El Mendigo de Navidad

Era el día 25 de diciembre, mientras la mayoría de las familias del pequeño pueblo disfrutaban del recalentado, acompañando todo con una buena taza de café o chocolate caliente porque el clima era demasiado frio. Las calles estaban solitarias, pues era costumbre muy arraigada reunirse en la casa de la matriarca. A excepción de un pobre anciano, que con sus ropas gastadas y roídas caminaba a paso lento por las calles. Su caminar era muy trabajoso al parecer, pues arrastraba uno de sus pies mientras se ayudaba con un palo que usaba de bastón.

Iba tocando de puerta en puerta, pidiendo un poco de ayuda, tal vez comida, tal vez un trapo viejo para cubrirse del frio, pero después de haber visitado más de quince casas lo único que había podido obtener era indiferencia o malos tratos, hubo desde aquellos que fingieron no verlo, hasta aquellos otros que lo trataron de manera grosera echándolo de su propiedad sin tocarse el corazón.

Hasta que llegó a las puertas de la casa de Doña Panchita, una mujer de avanzada edad, que disfrutaba de la compañía de sus cinco hijos, incluyendo nueras y yernos, sin faltar sus 16 nietos y uno que otro agregado. No había si quiera tocado cuando ya la pobre vieja le abría la puerta invitándolo a pasar. Lo sentó con ellos en la mesa, y se desvivían por atenderlo, en un instante tenía una cobija sobre sus hombros, y los parientes de Doña Panchita le ofrecían ropa de entre sus pertenencias. El anciano agradecía amablemente cada detalle, pero después de ser muy bien atendido, se retiró a pesar de que la familia le había ofrecido ya cobijo en una habitación de la casa por algunos días. Se marchó con las manos llenas, ropa nueva, y comida para varios días.

En el preciso momento en que puso un pie fuera del pueblo, una cosa extraña sucedió, sobre las puertas de las casas de todas aquellas personas que lo ignoraron aquel frio día, aparecieron unas “X” rojas, la gente armó un gran alboroto, cuando se dieron cuenta, salieron a las calles a murmurar, y a lo lejos podía verse como el anciano permanecía sentado tranquilamente en una roca. Este se puso de pie, golpeó su palo contra el suelo, y las “X” se convirtieron en llamas, eran tan intensas y furiosas que antes de que la gente pudiera reaccionar habían consumido la mitad de sus propiedades, el viejo entonces carcajeaba, mientras su rostro se descomponía y se rompía por la acción de un par de enormes cuernos que salían de su frente. La gente veía con horror como aquel anciano se despojaba de su apariencia humana convirtiéndose en el mismo Demonio con patas de cabra que caminaba lentamente hacia ellos entre las llamas, para señalarlos con el dedo y hacerlos arder con el fuego del infierno.

Miles de manos salían del suelo y jalaban a la gente hacia abajo, dejando sus expresiones de error plasmadas en el cemento. La familia de Doña Panchita observaba la escena con mucha preocupación, querían salir a ayudar a la gente, pero las puertas estaban cerradas, selladas mejor dicho, vieron como los demás habitantes del pueblo se acababan uno a uno. Cuando todo terminó pudieron salir de la casa, no había nada ni nada en pie más que ellos.

En la misma roca donde el Demonio se había sentado a ver aquella destrucción el esposo fallecido de Doña Panchita esperaba que ella se acercara, cuando la viejecilla logró llegar hasta el lugar el simplemente le explicó que siguiera manteniendo en su familia aquella bondad pues sería su salvación diciendo también –Han decidido soltar al Demonio, cada Navidad en algún lugar de la tierra, con permiso para llevarse a todas aquellas personas que no hayan sido buenas, utilizando cada vez alguna treta nueva –.

El Mendigo de Navidad cuentos de terror

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