Leyenda del sanatorio de la Atalaya

El periódico Lanza un miércoles 22 de abril de 1987, llamaba la atención con una insólita noticia en su titular: “Un policía, presunto autor de la muerte de dos jóvenes en La Atalaya”. El resto de la historia: el policía Isidro Mejías, disparó a la joven pareja formada por Maria del Mar y Alfredo Lozano, después del asesinato, se suicida. Manejaban las teorías de un supuesto crimen pasional, o la intensión previa de suicidio. Pero quedaron ambas descartadas casi de inmediato, el hombre se llevó a la tumba la razón de sus actos.

Actualmente solo hay una placa descansando en la zona del crimen, un lugar de por sí marcado por la tragedia, y reconocido como escenario de sucesos extraños, causantes de leyendas muy conocidas entre la gente de Ciudad Real. El sitio en cuestión es el Sanatorio de la Atalaya, ubicado en una colina en las afueras de la ciudad. Un edificio tenebroso, construido con la principal función de atender tuberculosos, pero que debido a la erradicación de esta enfermedad, se utilizó como hospital psiquiátrico infantil.

El inmueble resultaba muy grande para tan pocos huéspedes, teniendo que permanecer cerrada la segunda planta, así que fue necesario admitir también a los adultos, en la época de los ’80. Misma en que empieza a desarrollarse su leyenda, debido a las habladurías de la gente, que afirmaba escuchar gritos de los enfermos, relacionando esto de inmediato con situaciones de maltrato. Evento que lo llevó a quedarse sin pacientes y cerrar sus puertas de forma definitiva. Es justo mencionar que el lugar tuvo su prestigio. Su director, Conrado Carretero fue un hombre bueno y respetado por todos, las historias de abuso contra los aquejados jamás pudieron ser comprobadas, pero la gente tenía sus propias versiones, relacionadas con terribles acontecimientos en su interior.

Permaneció desde entonces abandonado, lleno de escombros, con el techo a punto de venirse abajo y por supuesto vándalizado, el lugar lucia en realidad terrible, agregando también el hecho de saber que siempre estuvo habitado por enfermos, algunos de los que probablemente murieron ahí, y tal como dice la “teoría de impregnación”, quedaron grabadas en sus paredes toda una gama de sensaciones no muy agradables que podrían manifestarse en cualquiera de sus oscuros y largos pasillos.

El sitio más impactante a decir de todos, es la capilla, donde se realizaban sesiones de ouija, y también las escalofriantes pintadas en los muros, como la de un niño, con la mano cortada, y chorreando sangre por su herida, además de aquellas que decían: “Aquí se mata a las 2.30“, “El que entra aquí no sale”. Al parecer, los sucesos extraños no solo se dan dentro del edificio, extendiéndose a sus alrededores, como la aparición de raras luces en el cielo, o perturbadoras neblinas que envuelven el lugar, estas impiden la visión y son a veces de colores. También se tiene constatada la visión de al menos un OVNI en agosto de 2004, con al menos cinco testigos y transmitida la noticia a traces de TVE.

Por supuesto que no podemos olvidar el fantasma de la curva, la chica de la curva, o la mujer de blanco, esa chica autostopista que aparece alzando el dedo en mitad de la noche, pidiendo al primero que pare, que la lleve a la ciudad. Para decirle en el trayecto: “Tenga cuidado, en esa curva me maté yo…”. Aunque para estos casos resulta mejor llamarla “La dama de la Atalaya“, ya que se sitúa en la curva que hay justo a la entrada del antiguo sanatorio. De esta figura semitransparente, en camisón se dice que se trata de un antiguo paciente del psiquiátrico, que en una de sus crisis se lanzó por la ventana.

Leyenda Atalaya

Actualmente el lugar ha sido demolido, por el peligro que representaba, no solamente por las manifestaciones paranormales en las que se involucró, si no por el hecho de ser una construcción bastante deteriorada.

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  • Anónimo/a Julio 7, 2014, 4:32 pm

    Creo que es cierto, porque un amigo mío me dijo que vio a la chica, no la recogió porque iba en moto y con su amigo detrás, es decir, NO había sitio para ella. Mi amigo sobrevivió porque no llovía ni había niebla (era de noche, las 11 o 12 p.m.)

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