Leyenda del Quinto Sol

La leyenda del quinto sol narra acontecimientos que supuestamente ocurrieran antes de la aparición de los hombres sobre la Tierra. El espacio histórico en el que nos ubicaremos durante el relato de hoy será la región conocida como Teotihuacán.

Cuentan los ancianos que antes de que se llevaran a cabo los acontecimientos que desencadenaron las posteriores crónicas de la leyenda del quinto sol, los dioses habían intentado crear al “Astro Rey” con anterioridad sin conseguirlo. El motivo que éstos tenían para conformar ese elemento, era simple y llanamente porque el mundo le hacía falta luz.

Luego de una larga deliberación, decidieron que se reunirían en la ciudad de Teotihuacán para discutir cuál sería la mejor forma de inventar un Sol. Uno de los que ahí estaba, sugirió que además de eso deberían crear algo que se complementara, pues de otro modo no existiría un equilibrio exacto. Todos estuvieron de acuerdo en esta brillante idea y bautizaron a su compañero como Luna.

Quetzalcoatl tomó la palabra e invitó a sus compañeros a que cada uno se presentara de manera individual

¿Quiénes fueron los artífices que formaron el Quinto Sol?

El primero por obvias razones, fue Quetzalcoatl, dios de la la fertilidad y símbolo inequívoco de la cultura mexicana. Si no me crees, te invito a encontrar más leyendas prehispánicas sobre los asentamientos que hubo en Mesoamérica.

Pero volvamos a la historia, el segundo en presentarse fue Huitzilopochtli, el dios de la guerra. Después le tocó el turno a Tezcatlipoca, la deidad que quita y da tristeza a todo ser viviente.

Xipe Tótec hizo su aparición en quinto y último lugar diciendo que su tarea en la tierra era vigilar que la flora se renueve siempre en el mismo periodo.

Cuando concluyeron las presentaciones, Quetzalcoatl les preguntó sin vacilar:

– ¿A quién proponen ustedes para qué se sacrifique y así se forme el Quinto Sol?

A lo que Huitzilopochtli, respondió rápidamente: No creo que mi propio sacrificio ni el de uno solo de los presentes sea eficiente como para darle la energía necesaria.

La discución seguía, más de pronto fue interrumpida cuando hizo su arribo Tecuciztecatl quien dijo: Yo acepto con gusto ofrecer mi vida, como un gesto de nobleza. No hay otro Dios que merezca el privilegio de alumbrar los cielos.

– Muy bien, entonces ya encontramos al Sol. Pero aún nos falta la Luna. Exclamó otro de los asistentes.

Los dioses se miraban unos a otros, pero nadie se decidía a levantar la mano hasta que Nanahuatzin dio un paso al frente y mencionó: Acepto este mandato divino, aunque quiero dejar en claro que no me considero un ser puro, como sí lo es Tecuciztecatl.

Se preparó todo para la ceremonia sagrada y hasta se dispusieron los sitios en donde se construirían las pirámides que representarían a cada uno de los nuevos elementos.

Justo en el centro de Teotihuacán se colocó una enorme hoguera, misma que esperaba a los elegidos.

– Tecuciztecatl tú serás el primero en ser abrasado por las llamas de la luz. Profirió Huitzilopochtli.

Sin embargo, la debilidad permaneció unos momentos contemplando el fuego y prefirió dar un paso hacia atrás.

– Ahora te toca a ti Nanahuatzin. Éste se armó de valor y atravesó la hoguera hasta que su cuerpo terrenal fue consumido por las llamas.

Después su espíritu se elevó a los cielos y así nació el Quinto Sol. En contraste, la cobardía de Tecuciztecatl fue castigada por el dios del viento transformándolo en la Luna.

Leyenda del Quinto Sol

Como se puede apreciar, las leyendas en bastantes ocasiones nos dejan una importante enseñanza. La valentía no se demuestra con dichos sino con hechos.

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