La niña del escondite

Esa noche había quedado con mis amigos para salir a divertirnos, decidimos ir todos en el mismo coche para no desperdiciar ni un solo segundo de fiesta. Estábamos algo apretados, pero eso a final de cuentas no importaba mucho.

Reímos casi todo el camino, las bromas eran muy buenas, solo hubo unos minutos de silencio en los cuales tuve tiempo de mirar por la ventana; íbamos demasiado rápido y apenas podía distinguir las cosas fuera del vehículo, así que le pedí al conductor que bajara la velocidad, en el momento que lo hizo, alcancé a ver el rostro de una niña plasmado en el cristal, de inmediato me di explicaciones a mí mismo, diciendo que no era más que una juego de luces o algo parecido; pero me quedé con una sensación extraña.

Cuando llegamos al club, no había manera de entrar, algo sucedió dentro y estaba lleno de policías, así que el plan alternativo fue aceptado de inmediato. Esa noche había juego de béisbol en el parque de la comunidad y nos fuimos para allá. Ahí nos encontramos con algunos conocidos entre ellos muchas chicas, cuando la gente empezó a marcharse, mis amigos fueron por unas pizzas y nos quedamos todos ahí a comerlas.

Era evidente que la estábamos pasando bien, no queríamos marcharnos, así que alguien sugirió jugar al escondite. Lo cual pareció una muy buena idea para muchos de nosotros, porque el terreno era grande y lleno de árboles, además la noche se tornaba muy tétrica, oportunidad perfecta para jugarnos pasadas.

En una de tantas que me tocó esconderme, quedé solo, nadie se ocultó a mi alrededor, y de pronto en silencio se me hizo demasiado, no podía escuchar a quien contaba, tampoco que nos buscara. Y tuve un poco de nervios, sobre todo porque me sentía acompañado. Volteaba hacia todos lados, pero estaba solo, completamente solo.

Me pareció mucho tiempo el que estuve escondido, así que me rendí, yo mismo iba a entregarme, pero escuche unos suaves pasos detrás de mí. Me di la vuelta y la vi, —¿Yo también puedo jugar? —preguntó la niña del cristal, mi sangre estaba helada por completo y no me permitía pensar, ella me vio fijamente agregando: — Si voy siempre donde tú vas… ya es hora de que me hagas caso —.

cuentos de terror niña

Hasta el día de hoy no he podido olvidar esas palabras, sobre todo porque desde que sé que existe, me ha sido imposible dejar de notarla. Ella dijo la verdad, siempre va conmino

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  • michael septiembre 12, 2017, 6:53 pm

    muy buena historia tetrica

  • Sheila diciembre 26, 2016, 6:57 am

    Dios mola mucho

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