Fuego en los dormitorios

Un día uno de mis mejores amigos me invitó a pasar la noche en su casa. La razón no era otra que ver las seis películas de la guerra de las galaxias una seguida de la otra.

Llegué con todo lo necesario a su domicilio para pasármela de maravilla (palomitas de maíz, refrescos, dulces etcétera). Sin embargo, en muy poco tiempo se nos acabó la diversión, ya que justo al terminar la primera cinta hubo una falla eléctrica en toda la colonia y de acuerdo con los reportes de la Compañía de luz, la energía no regresaría hasta la mañana siguiente.

Me fui a acostar al cuarto de mi amigo un poco desilusionado. No bien me había dormido cuando un viento helado me despertó. Abrí los ojos y pude ver a una anciana, llevaba puesto un abrigo de piel.

Se me acercó y me susurró al oído:

– Corre, la casa se está incendiando.

Me levanté asustado y salí corriendo, más ni en el corredor ni en la parte de abajo se veía ningún signo de fuego. Lo que sí se podía sentir era un calor abrasador. Salí por la puerta trasera, sin acordarme de mi amigo ni de sus familiares.

Fue entonces cuando se escuchó un estallido y pude observar como gran parte de la construcción volaba por los aires. No hubo más sobrevivientes. Al día siguiente salió en el periódico esta historia. En ese mismo artículo aparecía una foto de la mujer que me había salvado la vida, según la crónica, se trataba de la antigua dueña de la casa, ya para ese entonces fallecido. Lo que llamó mi atención fue que de acuerdo con lo redactado por el periodista, a dicha mujer la habían despojado de su hogar ilegalmente hacía ya cinco años, las personas que fallecieron en el siniestro.

Fuego en los dormitorios

La piel se me puso de gallina y me di cuenta que las historias de terror suceden a veces sin darnos cuenta.

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