El presentimiento

Olga y Manuel apenas tenían tres meses de vivir juntos. Sin embargo, en ese poco tiempo ya se habían peleado más de 20 veces. Los motivos de las disputas eran muy simples. Por ejemplo: “Otra vez no lavaste la ropa, ¿porque llegaste a esta hora? Etc.”

Un día que Manuel llegó a casa temprano del trabajo, vio como Olga estaba recostada en el sillón leyendo una revista de modas.

Manuel – ¿Qué haces aquí Olga, apenas son las seis de la tarde?

Olga – Ayer me despidieron del trabajo.

Manuel – ¿Cómo está ese asunto? Ayer que estábamos cenando no me mencionaste nada.

Olga – ¿Para qué? Si tú nunca escuchas absolutamente nada de lo que yo te digo.

Manuel – Eso no es cierto, pero hoy no quiero discutir contigo. Así que mejor olvidemos ese asunto y sigue tú con tus cosas, que yo tengo otras actividades planeadas para la noche.

Olga – ¿Piensas salir?

Manuel – Sí, de hecho ya te lo había dicho desde el lunes en la noche. Me invitaron los muchachos de la oficina a tomar unos tragos.

Olga – Para tus amistades siempre tienes tiempo. Seguramente te vas a reunir con alguna de tus compañeras del trabajo. Mas no me importa, estoy harta de sentir celos por ti. Es más he pensado en llamar a mis padres y disculparme con ellos para ver si me dejan volver a mi casa.

Manuel – No cabe duda que las tardes lluviosas te ponen muy melancólica. ¿Quieres que te recuerde la razón por la cual estás aquí conmigo?

Olga – Pues porque a pesar de todo te quiero.

Manuel – No, no solamente es por eso. El principal motivo por el cual decidiste mudarte a mi apartamento es que ya no soportabas las constantes peleas con tus padres. E irónicamente ahora peleamos casi a diario. Pienso que tú eres la del problema y no ellos.

Olga – Me voy a ir Manuel. Te pido que no me busques, ya que si cruzo esa puerta, no me volverás a ver jamás. Salvo cuando vayas hasta mi sepulcro a pedirme perdón.

Manuel – No por favor Olga, no te pongas así. Perdóname, si quieres podemos ir a cenar hoy en la noche. Canceló mi cita con mis amigos y ya está.

Olga – No deseo salir contigo ni a la puerta del edificio.

Pocos minutos después, sonó el teléfono de la joven. Ella atendió la llamada y tanto su voz como su semblante cambiaron radicalmente.

Manuel – ¿Quién era?

Olga – Una amiga. Me dijo que si podía ir a tomar un café con ella.

Manuel – ¿Cuál de tus amigas?

Olga – ¿Quién es el verdadero celoso? Mejor me voy, no quiero empezar una nueva pelea.

Olga salió del departamento y bajó rápidamente las escaleras. Mientras tanto Manuel se asomó por la ventana para ver si lograba observar con quien se iba su novia. Alcanzó a divisar a un hombre alto y delgado que se encontraba recargado en un poste en la otra esquina.

Luego de eso, Manuel salió de su casa como loco, pues pensó que Olga había planeado todo para así poder salir con su amante.

En la puerta del edificio, Manuel gritó:

Manuel – Ya sé que te vas a ir con tu amante.

Olga, quien iba cruzando la calle, giró la cabeza y quiso responder algo pero en ese momento su cuerpo fue impactado fuertemente por un automóvil. Por cierto, para esos instantes el sujeto del poste ya había desaparecido).

Manuel miró perplejo como su novia caía en el pavimento. El hombre del carro se bajó velozmente tratando de socorrer a la joven, pero todo fue en vano. Olga falleció camino al hospital.

El presentimiento

Las palabras que instantes antes la chica había pronunciado, no fueron otra cosa que un presentimiento.

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