El Padre Raúl

El pueblo de La Rosilla estaba muy triste por la reciente muerte del Padre Raúl, el párroco de la iglesia por más de cuarenta años, era muy querido en la localidad y prácticamente conocía la vida de todos los habitantes del pueblo, pues los había visto crecer a todos ellos. Muchos habían sido sus monaguillos en alguna ocasión y le tenían mucho respeto.

Lloraban aun su muerte, pues había sucedido hacia apenas dos días, murió en su cama, de un infarto, según decía el médico. Algunas personas aun no daban crédito del hecho, pues él era muy sano, a pesar de su edad “se echaba su cascarita” con los muchachos y andaba siempre activo reparando la iglesia, que era tan vieja como él y ya empezaba a sentir el tiempo.

No habían podido sepultarlo porque el nuevo Padre no llegaba a dar la misa, pero pasaban a dejarle veladoras en la iglesia.

Roció una señora mayor que le llevaba comida a diario como hacían otras personas del pueblo le dijo a su nieto que estaba lista la cena del Padre, que se la llevara a la iglesia, tras la desconfianza del niño por saberlo muerto, la abuela le explicó que era una tradición, entonces el chiquillo partió hasta la Iglesia, sin instrucciones precisas entró como siempre hasta la habitación del Padre, donde lo vio recostado en la cama, -Pasa hijo ya me moría de hambre, pensé que tu abuela me había olvidado- el niño soltó el plato y con el susto en la cara corrió hasta su casa donde le platicó a la abuela todo lo que pasó.

Al siguiente día reunió la señora a todos en la plaza diciéndoles que era urgente darle Santa Sepultura al Padre pues si no su alma no podría descansar. Todos estuvieron de acuerdo, y fueron por el Padre del pueblo vecino para que los ayudara y ese mismo día lo sepultaron después de la misa.

El niño no quiso llevar más la comida a la Iglesia, así que la abuela lo hizo, estaba a punto de ponerla en la puerta cuando esta rechinó, abriéndose lentamente, dejando ver una sotana entre la abertura, antes de poder levantarse sintió que alguien la tocaba en la cabeza y le decía –Aun no puedo descansar, encuentra la razón hija-.

El Padre Raúl

Después de alborotar al pueblo por tal aparición trajeron gente de la capital para investigar la muerte, concluyeron que alguien lo había envenenado, pero hasta la fecha no se ha encontrado culpable y el Padre sigue pidiendo a cualquier visitante que lo ayude a descansar.

Fuente: Leyendasycuentosdeterror.com.mx

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