La leyenda del tótem indio

A César le gustaba entrar a las subastas de productos antiguos, pues de vez en cuando encontraba alguna que otra “ganga”. En una ocasión, estaban exhibiendo un viejo tótem de piedra con la figura de lo que parecía ser un jefe indio. Al ver que nadie pujaba por dicho objeto, nuestro hombre ofreció la ínfima cantidad de $200 y con ello consiguió llevárselo a casa.

Al llegar a su hogar, lo primero que hizo fue dirigirse a donde estaba una de sus hijas y le comento: – Mira mi nueva adquisición. ¿No es maravillosa?

La muchacha no quiso herir los sentimientos de su padre, pero en su interior pensaba que aquello era lo más horrible que había visto en mucho tiempo. Se limitó a asentir con la cabeza. Y es que no sólo era feo, sino que provocaba terror al mirar a la figurilla directamente a los ojos.

Pronto se hizo de noche y los miembros de esa casa se dirigieron a sus aposentos. La chica empezó a dar vueltas en la cama, sin poder conciliar el sueño. Cuando por fin lo logró, comenzó a soñar que su alma se desprendía de su cuerpo y comenzaba a viajar a un lugar distante, pero que al mismo tiempo ya conocía. En un principio, todo lo que veía era bellísimo, lagos de aguas cristalinas y prados más verdes que las esmeraldas.

Sin embargo, la vista se transformó en algo desolador, lleno de árboles marchitos, criaturas extrañas y sobre todo un aroma a azufre que inundaba el ambiente. Luego la joven puso sus pies sobre el suelo y vio que estaba en medio de una ceremonia en donde estaban a punto de hacer un sacrificio humano.

Horrorizada vio que la víctima no era otro más que su padre, a quien el hombre del tótem le arrancó el corazón. A la mañana siguiente, la chica fuera platicarle a éste lo sucedido y se sorprendió al saber que él había tenido el mismo sueño. Sin miramientos el hombre tomó la figura y la destrozó con la ayuda de un martillo. Después se enteró de que la estatuilla estaba maldita y que de no haberla destruido él y su familia hubieran terminado en el limbo.

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