Las bóvedas del puente sur de Edimburgo

Edimburgo, Escocia, lugar de hermosos parques, jardines, edificios notables, y un maravilloso castillo, se ha visto marcado por gran cantidad de leyendas fantasmagóricas. Una de ellas nace en una compleja red de bóvedas y pasajes subterráneos, conocidas como las Bóvedas Edimburgo, debajo del puente sur de la ciudad.

Edificio construido en 1788, 19 arcos de piedra, llenos de cámaras, que originalmente estaban destinadas al almacenamiento para los comerciantes de la zona. Fueron abandonadas tras las inundaciones, y finalmente, las bóvedas entre sus arcos sirvieron de refugio y vivienda a la población más pobre de Escocia.

En tiempos medievales, los arcos fueron sellados por temor a una invasión militar. Provocando condiciones muy indeseables, sin luz ni ventilación y con saneamiento deficiente, se convirtió en el rincón perfecto para actividades ilícitas y criminales de la talla de Burke y Hare (Asesinos seriales).

Después de la hambruna Irlandesa, muchos irlandeses emigraron en búsqueda de una mejor vida. Debido a su extrema pobreza se instalaron en estas bóvedas y comenzó a predominar un ambiente decadente rodeado por prostitución, borrachos, apuestas, peleas y asesinatos.

A principios del siglo 20 se clausuraron las bóvedas buscando erradicar el lado oscuro de la ciudad. Tras permanecer abandonadas largo tiempo. Fueron redescubiertas en 1988, por un terrateniente local, comenzando así su recuperación en la cual los fantasmas residentes empezaron a resurgir.

Hoy en día, se pueden conocer estas bóvedas en un tour bajo la tierra, en la oscuridad, iluminado sólo por velas encendidas, con un guía narrando cuentos de asesinato.

Se dice que las bóvedas están pobladas por fantasmas de niños pequeños, inundadas de risas infantiles y que muchos adultos cuentan que en el recorrido; una pequeña mano se entrelaza en las de ellos. Jack, un niño vestido con atuendos del siglo 18 que aparentemente murió durante la construcción del puente es también una aparición frecuente.

Leyendas bovedas de edimburgo

Pero el espíritu más siniestro es el “Señor Botas”, apodado así por llevar siempre botas a la altura de las rodillas y un camisón blanco; es un sujeto desaliñado y sin rasurar con mal aliento.

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