Leyenda de las catacumbas de los Capuchinos en Palermo

Para los amantes de los lugares escalofriantes, hablaremos hoy de un sitio bajo tierra en el cual más de 8.000 cadáveres vestidos con sus mejores galas, se encuentran en hileras, de pie, tumbados o colgados mirándote pasar. Todo esto reunido en uno de los museos más singulares del mundo: “Las catacumbas de los Capuchinos“, situadas bajo el homónimo convento en Via Cappuccini, en las afueras de Palermo, Sicilia (Italia).

Las catacumbas datan de 1599 cuando los frailes comenzaron a cavar bajo el altar mayor de la iglesia, para mover los cadáveres de los miembros de su orden a un nuevo lugar de descanso, ya que el sitio donde se encontraban resultaba insuficiente y además sería acondicionado como hospital.

Durante este traslado llamó la atención el buen estado de conservación de los cuerpos, ya que parecía que apenas llevaban un par de días muertos; se afirmaba que esto se debía a las técnicas de embalsamado de los frailes, o al cuidado que ellos tenían con los occisos, pero algunas personas, siempre pensaron que había algo más.

No obstante, muchos particulares quisieron ser enterrados en las mismas condiciones y fue hasta principios del siglo XVII, que un Decreto de la Santa Sede, concedió permiso a los capuchinos para aceptar a extraños de la Orden que pudieran cubrir el costoso proceso de momificación que manejaban, cumpliendo así el deseo de los fieles de reposar cerca de las reliquias de los santos.

Los cuerpos se colocaron directamente en nichos excavados en las paredes, siguiendo la costumbre de los monjes, y pronto los muros se llenaron de distintos tipos de difuntos, a los cuales se les colocaba en un baño de arsénico o de cal para su conservación, en otras ocasiones se deshidrataban dejándolos por los pasillos en pequeñas celdas llamadas “coladores”; ahí se secaban por ocho meses, después se sacaban para lavarlos lavados con vinagre antes de llevarlos a su lugar de descanso.

De 1866 a 1897, los capuchinos fueron expulsados y las catacumbas quedaron bajo la custodia del Ayuntamiento de Palermo. En esta etapa, los cuerpos se deterioraron bastante, perdieron extremidades y marcaron horribles muecas en sus rostros, pero los monjes se encargaron de restaurarlos en medida de lo posible. Mucho tiempo después, durante la Segunda Guerra Mundial hubo daños en algunos cadáveres, causados por el incendio de algunas bóvedas, y el saqueo de los soldados estadounidenses los dejó sin sus ojos de cristal. Pero a pesar de todo esto, hoy se exhiben en hileras clasificados en Hombres, Mujeres, Niños, Vírgenes, Monjes y Profesionales. En el pasillo de los profesionales hay jueces, profesores, militares.

Siendo el área de mujeres y niños, la que causa mayor escalofrió entre los lugareños, pues comentaron que después de las doce de la noche, las momias de estas secciones cobraban vida, según sus testimonios han visto el espectro de una mujer embarazada corriendo alrededor de una cripta, con un bebé ensangrentado en brazos.

La historia Rosalía Lombardo, la más famosa sobre estas catacumbas, también está relacionada a las áreas mencionadas, pues la niña que fue depositada en la cripta en 1920, parece que solamente está dormida, debido a su sorprendente estado de conservación. Sin embargo los cuidadores de las instalaciones afirman que no es así, porque la han visto jugar en solitario por los oscuros pasillos de las catacumbas, se habla incluso de un turista curioso, que la vio llorando en una de las galerías.

Leyenda de las catacumbas

Hasta aquí todo es historia, pero si quieres comprobar por ti mismo todo lo dicho, las puertas de las catacumbas están abiertas mañana y tarde para que las visites.

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