Leyenda corta mi primer encuentro espectral

Desde muy niño me aficioné a entrar en contacto con las leyendas de terror, pues en el lugar en donde vivíamos acostumbraban pasar por la televisión películas de miedo durante los fines de semana.

Mi género favorito era el de fantasmas, pues las locaciones donde estos aparecían me sonaban fascinantes. Por ejemplo, una torre abandonada, un cementerio viejo o inclusive en catacumbas inexploradas. No obstante, jamás se cruzó por mis pensamientos que en mi propio hogar, me encontraría cara a cara con un horrendo espectro.

Una de esas noches en las que me quedo trabajando en el estudio hasta altas horas, me pareció oír una serie de voces que provenían de la cocina. Imagine que serían mis hermanos, a quienes les gusta comer un bocadillo nocturno.

Sin embargo, me ganó la curiosidad y fui a ver personalmente de qué se trataba. Como mi habitación es la última del pasillo, pasé al lado de los cuartos de mis hermanos, únicamente para ver que estaban profundamente dormidos. Llegué a la cocina y encendí la luz, no había nadie. Abrí el refrigerador y serví un poco de leche. Empecé a beberla y en eso sentí la presencia de alguien a mis espaldas. Giré la cabeza y un viento gélido me heló el pecho.

La siguiente noche fue peor aún, ya que escuchaba alaridos en distintas partes de la propiedad. Lo extraño es que nadie más en mi familia parecía percibir estas ondas extrasensoriales. Otro día sentí que alguien me estaba tocando la cara, mientras me encontraba reposando en mi cama. Encendí la luz del buró e inmediatamente después del golpe en la cabecera, pues un gato negro con ojos llameantes era quien me estaba acariciando.

Un amigo me recomendó que fuera a ver a una bruja, ya que escuchó el miedo en mi voz mientras charlaba con él. La hechicera me aconsejó que me fuera a vivir a otro lugar, pues quizás los espectros estaban planeando algo siniestro para mí.

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