Infectados

Había una incontenible alegría en el pueblo porque una empresa Canadiense encontró oro en la región, venían hombres de traje en lujosos autos, ofreciéndole a la gente millones de pesos por sus propiedades, para los que no tenían la suerte de contar con uno de los predios afortunados, habría trabajo por más de 15 años explotando las minas. Después de haber pasado décadas tratando de vivir del campo sin resultados, era la mejor noticia que habían recibido.

Con su sueldo Pepe no hizo más que gastárselo en la cantina, llegando a su casa casi al amanecer, solo tomó un baño y se fue al trabajo, con toda la pesadez de la noche de fiesta se quedó dormido mientras manejaba la excavadora, tumbó unos botes metálicos que se suponía tenían combustible para la maquinaria, pero al romperlos se dio cuenta que salía de ellos un gas, asustado por el accidente causado, Pepe huyó dejando que los botes cayeran por el túnel regando el gas.

De inmediato empezaron los trabajadores a caer al suelo, todo el cuerpo les temblaba, echaban espuma por su boca, y caían desmayados. Cuando el equipo de rescate llegó todos se había incorporado ya, parecían solo haber conservado una leve tos. Los movieron a un campamento temporal para tenerlos en cuarentena. Poca gente pudo entender la razón de tal decisión así que se pusieron inquietos. Sin dejarlos comunicarse con sus familias, Álvaro huyó del campamento, al llegar a su casa, su mujer lo recibió muy contenta, y le preparó la cena, porque no le habían permitido comer por días.

Cuando se disponía a comer, un fuerte dolor de estomago lo tiró al suelo, mientras se retorcía la tos se llenó de sangre, y empezó a palidecer, pareciera que algo lo chupaba desde dentro llevándose de él todo el color. La esposa asustada había ido por el doctor, pero al llegar no pudieron encontrarlo, el hombre había salido corriendo, mientras en el campamentos, la mayoría comenzaba a sufrir los mismos síntomas, su fuerza había aumentado de forma desmedida y aunque tenían un equipo de seguridad para protección de los médicos, no se dio abasto, los hombres infectados los tomaban entre sus manos partiéndolos en dos como ramas viejas, o arrancando sus extremidades de un solo jalón. No estaban en sus cinco sentidos, la desesperación se había hecho presa de ellos, y con esa nueva fuerza de la que eran dueños, fue muy fácil acabar con quien se les pusiera enfrente.

Entre una lluvia de balas eran pocos los que caían, la mayoría resistía aumentando su furia al doble, acabada la gente, destruían todo a su alrededor, sus caras se había deformado,  las facciones resaltaban como si estuvieran hinchados, y con tanta furia las venas del cuerpo duplicaban su tamaño. Viéndose a través de la piel como si tuviesen vida propia.

Con el corazón acelerado algunos de ellos caían simplemente fulminados por un infarto, y algunos otros se agitaban mas hasta el punto de hacer explotar sus venas y morir desangrados con chorros a presión que expulsaban la sangre en segundos…

Infectados

La famosa empresa Canadiense de Mineros, era en realidad un laboratorio de armas biológicas encubierto.

Fuente: Leyendasycuentosdeterror.com.mx

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