de, superstición y brutalidad.

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