El roba chicos

En la provincia donde vivo, todavía se escucha frecuentemente a pregoneros pasando por la calle ofreciendo dinero por mercancía vieja o dañada. La frase que más utilizan es algo similar a esta: “Se compran colchones, tambores, estufas, lavadoras, microondas o algo de fierro viejo que vendan”.

Desde luego, hay quienes también compran ropa y otro tipo de artículos. Sin embargo, hace aproximadamente unos 50 años, se usaba la profesión de estos señores para infringir temor en los más pequeños de la casa.

Digo esto, porque las madres de aquella época les decían a los niños que se portaban mal: “Si no mejoras tu conducta, le voy a llamar al hombre del costal para que te lleve a su casa”.

Ésa al igual que otras leyendas infantiles fue modificándose conforme a las necesidades de la gente. Por ejemplo, cuando las pequeñas poblaciones comenzaron a crecer, debido al proceso de la implementación de nuevos procesos industriales, las madres necesitaban un nuevo método para mantener a sus hijos a salvo de cualquier peligro.

Es así como surgió el concepto de “El roba chicos”, un hombre que al igual que los comerciantes a los cuales hacíamos referencia en los párrafos anteriores, usaba un gran costal de tela en el cual introducía a los niños alejándolos de su familia para siempre.

Probablemente esta imagen colectiva se formó dado el hecho de que en las zonas carentes de protección policiaca, había hombres y mujeres que se dedicaban al robo de infantes.

Las razones para cometer esos delitos eran varias. Siendo las más preponderantes; la obtención de dinero y en casos extremos (en la actualidad por supuesto) hasta podríamos hablar de la venta de órganos. Aún y cuando esto último haya sido minimizado por la radio y la televisión.

El roba chicos

La verdad es que las leyendas invariablemente incluyen cosas que han sucedido o que por lo menos podrían ocurrir en la realidad. Por eso, conviene de vez en cuando hacer una revisión de las historias que nos han dejado nuestros ancestros.

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