La leyenda del Casino Fleming

Los casinos han existido desde hace muchísimos siglos, sólo que antaño no se les conocía con ese nombre, sino simplemente como casas de esparcimiento y diversión en las que las personas de la alta sociedad podían distraerse y jugar hasta altas horas de la noche. Con el paso del tiempo y la proliferación de leyes que legalizaban el juego, se empezaron a formar leyendas de terror acerca de lo que ocurría al interior de estos lugares.

De hecho, hay muchos apostadores famosos que han perecido a causa de sus apuestas en los casinos, pero no hablaremos de ellos ahora. Vamos a centrarnos en las historias de terror de Hugo Fleming, un hombre que fue perseguido por la desgracia después de que puso en funcionamiento su negocio.

Hugo provenía de una familia acomodada que había hecho su fortuna gracias a negocios ilegales y apuestas en carreras de caballos. Su padre le había hecho varios “favores” a la mafia de la ciudad, por lo cual sus allegados gozaban de protección.

Fleming desde muy joven pasaba las noches jugando a las cartas. Había ocasiones en las que ganaba muchísima plata, mientras que otras salía de aquellos locales, prácticamente debiendo hasta “la camisa”.

Rápido se dio cuenta de que el negocio de los juegos de azar le dejaría mucho dinero, por lo que persuadió a su padre de que le prestara unos cuantos miles para abrir un negocio. Éste aceptó gustoso, ya que su hijo le prometió que le daría el 60% de las ganancias obtenidas durante el primer año.

La fachada de aquel edificio era luminosa y exuberante. Sus paredes estaban tapizadas de luces centelleantes. En el interior, las mesas de apuestas y las tragamonedas inundaban cada rincón.

Las personas llegaban y pasaban horas y horas disfrutando de todo lo que el casino Fleming les ofrecía. Hasta que en una ocasión, los gritos de terror de una mujer llenaron el salón por completo.

– ¡Han matado al tallador!

En efecto, uno de los repartidores de cartas yacía tumbado sobre su mesa, con una gran herida en el pecho. Los gendarmes llevaron a cabo sus investigaciones y determinaron que esa persona había sido apuñalada.

Sin embargo, no se encontró el arma, ni a un sospechoso. Hugo Fleming pagó un soborno a las autoridades para que le permitieran seguir operando, aún y cuando el periodo de investigación no había concluido.

Se dice que uno de los policías le advirtió al señor Fleming:

– Le sugiero que cierre este lugar. Yo trabajé en un casino en mi ciudad natal y sucedió algo similar. Después de un corto tiempo, el dueño de aquel local se volvió loco y acabó en un manicomio.

Pese a eso, Hugo siguió con su vida normal, hasta que en el establecimiento las leyendas de terror, no cesaron de crearse. Algunos decían que de una de las ruletas salía mucha sangre cuando el reloj marcaba las 12 de la noche, otros aseguraban escuchar lamentos en la mesa donde el tallador había muerto.

Para no extenderme demasiado, sólo diré que luego de exactamente 12 meses, la clientela del casino Fleming alcanzó su nivel más bajo, obligando a Hugo rematar el lugar.

Lo último que se supo de este hombre fue que se arrojó a las vías del tren, debido a que su mente no lo dejaba en paz.

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