El Castillo

Roberto había conseguido  el trabajo de su vida, dentro de un equipo de ocho personas él era el encargado de fotografiar algunas de las construcciones arquitectónicas que necesitaban restauración, lo especial de este trabajo era que podía viajar por todo el mundo con gastos pagados, era como tener vacaciones permanentes gratis. En esta ocasión estarían en Europa visitando castillos, desde los más pequeños hasta tan enormes como no se lo imaginaba.

En su primera semana se quedaron en un pequeño edificio de más de 300 años de antigüedad, pero muy querido por los pobladores pues fue la casa de una mujer muy buena que ayudó mucho a la gente del pueblo,  estaba ya muy abandonado, pues el encargado del lugar era muy mayor y no pudo conservarlo de manera debida.

El equipo tomó una habitación en el tercer piso, eran las que estaban en mejores condiciones, el cuidador también habitaba en esa planta así que era la mejor conservada. Desde la primera noche fueron advertidos de que los ruidos de la tubería y la calefacción impedían conciliar el sueno si no se estaba acostumbrado, y que debían tener mucho cuidado al caminar en la oscuridad porque constantemente se desprendían algunas partes del suelo o las paredes.

Roberto quedó junto a la ventana, estaba sentado viendo alrededor para conocer un poco a antes de empezar a trabajar, en el patio llamaron su atención las tumbas, seis de ellas, tomando su cámara para usar el zoom que le permitiera un acercamiento, se asustó un poco al observar un pequeño movimiento de la tierra, como si algo intentara salir de ella. Volteó alrededor para darse cuenta de que todos habían dormido ya, no tenía con quien platicar lo sucedido. Así que para dormir tranquilo tuvo que ir a fuera solo para comprobar que la tierra era solida, mientras la pisaba sintió que detrás de él alguien se acercaba y volteó de inmediato, no pudo ver a nadie, pero sentía aun su presencia, sin volver la cabeza a su punto inicial sintió que sujetaban su pie, mirando hacia abajo, una mano salía de la tumba, algo cubierta de tierra se le podían ver los huesos, y tejido seco que se caía cuando Roberto la empezó a golpear con un palo, pero no lograba que lo soltara, aunque usaba todas sus fuerzas no le fue posible liberarse, el palo pareció se sujetado por alguien a su espalda, con miedo de voltear tuvo que hacerlo cuando sintió que una mano fría le tocaba las mejillas bajando hacia su cuello… solo pudo encontrarse con una figura de niebla, que se desvaneció ante sus ojos en la primera mirada.

Cayendo de rodillas frente a otra tumba pudo ver que tenía el nombre de la tan famosa dueña, que reflejándose en la lapida le dijo –Sácalos de aquí, ellos no son mi familia- el chico se levantó de un saltó y fue a despertar a todos que no creyeron lo que contaba. El decidió irse a pasar la noche al hotel, pero las puertas se cerraron en su cara, un grito invadió todo el castillo, alertando a los demás que también corrieron donde él, las paredes parecían temblar, los pocos cuadros que quedaban colgados caían al suelo rompiéndose en pedazos, y algunas manos salían de las paredes tratando de sujetar a los visitantes…

Entonces por la escalera principal se pudo ver el fantasma de la mujer que bajaba rápidamente, huyendo, asustada decía –Sácalos de aquí ellos no son mi familia- mientras apuntaba hacia los dueños de las manos que salía de las paredes, que se abalanzaron contra la mujer transparente, atravesándola con furia, causándole una expresión de dolor, que la hizo desaparecer en un grito profundo.

El Castillo

Bajó entonces el cuidador del castillo gritando enojado –Pero que andan haciendo ustedes muchachos, porque hay tanto ruido? Mientras todo ellos estaban parados junto a la puerta abrasándose unos a otros. Le contaron lo que pasó y el señor dijo –Es que ella jamás me lo dijo, de haberlo sabido antes habría hecho su voluntad- Los llevó al patio trasero donde ocho tumbas mas estaban bajo las ramas de los arboles, y dijo –Ellos compraron el castillo después de su muerte y fueron enterrados aquí, se decía que eran personas muy malas…- les decía el hombre mientras clavaba una pala para desenterrar los cuerpos…

Fuente: Leyendasycuentosdeterror.com.mx

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