El mejor amigo

Sebastián era un niño demasiado introvertido, no le gustaba hablar con nadie y por ende no tenía ningún amigo. Todas las tardes llegaba a su casa, hacia los deberes y se encerraba en su cuarto a leer historias de terror.

Eso sí, mientras se encontraba sumergido en la lectura su carácter cambiaba drásticamente, es más, hasta podría decirse que en ocasiones se escuchaba cómo si conversara con alguien. A Teresa, su madre, le preocupaba mucho ese comportamiento, tanto así que un día decidió llevarlo a un psicólogo para que lo ayudara a subir su autoestima.

En la sesión que tuvo con el especialista, Sebastián ni siquiera emitió un sonido. Lo único que hacía era mirar por la ventana con la mirada fija, como si alguien lo observara. Su madre se dio cuenta de aquello y le preguntó:

– ¿Que miras hijo?

– ¡Es un niño, dice que quiere ser mi amigo! Su nombre es Damián.

– ¿Sí? ¿Cómo sabes todo eso?

– No lo sé mami, Damián no habla, únicamente escucho sus pensamientos en mi cabeza.

La mujer se asustó un poco y le pidió a su hijo que saliera por unos minutos. Aprovechó ese momento para preguntarle al psicólogo su opinión sobre el comportamiento del pequeño.

– Este es un estado completamente normal, los niños por lo general hacen eso cuando se encuentran en un lugar que no conocen. Sin embargo, creo que con unas cuantas sesiones podremos revertir todo esto. Dijo el experto.

Teresa salió del consultorio, sin dejar de pensar en lo ocurrido. Sin embargo, no le dijo nada a su marido para no preocuparle.

Como todas las noches, Sebastián se dio un baño. Le encantaba meterse en la bañera y jugar un rato con sus barcos de plástico. No obstante, algo alertó a su madre luego de que por más de cinco minutos el cuarto de baño permaneció en silencio.

Teresa entró despavorida, pues creyó que a lo mejor su hijo había sufrido un accidente. Se tranquilizó al ver que éste sólo estaba aguantando la respiración debajo del agua.

– ¡Ay mamá, ya ves, perdí por tu culpa! Damián me retó para ver cuánto podía aguantar sin respirar.

La mujer en un estado de paranoia total, lo único que atinó a decir fue:

– ¡Fuera de mi hogar quienquiera que seas, no te quiero cerca de mi hijo!

Después de ese raro episodio, todos fueron a dormir normalmente.

Cerca de las 12 de la noche, un ruido despertó a Teresa. Era el sonido del agua cayendo sobre la tina. De un brinco se levantó de su lecho y mientras se dirigía al baño la cabeza le iba dando 1000 vueltas. Cuando abrió la puerta, el cuerpo de su hijo estaba flotando boca abajo en el agua. Junto a él, se hallaba una hoja de papel que decía con letra manuscrita ¡GANÉ!

Fuente: Leyendasycuentosdeterror.com.mx

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