La Mujer de Blanco

Alberto adoraba su vida en el campo, se levantaba muy temprano en la madrugada para encaminarse a las siembras, regaba varias parcelas y regresaba  a casa después de medio día, su esposa lo esperaba con gusto y lo atendía de maravilla. Más tarde junto a sus hijos cuidaban de los animales de granja que tenían en su propiedad. Su vida era tranquila, pero llena de felicidad, no le hacía falta nada.

Una de tantas madrugadas camino a su trabajo vio de reojo una figura blanca entre las siembras, pero al poner más atención aquello ya no estaba. Esa noche le contó a su familia lo sucedido durante la cena, después de reír un rato concluyeron que se había quedado dormido y debía tener más cuidado al conducir así, pues aunque era el único en esos caminos, podría tener un accidente.

La figura se hizo visible durante una semana, pero Alberto la ignoró. Pareció entonces provocar un descontento porque la aparición se presento un día junto al camino, dejándole ver que era una mujer vestida de blanco y extendió sus manos.

Algo preocupado por lo sucedido, pidió a su hijo mayor Roberto que lo acompañara pues así saldrían de dudas si era alucinación o algo realmente estaba pasando. Iban los dos fijando su vista en el campo esperando que algo apareciera, pero para sus sorpresa al volver la vista al camino la mujer de blanco estaba parada justo frente a ellos, Roberto frenó al instante, pero el carro derrapando la atravesó como si se tratara de una suave brisa que marcó sus manos en el parabrisas, terminando sentada entre ellos apuntando hacia el canal cruzando el campo.

Los dos hombres asustados comprendieron el mensaje, dirigieron su auto hacia el canal, pero antes de poder llegar vieron una maleta abierta y con la ropa regada alrededor.

Bajaron del auto y empezaron a buscar, cuando creyeron no tener suerte, un suave viento sopló levantando una tela blanca, que lentamente se deslizó hasta el respiradero del canal, un pequeño agujero a un lado de la compuerta, tomaron un palo cercano para buscar dentro del respiradero, en el primer intento se clavó en algo un poco aguado,  un cuerpo desmembrado y desbaratándose salió a flote poco a poco.

La Mujer de Blanco

Cuando sacaron todos los pedazos, la mujer de blanco se miró a si misma muerta y desmembrada, con expresión de tristeza le dijo a los hombres gracias y desapareció en el viento.

Fuente: Leyendasycuentosdeterror.com.mx

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