Cuentos largos de terror

Cuentos largos de terror
5 (100%) 1 vote

Cuento largo Domovoi el guardián

Habiéndose limado asperezas del pasado a mis quince años por fin tendría oportunidad de conocer a mis abuelos. Ellos vivían en Rusia y mi familia en otro país, pero eso no me restaba emoción de verlos. Cuando llegamos ahí no sabía por dónde comenzar, si abrazarlos o saludarlos, mientras mi hermana estaba antipática portándose como cualquier día normal. En el momento de verlos no pude resistir, simplemente salté sobre ellos para abrazarlos y me correspondieron apretándome fuerte. El hecho suavizaba un poco la tensión que había entre todos y la tarde se hizo más ligera.

Me acomodaron en el mismo cuarto que mi hermana quien en un instante convirtió toda la habitación en un chiquero, así que para evitar peleas solo salí de la habitación, vi a mi abuela dejar un plato de galletas junto con un vaso de leche bajo la escalera. No quise espiar así que regresé en silencio a recostarme, el cuarto entonces estaba impecable, mejor que cuando llegamos, la ropa que mi hermana había regado estaba perfectamente doblada en su maleta. Ella estaba en el baño, pero cuando salió se fue en mi contra pensando que yo lo había ordenado todo. Fui a dormir a la sala para evitar sus reclamos, concilie en sueño en un instante, por lo regular en mi casa horrendas pesadillas no me dejaban pegar los ojos, pero esa noche, dormía como un bebé.

Mi placentero sueño fue interrumpido por un ruido en la puerta trasera, sonaba como si alguien intentara forzar la puerta, al acercarme solo pude ver a alguien corriendo de prisa hasta perderse en los arboles, detrás de mi alguien me miraba, podía sentirlo, unos pasos apenas perceptibles llamaron mi atención hasta un punto fijo cercano a la chimenea, y ¡Fue entonces que lo vi!, un anciano muy pequeño, todo cubierto de pelo, los tenía hasta en las manos y pies los cuales pude observar bien porque estaba junto al fuego, lo iluminaba por completo, solo en la parte de los ojos y de la nariz tenia al descubierto. Escondía una cola entre sus pies, pero lo que no pudo disimular fueron un par de pequeños cuernos.

Nunca había podido presumir de valiente así que esa no fue la excepción, subí corriendo y haciendo tal escándalo que todos en la casa despertaron y me pusieron en el banquillo de los acusados, por supuesto no podía mencionar que había visto una criatura peluda en la chimenea, así que hablé de lo más sencillo, que alguien había querido entrar por la puerta trasera. El abuelo simplemente sonrió diciendo: – En esta casa hay un guardián, que hace muy buen trabajo, así que no te preocupes hijo, el “Abuelo” no permitirá que nadie dañe este hogar -.

Esas palabras lejos de calmarme me llenaron mas de nervios, en mi habitación trataba de decidir que era mejor, si estar fuera de las cobijas esperando cualquier movimiento o simplemente esconderme bajo ellas tratando de no enterarme de nada. Ninguna opción funcionó, en un momento de angustia el rechinido de la ventana hizo que mi corazón galopara, y por un momento se detuvo al ver que debajo de ella una mano peluda se alzaba lentamente, parecía tener vida propia y moverse como serpiente, tratando de no ser vista, mientras cerraba la ventana, yo mordía las cobijas para no gritar, pues ya había visto con detalle a quien pertenecía aquella extremidad, y no quería que se diera cuenta que lo observaba.

Caminaba por la habitación escondiéndose entre las sombras, hasta que se puso a los pies de la cama de mi hermana, en ese momento su imagen cambió de repente, ¡Era igual a mi abuela!, semejando hasta sus ropas, en un salto repentino, abrazaba a mi hermana, apretándola fuerte, mi cobardía solo sirvió para desmayarme, aunque recuerdo haberla oído gritar a lo lejos más de una vez.

Cuando recobré la conciencia mi cabello estaba trenzado, y la abuela consolaba a mi hermana, entre sus palabras nos contaba, que el todo aquello había sido obra del Domovoi, un duendecillo ruso casero, que hace trenzas a quien le agrada y asusta al que no, mi hermana lo había molestado por ser tan desorganizada, ya que a él le gusta la limpieza, pero que el realidad era un ser bueno que vigilaba la casa y protegía a la familia, a él se referían cuando decían “El Abuelo” y eran suyas las galletas de la escalera. Entre otras cosas mi abuela nos reveló que al escuchar el llanto de un bebé, en las casas donde no los hay, se trata del bebé de Domovoi. Si cubres son un pañuelo el sitio de donde sale la voz, la madre del niño te dará respuesta a cualquier pregunta, con tal de que liberes a su hijo. Aunque no se pueda ver, su presencia se sabe y lo mejor es llevar la fiesta en paz, si está enfadado, hay que invitarlo a comer con la familia, colocando un lino blanco y limpio en la habitación, ofreciéndole un pan salado envuelto en una tela blanca. También le gusta que colguemos botas viejas en el patio para honrarlo. Con su risa te augura buena ventura, con su mal carácter anuncia las desdichas. Nunca va mas allá de los límites del hogar, así que para llevarlo contigo debes tomar un pequeño huevo de gallina, colocarlo debajo de un ratón, y llevarlo durante 9 días. El décimo el Domovoi se presentara en tu casa, una vez ahí tienes que dejar una bota vieja para que se esconda mientras encuentra su lugar, y colocar un mendrugo de pan bajo la cocina.

Cuento largo de Domovoi el guardián

Mi abuela dijo que el Domovoi debía acompañarme para librarme de aquellas horrendas pesadillas que me aquejaban, e hicimos el ritual antes de marcharme, al volver a casa, puse la bota vieja, cubrí los espejos y quité mi cama de la puerta porque eso no le agrada, y de inmediato se notó su presencia, la casa estaba muy limpia y se le escuchaba caminar por ahí, acompañando esos pasos había carreras, era como si continuamente persiguiera algo, se escuchaban azotes en las paredes, chillidos, y gruñidos. En la tercera noche, cuando me desperté vi al Domovoi correr de un lado al otro de la cocina, azotando las puertas, y trayendo consigo a un diablillo rojo, con enormes cuernos, estaba completamente atado, y así pasó la noche, cazando una serie de sombras grises, luego los quemó a todos juntos en el asador y jamás volví a tener pesadillas. Mi abuela dice que hace mucho tiempo el Domovoi era el Dios del fuego, y combatía cuerpo a cuerpo con el Demonio mismo.

El niño dentro del muñeco

Marcela Aguayo, era una cuidadora de niños, en su natal Guadalajara Jalisco, ella por mucho tiempo estuvo trabajando en una guardería del gobierno, pero a raíz de la enfermedad de su madre, tuvo que dejar su trabajo para dedicar el tiempo completo a los cuidados de su progenitora, esto había afectado considerablemente los ingresos del hogar, viviendo solamente de la pensión que tenían de su padre que había fallecido muchos años atrás, después de una batalla difícil por un cáncer agresivo, la madre de Marcela falleció en sus brazos.

Después de todo los preparativos del funeral, y aunque recibió ayuda de toda la familia para solventar los gastos del sepelio, se vio de un día para otro, sin la pensión del padre, que al morir su madre, se terminaría y sin trabajo, lo que hizo que la tragedia fuera aún más difícil para la pobre Marcela, buscando por meses, encontrar un trabajo, en el que ella se pudiera desempeñar, se encontró con un anuncio en el periódico, en el cual solicitaban a una cuidadora de niños, en una de las más prestigiosas zonas de la perla tapatía.

Llego al domicilio determinado, y vio a varias aspirantes que salían despavoridas, algunas enojadas por el tiempo perdido, otras con semblantes de terror, al fin le tocó el turno de ser entrevistada, con lo que un par de ancianos, la atendieron amablemente, explicando que tenían que salir con urgencia un día después de la entrevista, y buscaban quien se hiciera cargo de su hijo, hasta ahí todo parecía normal, Marcela les entrego algunos papeles en donde hacían constancia del conocimiento en el cuidado de bebes y de niños más grandes.

Los ancianos ni siquiera miraron los papeles, solo le pidieron que conocieran a su hijo, ella pensó, que sería un niño recién adoptado, por la edad de los ancianos, pero al ver lo que la pareja de edad avanzada les presentaba, ella solo soltó la carcajada – No pueden hablar en serio – Replico Marcela en tono de burla, era nada más y nada menos que un muñeco en forma de niño, de algunos 10 años, que lo tenían en un sillón, al ver que los ancianos estaban afectados quizás mentalmente, pero ella con una necesidad muy grande de dinero, les siguió la corriente, al cabo solo serían unos días los que estuvieran fuera de la casa, que podría pasar, aparte la paga por esos 3 días era excelente, y ayudaría en mucho a liquidar los gastos funerarios que aun tenia.

Acepto, pero ellos advirtieron a Marcela, que a “Gustavito” no le gustaba que le apagaran la luz a la hora de dormir, siempre le tenían que contar un cuento para que conciliara el sueño y se tenía que esperar a que terminara su comida, ya que, si algunas de estas cosas no se llevaban a cabo, el niño se enojaba y tenía mal carácter.

Cuento de terror el niño dentro del muñecoY al otro día, Marcela llego, viendo partir a la pareja de ancianos, se dispuso a hacer todo, menos atender al “Niño” que solo parecía que se le quedaba viendo, ella en un momento, claramente sintió que el muñeco se volteaba a verla, viendo de lado al muñeco, parecía ser que el muñeco tenia vida, ella se empezó a angustiar, tomo al muñeco y lo encerró en la recamara, para bajar a la sala, de la residencia, después de unas horas ya de noche, empezaron a mover cosas, en la recamara del niño, con lo que ella, aun con miedo, pensó que alguien había entrado y hablo a la policía, al llegar, los de la ley y no encontrar nada raro, se fueron de ahí, no sin antes advertir a Marcela que no estuviera haciendo falsas llamadas, ya que tenían mucho trabajo.

Así se quedó dormida, pero al día siguiente, al despertar, vio que muchas cosas de la cocina, entre ellas toda la comida, estaban tiradas, la harina que se esparcía en toda la cocina, dejaba ver las pequeñas huellas de lo que parecía ser, los zapatos de un niño, con lo que se fue a la recamara que estaba cerrada, para encontrar al muñeco todo lleno de harina y con una sonrisa malévola, esto motivo a que ella se fuera del lugar, sin esperar que los ancianos regresaran, al cerrar la casa y dejar las llaves en una maceta, volteo hacia atrás, era el muñeco que desde la ventana, le decía adiós, nunca más volvió a ese lugar.

Cuento de la mujer al final del camino

Los recuerdos de Romina sobre su pueblo natal eran un verdadero tesoro. Aquellas tardes que pasó en la plaza del pueblo comiendo raspados y algodón de azúcar, no podían sustituirse con ninguna otra vivencia.

Habían pasado veinte años desde que estuvo ahí por última vez y se sentía ansiosa por ver el sol salir entre las montañas para bañar las humildes y rusticas casas en oro y adornarles con reflejos tornasol al pasar los rayos entre los árboles.

El viaje hasta ahí le pareció eterno, tal vez por la emoción de enseñarle a sus hijos algo que consideraba muy suyo, algo que le llenaba de alegría.

Llegaron de noche, y la vista distaba mucho de lo que les había contado a todos. La oscuridad era solamente interrumpida por los potentes faros de su auto nuevo, el viento era tan intenso que hacia silbar las hojas de los árboles y obligaba a que sus troncos crujieran, al doblar aun los más gruesos como simples ramas débiles. Sin importar su altura, se inclinaban ante el auto para atraparlo con invisibles tentáculos.

Los chicos estaban aterrados, pero su madre juraba que al amanecer todo luciría mucho mejor y la pasarían muy bien. Continuaron entonces adentrándose en aquella penumbra, entre la cual apenas alcanzaban a distinguirse unas cuantas casas derruidas.

A los niños les parecía extraño que no hubiera gente caminando por las calles, pero Romina sabía que todos tenían que levantarse temprano a realizar sus labores, no lo vio fuera de lo normal, hasta que tocó un par de puertas, buscando un lugar donde quedarse y nadie atendió.

Como última y más segura opción, fueron a la iglesia, pero ni siquiera pudieron entrar al patio, pues estaban cerradas las rejas. Romina se acercó a ellas, gritando por un rato, esperando que alguien le abriera, pero no tuvo suerte, aquellos minutos solo le sirvieron para helar su cuerpo con el frio viento que no dejaba de soplar.

Volvió al coche, donde los chicos se culpaban uno a otro por un nauseabundo olor que de pronto se percibió, salieron todos a prisa, pero ese feo aroma, estaba también afuera, le pertenecía al ambiente, anunciaba la cercanía de un espectro en forma de mujer, que flotaba al final del camino.

Le miraban con cierto recelo, a pesar de que estaba ahí, les costaba trabajo creerlo. Ella se aproximó lentamente, exagerando cada uno de sus movimientos, dejándose admirar por aquellas mentes incrédulas, mostró su carencia de pies, las víboras de su cabellera, y las enormes heridas sangrantes de sus extremidades apenas unidas… fue entonces, que ante cada uno de sus avances, el grupo de recién llegados dio un paso hacia atrás, pero eso no servía de mucho, a la primera señal de miedo, ella voló hasta ellos absorbiendo todo lo que tenían dentro hasta dejar sus ojos completamente vacíos. Luego se marchó, del mismo modo que vino, desapareciendo al final del camino.

La mujer al final del camino

Ella era la razón por la que el pueblo estaba vacío, se habían marchado todos para no alimentarla con su temor, pero de pronto vino hasta su casa un bocadillo irresistible. Tuvo que aspirarlos por completo, hasta dejar secos sus cuerpos sin vida, pues no sabía cuándo tendría nuevamente una oportunidad.

La noche eterna

Maria Luisa estaba muy entusiasmada, por fin se reuniría con su pequeña hermana que se había quedado al cuidado de su madre, en la pequeña villa en la que vivían, mientras ella se dedicaba a terminar su carrera en la gran ciudad.

Realmente poco había convivido con su familia, desde pequeña la había alejado mandándola a la casa de familiares, para después seguir con la carrera, pero ahora que era toda una mujer y que había completado sus estudios, nada la detendría de convivir con sus seres queridos, que solo en ocasiones especiales los veía, o que la única comunicación era por vía telefónica.

Era una sorpresa su visita, ni su madre ni su hermana, sabían de su llegada y cuando llego a la villa, noto algo que no recordaba cuando aun era una niña y fue separada, que el lugar estaba casi desértico, ni un alma se veía en la calle, tuvo que ir de la estación de autobuses a la casa, caminando ya que nunca apareció ningún taxi ni personas en la calle y las que veía a lo lejos, al verla se metían en sus hogares.

Llegando a su hogar después de mas de una hora de camino y cubierta en sudor, se dispuso a entrar en su hogar, del cual pocos instantes en su memoria se actualizaron, y lo único que recordaba bien, era el ahincó que tenia su madre, por meterla apenas empezaba a oscurecer.

Al fin abrieron la puerta, al ver a su pequeña hermana, demacrada, con un color blancoso de la piel, no pudo mas que suspirar, la hermana ni siquiera la había reconocido, si no es porque Maria Luisa la abrazo, pero algo noto, y fue que su hermana empezó a temblar al verla, al principio pensó que era por la emoción de verla, pero después descubrió que no era así.

La llevo con su madre, que estaba igual que cuando era niña, la única que se había acabado era su hermana, su madre seguía igual, pero no hablaba ni se movía, solo se quedaba mirando fijamente.

La abrazo y le dio un beso a su madre, pero con los ojos que la hermana tenia, parecía como si tuviera miedo de la reacción de la mama, así que se la llevo a la cocina, para después en lugar de preguntarle de su vida y de todo lo que había pasado, solo le cuestiono del porque de su llegada, algo que a Maria Luisa le dolió.

“No te preocupes” le dijo a su hermana, no estaré mucho tiempo, solo quería venir a saludar a mi familia y preguntarte a ti, si con mi recién carrera, no te quisieras ir conmigo y dejar a nuestra madre en un lugar para personas enfermas y de su edad, puede ser aquí o en donde vivo ahora, pero te quiero tener en mi vida, hermana mía.

Su hermana no contesto, solo una lagrima se le salio de los ojos, con lo que mas las dudas llegaron a la mente de Maria Luisa, se alojo en lo que fue su antigua recamara, que aun estaba igual, y se quedo dormida, despertó por los ruidos que en la parte superior se escuchaban, ya era de noche, pero no había nadie en la casa.

Se asomo por el pórtico de la casa, y claramente vio volando a su madre, con una carcajada que hizo que se le erizara la piel, pensó que todo era un sueño, y quería despertar, la noche eterna parecía nunca terminar, no sabia que pasaba, hasta que cerro los ojos, como queriendo despertar, así la tocaron en el hombro y se levanto, era su pequeña hermana, que le decía, “debes regresar”, pronto sera la noche eterna y no podrás escapar.

Por lo que le contó la hermana, la mama era la bruja del lugar, y llegaría la luna llena, y en el pueblo, todas las brujas de la región se juntarían, a lo que le llamaban la noche eterna, entonces pregunto, porque no te vienes conmigo hermana mía, contestando, que ella estaba marcada, para ser el sustituto de su mama.

Que por eso habían alejado de la familia, porque solo una podría ser la sucesora, y si habían dos una de ellas tenia que morir, fue así, como Maria Luisa, al otro día se regreso a la ciudad, y nunca mas volvió a la villa, la que un día fue su hogar.

La caja misteriosa

Atareado por las deudas, los problemas y ahora por la enfermedad que ningún doctor le daba diagnostico de su hijo, Juan Carlos Segovia, salio a fumar un cigarrillo, y a caminar en la noche de luna llena del mes de Noviembre.

Ya el frió se empezaba a sentir en esa época del año, caminando por una de las calles solitarias de ese pueblo, del cual nunca había podido salir, como siempre soñó y que lo amarraba a el.

Iba inmerso en sus problemas, muchos de ellos reprochandoselos al creador, cuando de repente se tropieza con una caja metálica, y cae al al piso sin meter las manos.

Pensando que la mala suerte se empeñaba en atacarlo, vio que la caja de metal, al golpearla con el pie se había abierto, tirado en el piso, solo opto por ver su contenido.

“Ojala tuviera una barra de oro” para salir de mis problemas, dijo Juan Carlos en tono sarcástico.- y al abrirla completamente, ahi estaba una pequeña barra de oro puro, solo para el, pero que broma es esta, penso, viendo para todos lados, no habia un alma en cientos de metros a la redonda.

Tomo la caja metálica y enfilo el regreso a su hogar, con el miedo de que alguien lo hubiera visto o que le robaran su tesoro, cuando llego, todos en su casa ya estaban durmiendo y con miedo volvió a abrir la caja misteriosa, con miedo de pensar que todo había sido una broma que sus ojos le habían hecho.

Ya con la luz, noto que la barra de oro solido seguía ahí, pero tambien pegada una nota, que se dispuso a leer, “La caja te dará, todo lo que siempre has querido, pero a cambio te quitara, parte de tu alma y de tu corazón, si no quieres seguir utilizándola, déjala en donde la encontraste en las próximas 24 horas, si no la regresas te quedaras con ella”.

Lo estuvo pensando toda la noche, viendo como brillaba la barra de oro, esta era una tentación del diablo pensó, pero se pregunto, que ha hecho dios para ayudarme, fue entonces que su esposa despertó y a la cual le contó todo lo que había pasado, era tal el nivel de pobreza que al ver la barra de oro a los dos los deslumbro.

Tomaron la barra de oro, y fueron a venderla, sacando miles de dolares, con lo que podrían seguir viviendo cómodamente por el resto de sus días, eso pensaban, pero al paso del tiempo la enfermedad de su hijo, recrudeció, tomando su vida, no importando la cantidad de doctores que el dinero compro.

Fue entonces que sintió, que una parte de su alma y de su corazón, había perdido, y cuando sintió que la caja misteriosa, había cobrado la parte establecida, la caja le seguía dando barras de oro, pero a cambio que mas le pediría, acaso la vida de sus otros dos hijos, la de su esposa, ya el dinero no era tan agradable, como el miedo de ver que otra cosa le sucedería, fue entonces que tomo la caja misteriosa, y en un día igual que en el que se la encontró, la dejo en el mismo paraje, escondiéndose en los matorrales, y viendo que otra persona se la encontraba, ahora la maldición lo dejaría.

Fue cuando vio que la caja el otro tipo se la llevo, que al fin pudo respirar, no quería a su vida y la de su familia dependieran de la caja, pero todo dependería de saber si el que se la había encontrado la aceptaría o la devolvería, fue así que estuvo en vela, al lado de la ventana del otro tipo que se la había encontrado, rezando para que la aceptara, y la maldición terminara.

Al ver que la barra de oro era sacada de la caja misteriosa, vio claramente, en una de las esquinas, al demonio riéndose, al fin se había librado pero otra alma se había condenado.

Cuentos de terror Un loco anda suelto

Mientras tomaba un baño antes de dormir, Ronda encendía la televisión para no sentirse tan sola, pero esa noche habría preferido no hacerlo, pues escuchó claramente que decían: —¡Un loco anda suelto!…—de inmediato se envolvió en una toalla, para venir y escuchar la noticia completa, pero al parecer había sido tan solo una advertencia rápida, y no se mencionó en esa emisora, ni en ninguna otra algo relacionado. Intentó casi por una hora, pero le fue imposible aclarar sus dudas.

Entró en la cama sin poder pegar los ojos, la idea de que un lunático asesino acechaba en las sombras, veía a través de las ventanas y buscaba su siguiente presa la tenía muy nerviosa. La noche era como cualquier otra, pero con tal miedo, a ella le parecía sombría, y hasta el rumor del viento le crispaba los nervios.

Por un momento se sintió bastante tonta, si quería saber algo del demente que le atemorizaba, bastaba con una simple consulta en internet, así que tomó su teléfono, pero no pudo encontrar nada reciente, lo cual la tranquilizó un poco, probablemente escuchó mal o se confundió con un anuncio.

Un poco más relajada, parecía dormir tan plácidamente que ni la torrencial lluvia, ni los estruendos del cielo le molestaban.

Tampoco le incomodó que sus sábanas fueran cayendo lentamente al suelo y que la energía eléctrica faltara, pero lo que lo que no pudo ignorar, fue que un par de manos frías la tomaran por los pies y la jalaran con fuerza…—¡El loco! —dijo ella, exhalando agitada, con el corazón casi en la boca… de pronto un rayo iluminó la habitación y una sonrisa macabra se dibujó frente a ella… —¿un loco?… ¿eso crees que soy?… a un loco lo golpeas y huyes…pero…¡¿COMO HUYES DE MIIIII?!…EL SEÑOR DE LAS TINIEBLAS —retumbo una voz más fuerte que los mismos truenos de la tormenta, y más ardiente que el fuego en el que la chica estaba envuelta.

Cuentos de terror Un loco anda suelto

—¡Locos!… las cosas por las que se preocupan ahora los mortales… tendré que ensenarles a temerme de nuevo…— refunfuñaba el demonio, mientras jalaba a la pobre chica hasta el mismo infierno.

Cuento del Señor Doctor

Una extraña enfermedad se diseminaba por el pueblo, los habitantes entraban uno tras otro al humilde consultorio del joven doctorcito aún practicante. Solicitó ayuda en la ciudad más cercana, pero mientras se dignaban a ayudarlo, solamente fue asistido por las personas que permanecian en pie, hasta quedar solamente con dos ayudantes de escasos 10 años, que junto a él, eran los únicos sanos.

La piel de los pacientes se tornaba pálida amarillenta, no tenían fuerzas para levantarse y perdían peso de una forma alarmante. Fuera de eso todo lucia normal, y sobrevivían gracias a que conservaban buen apetito.

El pobre medico pasaba días y noches buscando algún indicio, sirviéndose de sus limitados recursos para obtener el mejor diagnóstico, los dividió por grupos y les trató para diferentes padecimientos, sin embargo, no respondían a ninguno de ellos. La escena le producía al joven tanta impotencia, no pudo contener las lágrimas y salió del palacio municipal que utilizaba como hospital después de que crecieran en número los aquejados.

De rodillas, tirado frente a la fuente, desahogaba su frustración con gritos y golpes a la nada. Pensaba quedarse ahí por horas, pero el viento sopló con violencia, abriendo puertas y ventanas hasta casi arrancarlas. Así que fue a proteger a sus dolientes. Al llegar donde los enfermos, el polvo que entraba , evidenció la silueta de un ser invisible, posado en el centro del salón. Muy celoso de su deber, el chico conservó la calma, fue a sentarse en su escritorio, fingiendo leer como todas las noches, y apuntó su celular hacia la criatura. Ahí podía verse claramente; era una masa inflada, llena de mangueras, las cuales utilizaba para drenar a sus víctimas e hincharse aún más.

Utilizando aun sus dotes de actor, sacó a los niños de ahí, y volvió con un machete, para arrancar todas las mangueras del ente en tres movimientos rápidos, salieron de ellas borbotones de sangre, y cubrieron cada rincón de la extraña criatura, haciéndola completamente visible, así pudo el muchacho soltar el celular y atacarle con ambas manos hasta hacerlo cachitos.

Pero esta no fue la mejor opción, ya que cada uno de ellos conservaba vida propia y le atacaron sin contemplación. Escuchando la escandalera, los niños se acercaron curiosos, y le cayeron a palos para quitarle todas aquellas cosas de encima, las cuales terminaron quemando con la ayuda de unas botellas de alcohol y muchos cerillos.

Cuento del Señor Doctor

Después de esto, la recuperación de la gente fue rápida, pues ya no les drenaban la sangre del cuerpo. En su reporte, el muchacho no mencionó el detalle del monstruo chupasangre, y nadie tuvo intenciones de revelar el secreto. Pues era el mejor médico que hubiesen podido tener en el pueblo, capaz de librarlos incluso de aquellos males sobrenaturales, después de eso no hubo nadie que siguiera llamándolo “doctorcito”, en un solo día, se convirtió en Señor Doctor.

El recital de Carlitos

Era una noche especial para Carlitos, su padre había prometido por milésima vez, estar presente en su recital de piano, y el chico como muchas otras ocasiones, lo había creído, sin embargo, una vez más, él simplemente no se presentó. Aunque el resto de la familia estuvo ahí para apoyarlo, el pobre niño volvió a casa muy decepcionado.

No había forma de que alguien lo consolara, sobre todo porque el señor no faltaba a ninguno de los juegos de futbol de su hijo mayor, entonces estaba más que claro que no era problema de tiempo. Por lo que Carlitos se encerró en su cuarto para llorar por horas.

Tuvo que interrumpir sus momentos de desahogo cuando algunos ruidos extraños llenaron su habitación, sonaba como una rata hurgando entre sus cajones, así que fue a buscarla, pero para su sorpresa lo que encontró fue otra cosa. Era un diminuto hombrecillo, no más grande que su mano; tenía la piel oscura y arrugada, también un par de alas trasparentes y rotas. Lo más extraño de este amiguito es que hablaba, así que pudo preguntarle al niño el motivo de sus lágrimas. Después de conocer la triste historia de Carlitos, la criatura le hizo saber que estaba obligado a concederle un deseo, siempre y cuando el niño no revelara a nadie aquel encuentro. No había mucho que pensar, Carlitos solo quería una cosa, que su padre llegara al próximo recital, sin pretextos, así que eso pidió al hombrecillo a cambio de guardar el secreto de su existencia.

Semanas después, Carlitos partió a su concierto con una enorme sonrisa en la boca, sabía que esta vez las cosas eran muy distintas. Al dar casi las ocho, la gente esperaba el inicio de la gala, solo el lugar del padre del niño seguía vacío. Pero cuando Carlitos puso un pie en el escenario, pudo distinguir la figura de su papá en la entrada alta del recinto, no podía verlo claramente porque la luz le daba directo en el rostro, pero estaba seguro que era él.

Comenzó a tocar como nunca, tal pasión jamás la habían visto en un niño tan pequeño, la gente gritaba, se levantaba de sus lugares, lloraba… corrían sin control por todo el teatro, pero el niño solo tenía ojos para su progenitor que se acercaba lentamente.

A cada paso que el señor daba, el niño tocaba más fuerte, y la gente gritaba hasta el punto del desmayo. Cuando el pequeño lo tuvo enfrente, dibujó en su rostro una sonrisa que pocas personas podrían ignorar, se lanzó sobre él apretando fuerte, pero el señor no pudo corresponder a sus abrazos, tenía la mirada vacía, el cuerpo inerte… sus extremidades apenas permanecían pegadas al resto del cuerpo, emanaba sangre por cada uno de sus poros, pero estaba ahí, aquel hombrecillo había cumplido su palabra, lo levantó de entre los muertos después de un terrible accidente de auto sucedido horas atrás.

cuentos de terror Recital de carlitos

A Carlitos solo le importaba que su padre estuviera ahí, mientras que el resto de la gente escapaba del lugar muy aterrada.

Una noche cualquiera

Era una noche como cualquier otra, había dejado de llover por unos minutos y aproveché para salir a correr, me gusta mucho mojar los zapatos deportivos para que mis pies se vuelvan más pesados, y que poco a poco mis extremidades se vayan congelando, así tengo que moverme cada vez más fuerte y más rápido para evitar la hipotermia. También aprecio mucho ese viento tan frio que parece traer consigo cristales de hielo los cuales desgarran mis fosas nasales y mi garganta, haciendo peso en mis pulmones cada vez que respiro, siento que mi pecho explota y me falta el aire. Así cada gota de sudor significa mayor esfuerzo.

Amo correr en el parque, sobre todo en estas épocas, cuando la niebla no me permite ver lo que tengo enfrente, si hay alguien más ahí, ni siquiera lo noto; me encuentro sola, disfrutando del mundo, de mi vida… ¡mi libertad!. Cada paso está lleno de un dolor físico que disfruto, me motiva a ir más allá, a correr con más fuerza.

Esa noche, tropecé con un bulto, muy blando y grande para ser una piedra, además no había razón para estar en medio de la pista, incluso escuche algún tipo de quejido. Después de mis volteretas en el suelo a causa de tal impacto, regresé abriéndome paso entre la niebla y con la mirada hacia abajo tratando de encontrar aquello que había volteado, pero no tuve suerte, di demasiados pasos no podía estar tan lejos. Así que me dispuse a seguir mi camino, después de todo era una noche cualquiera, no tenía nada de particular.

Al menos así pensaba yo, hasta que me di la vuelta y vi ese par de pies flotando a la altura de mis ojos…no tuve tiempo ni de alzar mi cabeza, pues una pequeña niña dueña de aquellos pies, se me enrolló en el cuello como una serpiente cualquiera y perdí la conciencia.

Al volver en mí, regresé a casa pensando que esta vez me había excedido al forzar tanto a mi cuerpo, llegando hasta el punto de sufrir alucinaciones, pero el espejo me confirmó que aquello fue real, tenía marcas de presión en mi cuello, y dos pequeños agujeros que chorreaban sangre. Mi rostro estaba muy pálido, y una extraña sensación de ardor me corría por la venas, los latidos de mi corazón se fueron distanciando, hasta que de súbito se detuvo y caí al suelo. Un dolor intenso me carcomía desde dentro, y me obligaba a convulsionar de manera tan brusca que oía crujir todos los huesos de mi cuerpo. Fue así por un tiempo y luego perdí nuevamente la consciencia.

Al despertar, me sentía mejor que nunca, grande, fuerte, ¡poderosa!, las sonrisas me salían desde dentro, una felicidad infinita me invadía, el dolor era ahora adrenalina… me invitaba a volar, a volar más rápido que el viento…me incorporé de un salto, corrí a través de la casa, atravesé la ventana… ¡nunca había sentido tal libertad!, pude ver la niebla partirse en dos, y volver a unirse detrás de mis alas… adoro que el viento frio haga escarcha en ellas, sus quemaduras me obligan a aletear más rápido, alcanzando tanta velocidad, que mis colmillos generan silbidos

Noche cualquiera cuentos de terror

Esto es lo que haré de ahora en adelante en una noche cualquiera, desplegaré mis alas, volaré entre la niebla, acecharé desde los árboles, buscando a aquel que pueda saciar mi hambre, hundiré con gusto mis colmillos en su cuello, para que su tibia sangre caliente mi gélido cuerpo y la palidez de mi rostro se borre por un momento con ese líquido escarlata que chorrea desde mi boca.

Zapatillas de ballet

Desde los dos años de edad, Miriam había practicado ballet, conforme fue creciendo también lo hizo su pasión por el baile; al llegar a la adolescencia ya era profesional, pero sin obtener algún papel principal, lo cual se repitió por muchos años.

El ballet es una profesión muy demandante, prácticamente dejó su vida para dedicarse a ello y empezaba a sentir un poco de arrepentimiento, porque estaba a punto de cumplir los veinticinco años, convirtiéndose así en la mujer de mayor edad en la compañía.

Por supuesto aquello no estaba ni cerca de ser un sueño realizado, y no entendía porque, ya que era la mejor, la más capaz, la más elegante, la más disciplinada, no le faltaba nada para obtener un papel de peso, pero aun así, no lo tenía.

En una de tantas presentaciones, recibió la visita de su primer admirador en el camerino; las otras chicas se burlaron, porque mientras ellas eran asediadas por chicos, Miriam solo había encantado a una anciana. Por supuesto la joven no era descortés, y le dio a la viejecita la atención que se merecía, platicaron hasta que todas las demás se marcharon.

—Usted que también fue bailarina sabrá comprender, ¡el ballet es todo para mí!, lo único que me falta es obtener el papel principal antes de retirarme y eso me haría feliz por siempre —dijo Miriam con un gran brillo en los ojos, pero al mismo tiempo una expresión de decepciona y frustración le invadió el rostro.

—Y ¿qué darías por conseguirlo? —pregunta la anciana con algo de malicia. La inocente joven pasa sus expresiones por alto y se apresura responder ansiosa.

—Daría lo que fuera —responde en tono de añoranza.

¿Tu vida?… —agrega la ancianita, borrando por completo cualquier rastro de dulzura en su persona.

—¿Acaso no la he dado ya? —pregunta la joven, enjuagándose la lágrimas.

—No. Aun no lo has hecho, no es lo mismo dedicar tu vida a algo que entregarla a cambio…

—En realidad daría cualquier cosa por cumplir mi sueño, incluso mi vida si es necesario…

—No se diga más entonces, toma estas zapatillas, úsalas de aquí en adelante, obtendrás tu papel y yo también me quedaré con lo que necesito…

Después de eso la anciana se fue a paso veloz, y la joven se quedó sola tratando de hilar lo que había pasado, pero no tuvo éxito, incluso por días no lograba comprender en lo más mínimo, pero tenía en sus manos las zapatillas y la anciana dijo que con eso le daría el papel, así que al menos quiso intentar, por descabellado que pareciese.

En el momento en que puso sus pies dentro, una extraña sensación le invadió el cuerpo, se percibía a si misma invencible, única, especial… justo las características que necesitaban para la protagonista de la siguiente puesta en escena, así que no hubo quien le arrebatara su última oportunidad. El papel fue suyo en cuanto la vieron bailar.

La noche del estreno todo estaba dispuesto, y salía a la perfección, Miriam estuvo espectacular toda la noche y se preparaba para la escena final, en el centro del escenario, estaba ella y solamente ella, sus espectadores se volvían locos, soltaban un suspiro en cada salto, un aplauso en cada giro, un total éxito.

Miriam sonreían, ellos aplaudían y los pies de ella se movían más rápido, era tanta pasión, giraba de forma perfecta sin detenerse, como si una fuerza externa la impulsara. Su sueño estaba cumplido, era la bailarina principal y además la gente la amaba. Ella se entregaba por completo a su público, y en primera fila la anciana, lanzó su primer aplauso. Una cegadora luz sobre el cuerpo de Miriam pero ella aun bailaba, giraba y giraba sin detenerse.

Algo raro estaba pasando, Miriam se sentía flotar, era más ligera que el viento, podía verse así misma bailando desde arriba y cada vez más lejos… su cuerpo seguía girando y girando al compás de los aplausos, la música lanzó su última nota, la gente vuelta loca quería acabarse sus manos aplaudiendo para honrar a la artista.

cuento de terror Zapatillas de ballet

El telón cayó, y junto a él también el cuerpo sin vida de la muchacha… —un trato es un trato —, dijo la anciana y recuperó sus zapatillas…

No tocar

Se acercaba una reunión importante en la que participaría la señora Anaya, y como era su costumbre, acudió a la modista para que le confeccionara su vestido nuevo. En esa ocasión, llevó también a su pequeña hija Magui. La niña tenía apenas cinco años, no le ilusionaba mucho la fiesta, pero estar en aquel lugar, le dio mucho gusto, porque ahí “se hacían los vestidos de princesas”, había cientos de ellos colgados por todas partes.

El encanto no duró mucho, tuvo que aguantar horas sobre un cajón de madera, mientras median aquí y allá, probaban telas, realizaban ajustes, etc., esa clase de cosas que una niña no quiere hacer, además al terminar, quisieron que esperara un par de horas más sentada inmóvil en un sillón mientras hacían lo mismo con su madre.

Por su puesto no hubo forma que la niña estuviera de acuerdo, y se fue a curiosear por ahí, a pesar de que por todos lados tenían enormes letreros de “No Tocar“, la pequeña pasaba sus manos por encima de todo lo que tenía a su paso, pues ni siquiera sabía leer. Llegó incluso hasta una bodega, que parecía estar oculta a propósito, detrás de cientos de cajas y mercancía. Su tamaño le permitió pasar entre tantos obstáculos y descubrir las cortinas que tapaban la puerta. Una gran cantidad de letreros prohibían el paso, pero para la niña no significaban nada.

Dentro encontró decenas de maniquíes de varios tamaños, con vestidos tan hermosos como jamás había visto, uno de ellos en particular llamó más su atención, ya que era de su tamaño, y llevaba un hermoso atuendo que fácilmente podía quedarle.

Nuevamente enormes letreros pedían “No tocar” a los maniquíes, pero la niña no podía hacer otra cosa que ignorarlos y seguir sus impulsos, puso sus dedos sobre aquella hermosa tela de colores vibrantes, la cual conservaba mayor suavidad que sus propias manos. La hermosura no se limitaba al vestido, también el maniquí lucia muy bien, parecía una niña igual que ella, solo que algo inmóvil.

Magui no pudo resistir la curiosidad, y tomó su mano, en ese momento los ojos del maniquí brillaron, y un humo negro salió de su interior, directo hacia la boca de la niña, no hubo ocasión de gritar… el cuerpo de Magui se fue endureciendo rápidamente, en unos instantes, lo terrible estaba hecho; ahí estaba Magui, inmóvil en un rincón de la bodega, un nuevo maniquí para la colección.

No tocar cuentos de terror

La buscaron por días, meses, hasta que no pudieron más. Aunque la dueña sabía la terrible magia que se escondía dentro de los maniquíes, tuvo miedo de entrar en la bodega y comprobar que ya tenían un miembro más.

Cuento de las gotas de un secreto

Era un sábado caluroso, cuando me quedé sola en casa de los abuelos, pasamos a recogerlos para llegar todos juntos al partido de mi hermano, pero al final no pude acompañarlos, porque estaba sintiéndome mal a causa de la elevada temperatura y mamá no quiso arriesgarme a pasar casi dos horas sufriendo el clima.

Me sentaron frente a la tv, encendieron el clima artificial y me acercaron decenas de bebidas frías, prometiendo volver lo antes posible y dándome indicaciones de llamarlos si algo no iba bien, como si fuese aun una niña pequeña. Pues bueno, mis planes no eran esos, mi cabeza estaba cerca de reventar, solo quería recostarme con el menor ruido posible, así que la apagué de inmediato y me recosté en el suelo, que era el lugar más fresco.

Apenas estaba por cerrar los ojos, cuando la tv se encendió en un canal lleno de estática. Fui a apagarla, y la radio se prendió a mis espaldas haciéndome saltar. Sonaba una canción antigua y deprimente, cantada por una voz grave y entrecortada que me erizaba la piel. Pero tuve que soportar un poco más aquel tormento, pues el ruido de un portazo me puso en alerta, sabía que no era alguien de mi familia, ya que no se acostumbraba entrar por ahí, además se suponía que yo estaba sola en la casa.

Al llegar al acceso trasero unas huellas lodosas, me sacaron de mi ignorancia, en realidad, ¡no estaba sola!, y lo más raro es que solo un par de pisadas estaban a la vista, no pude si quiera imaginarme que rumbo había tomado mi repentino acompañante. Así que como toda buena persona llena de pánico, fui a protegerme de cualquier calamidad ocultándome bajo la cama y desde ahi llamar a mis padres. Pero el teléfono no tenía señal, igual si la hubiese tenido, era ya tarde, ese —Squishhh, squishhh— anunciaba unas pisadas húmedas acercándose y en ese momento, el ruido de mis dientes al chocar me delató. La cama se hundió por encima de mi cabeza, como si alguien se hubiese sentado en ella, pero no pude ver nada. Sin embargo supe que estaba ahí, porque escuchaba su respiración agitada.

Después el grito seco de una mujer, y el violento movimiento de la cama, para que luego todo quedara en calma… aun así, no me atrevía a salir, ni mi cuerpo estaba listo para hacerlo, seguía rígido tendido sobre el suelo, ni siquiera podía percibir el dolor que me producía morder mi dedo para callar mis gritos.

Reaccioné solamente cuando sentí la humedad en mi pecho, y tuve miedo de haberme desangrado. Aunque tenía un poco de rojo sobre mi mano, aquel líquido viscoso no me pertenecía solo a mí, sino que escurría a través del colchón. Ese fue el punto máximo que pude soportar, y perdí la conciencia.

Cuento de las gotas de un secreto

Al despertar, toda mi familia me rodeaba, habían atendido la herida de mi dedo, y me hacían miles de preguntas. Confesar la verdad, solo provocó que me enviaran con el psiquiatra, me etiquetaron como persona peligrosa, esquizofrénica, capaz de herirme a mí misma. Hasta que descubrieron la terrible historia: mi difunto tío, había asesinado ahí a una jovencita, y la escena se repetía una y otra vez para tortura de mis abuelos, quienes lo callaron todo por amor a su hijo.

El niño psicópata

Uno de los primeros casos que han sido conocidos sobre niños psicopatas ha sido la historia de Jesse Pomeroy, un niño de 15 años que cometió una serie de asesinatos hasta esa edad.

Sobre las víctimas…

El primero de sus víctimas fue un niño de 7 años, William Paine que fue hallado el 1 de Diciembre de 1871 por dos hombres que andaban por una calle solitaria. Escucharon un lloro apagado, y mientras se acercaban a una pequeña cabaña, fue entonces cuando al entrar al lugar, vieron al niño atado de manos y colgado del techo del lugar. Apenas estaba consciente y lloraba, con grandes heridas y moratones en su espalda. No pudo denunciar a quien se lo hizo.

A mediados de abril de 1872, prometió llevar al circo al jovencito Robert Maier. Cuando llegaron a lugar apartado lo desnudó, pegó, y se masturbó delante de el haciendolo sufrir con todo ello. También mientras lo golpeaba con una vara lo obligaba a maldecir. Al terminar lo soltó y le juró matarlo si decía algo a la policía. Después huyó del lugar. La policía comenzó a interrogar a todos los jóvenes del lugar con cabello castaño.

Ruth, la madre de Jesse Pomeroy, decidió irse a vivir al sur de Boston.

George Pratt fue otra de sus víctimas, que cuando andaba por la calle fue abordado por Pomeroy quien dijo de recompensar con dinero si le traía lo que le pedía. Cuando lo llevó a un lugar apartado y comenzó a hacerle igual que a otras víctimas. Lo desnudó, le pegó bien fuerte por todo el cuerpo con un cinturón. Le mordió en un cachete y lo arañó por todo su cuerpo. Incluso le metió una larga aguja en diversas partes del cuerpo. Ésta quiso clavársela en un ojo pero Pratt se puso en posición fetal y no pudo hacerlo. Antes de irse le mordió un glúteo.

Otro fue Joseph Kennedy, que parte de golpearlo le hizo un fuerte corte en la cara y luego lo llevó a la orilla de mar y le echó agua salada para mayor sufrimiento. Luego elúltimoo fue Gould, un niño de 5 años, que cogió a punta de navaja por el cuello amenazandolo en las vías del ferrocarril, pero que tuvo que huir pronto cuando vió unos ferrocarrileros acercarse.

Gould dio más pistas a la policía, diciendo que uno de los ojos era completamente blanco. A finales de 1872 fueron por varios colegios pero Gould no encontraba al sospechoso, incluso fueron al colegio de Pomeroy pero no supo identificarlo.

Después de esto, Pomeroy se acercó a la estación de policía los cuales estaban con Kennedy, y fue este quien lo identificó y la policía pudo cogerlo.

Desde que salió del reformatorio pasaron 2 meses y vino una chica que quería un cuaderno a la tienda de su madre donde trabajaba, tenía su misma edad y se llamaba Katie Curran. Jesse se las apañó para que se fueran los otros empleados de allí. Se la llevó adentro y le degolló con su navaja. Su madre la buscó pero no la encontró.

Después Horace Millen, un niño de cuatro años, también fue asesinado por el. Primero le compró un pastelito y se lo iba llevando hacia una zona alejada mientras se lo comía. Le había prometido que le enseñaría un barco de vapor. Cuando llegaron a un pantano le hizo que se sentara y allí le clavó con gran fuerza un cuchillo que llevaba en el bolsillo. Aún así Millen no murió y luchaba por salvar su vida. Cuando lo encontraron tenía 18 puñaladas y otra en un ojo. Tambien tenia intentos de castrarle pero no lo llego a hacer.

Sobre el joven psicópata…

Jesse Pomeroy nacido el 29 de noviembre de 1859 en el pueblo de Charleston, Masachussets, segundo hijo del matrimonio compuesto por Thomas y Ruthan Pomeroy. Vivían en lamedianíaa económica. El padre era alcohólico y abusivo. Por cualquier cosa que enfureciera llevaba a los niños a una cabaña donde los desnudaba y los golpeaba brutalmente hasta calmarse. De esta conducta Jesse no sacó el concepto de que había que portarse bien, sino todo lo contrario, cogió la parte perversa y mala.

Su aspecto inspiraba miedo, su cuerpo era muy grande para su edad, así como su cabeza, orejas y rasgos faciales poco favorecedores. Su ojo derecho carecía de iris y pupila, dando un aspecto que daba miedo, incluso su padre no podía mirarlo a los ojos sin que le diera un terrible escalofrío al mirarlo.

Fue condenado a estar en el reformatorio de los 15 hasta 15 meses después, en el reformatorio juvenil de Westborough. Tuvo un buen comportamiento, mientras su madre luchaba por su liberación. Finalmente a los 15 meses lo liberalizan y su madre lo pone a trabajar en una papelería que tenía.

Cuento largo de El niño psicópata

Pasaron 2 meses y comenzó de nuevo a hacer pero esta vez con asesinatos. Finalmente, después de todas las víctimas que dijimos anteriormente lo encontraron. Al principio lo habían condenado a pena de muerte, pero por mucho que hubiera matado a tanta gente era muy triste que un niño de tan solo 15 años muriera ahorcado. Después eligieron que tuviera una cadena perpetua para toda su vida. Además, la tenía que cumplir en solitario. Aún así en 1917 le rebajaron la condena y pudo reunirse con otros compañeros para no estar solo. Murió en 1931, después de pasar dos años lleno de enfermedades.

La niña del helado

Caía la tarde, y poco hacía por levantarme de la cama, creo que llevaba así más de un mes; no tenía ánimos de nada, solo quería dormir, no recuerdo tampoco haber probado bocado sin que alguien me obligara. Parecía estar hundida en una depresión muy profunda.

Todo cambió el día en que mi hija entró a la habitación, cantando y saltando como acostumbraba hacerlo, me pidió ir por un helado, y yo acepté sin dudar. Solo lo hice por pasar un tiempo con ella, no me apetecía tomar un helado con el clima tan extrañó que apreciaba a través de la ventana. El sol se perdía entre las espesas nubes negras, el viento soplaba furioso arremolinando las hojas secas que recogía del suelo, su ir y venir era tan brusco que hacía a los mismos arboles temblar de miedo, susurrando lamentos…

Al salir de inmediato sentí aquel frio que llega hasta los huesos, haciéndolos crujir cual rama vieja. Apenas podía moverme, paso a pasito, pero mi hija saltaba como conejo, de aquí para allá, entonces noté algo aún más extraño que el clima, y es que no había gente en las calles, ni un auto, tampoco vi algún perro o gato de esos que solían vagabundear por el vecindario.

Seguí caminando tratando de encontrar alguna señal de vida y en un momento me sentí tan asustada que pregunte a mi hija:
¿Estas segura que no prefieres un chocolate caliente?. Pero ella no respondió; volteé de inmediato y tampoco estaba a mi lado, tal vez quería jugar a las escondidillas pero yo no tenía humor, además ese no era el lugar, así que la llamé a gritos, con más preocupación que enojo, sin embargo, ella no respondió. La desesperación comenzaba a invadirme el cuerpo y la mente, el viento parecía actuar a la par de mi estado anímico, soplaba más fuerte, se volvía más frio, azotaba puertas y ventanas y también gemía conmigo.

De pronto me sentí algo tonta por mi ataque de pánico, tal vez ella había regresado a casa, ni siquiera alcanzamos a doblar la esquina, pudo volver por su abrigo. Así que fui de regreso también. Al abrir la puerta efectivamente ahí estaba ella, con su linda sonrisa chantajista de cuando se le ocurren travesuras, corrí a abrazarla como si no la hubiese visto en mucho tiempo, su cercanía me hizo hasta derramar las lágrimas, la apretaba muy fuerte, no quería soltarla, pero su cuerpo estaba gélido, me levanté rápido para ponerle su abrigo, y me quedé pasmada al no encontrar su reflejo en el espejo.

No entendí lo que estaba pasando, podía verla perfectamente justo frente a mis ojos, pero al voltear al espejo ¡nada!; ella notó mi preocupación, de inmediato pregunto: —Mami ¿qué pasa?, no quise asustarla, además ni siquiera sabía que decirle, así que solo la abracé, la abracé como nunca, con todas mis fuerzas… en un instante ella dijo:
—¡Basta mami!, me estas mojando—, por un momento pensé que se quejaba de mis lágrimas, pero también sentí la blusa empapada, la separé de mi con un solo movimiento, y vi llena de horror que ambas estábamos cubiertas de sangre, pero era de su pecho de donde brotaba. Las dos entramos en pánico, yo le aseguraba que todo estaba bien y ella quería saber lo que estaba pasando.

En un momento, sus piernas se quedaron sin fuerza, la tomé en mis brazos para que no se golpeara al caer y terminamos en el suelo, poco a poco mis brazos sentían menos peso, y su cuerpo se fue desvaneciendo ante mis ojos, la cabeza me daba vueltas, no comprendía, ¿qué estaba sucediendo?, ¿qué le pasaba a mi hija? sentí que mi cordura salía por la puerta, en mi mente revoloteaban mil imágenes, sonidos y pensamientos, los cuales me hicieron recordar que mi hija murió, y era la razón por la cual me encontraba deprimida.

cuento de terror largo la Niña del helado

Quise apretarla fuerte con mis manos para que no se me fuera de nuevo, pero era tarde, ella se había desvanecido por completo. Ahora espero con ansia los días nublados y con viento, porque tal vez ella vuelva a cruzar por la puerta pidiéndome un helado.

El gato en la habitación

Así nada más, en una tarde común y corriente, la gente tuvo que dejar atrás la costumbre de abrir las ventanas de casa, pues un gran número de gatos llegaron al vecindario y se instalaron como si siempre hubiesen habitado ahí. No molestaban mucho durante el día, pero por las noches el incesante maullido colectivo, sus jugueteos entre los árboles, y la horrible manía de meterse en los hogares, mermó la paciencia de muchos. Pero, aun así, nadie intentó jamás herirlos.

Bastaba con cerrar las ventanas, así tanto los gatos como el ruido se quedaban fuera, solo algunos distraídos olvidaban por completo las medidas de contención para sus nuevos vecinos, y tenían que levantarse a media noche para sacarlos a escobazos de sus casas. Así le sucedió a Roberto, cuando sus padres no estaban de muy buen humor, y escucharon ruidos estando ya en la cama. De inmediato lanzaron un grito al joven, para que sacara al gato, pues era el único que seguía pasando por alto las instrucciones de mantener todo cerrado.

Roberto siguió los ruidos, hasta llegar bajo la cama de su hermana menor quien dormía plácidamente, metió la escoba y la sacudió por un rato, esperando que el animal saliera por el otro lado, pero como eso no resultaba, haló la barredora, y se encontró con una sorpresa… un hombrecillo arrugado de ropas desgarradas hundía furiosamente sus dientes en el cepillo, luego levantó la cabeza, y clavó su mirada en el chiquillo, que aún no podía entender lo que estaba pasando, solo estaba ahí, tumbado en el suelo, sujetando el escobón y mirando incrédulo al duendecillo, mientras este se acercaba cautelosamente hasta tomarle el pie y propinarle una fuerte mordida, a la que le siguieron un par más, en cuestión de segundos le había arrancado el dedo gordo y jugueteaba muy feliz con él, luego subió a la cama, para hacer lo mismo con la pequeña, pero en ese mismo instante, un par de gatos le saltaron encima; entre maullidos y chillidos, las gotas de sangre volaban, algunas aun pegadas a pedazos de carne.

Tras el escándalo, los padres se despertaron y fueron corriendo hasta la habitación de su pequeña, pero antes de que pudiesen llegar, una colonia de gatos se atravesó frente a ellos, se abalanzaron sobre la niña, y horrorizaron a los presentes con aquel espectáculo tan sangriento en el que parecía devoraban a la chiquilla.

Arremetieron en golpes contra ellos, pero se dieron cuenta que su hija estaba bien, sana y salva, sin un solo rasguño, la furia de los animales era en contra del pequeño hombrecillo, del cual no quedaron ni rastros. Lo despedazaron y devoraron antes de que le hiciera daño a la niña.

Y realmente, eso era lo que hacían noche tras noche, al entrar en las casas.

Cuento de terror El gato en la habitación

Nadie supo de donde vinieron los hombrecillos, pero agradecieron que los gatos hallan llegado para salvarlos. Ahora la costumbre de dejar las ventanas abiertas ha vuelto, no se sabe cuándo se necesitaran los servicios de un gato en la habitación.

Advertencias

Ismael Lopez, veía los signos, cada que salia de su casa, rumbo al trabajo, como si entre ellos, le quisieran decir algo, no lograba descifrarlos, pero sabia que no era casualidad, en el cielo, nubes que formaban signos de interrogación, en los prados cosechas que formaban otros cuantos signos que no sabia que eran, pronto lo sabría, eran Advertencias.

Era como si algo o alguien le avisara que algo malo estaba por ocurrir, pero se preguntaba constantemente, por que a el, un tipo solitario que no tenia ni perro que le ladrara, y que pasaba penurias con lo mas básico en el hogar.

No era un héroe, ni siquiera era religioso, pasaba por la vida, sin ser notado por nadie, hasta que estas advertencias llegaron, sabia que algo malo sucedería, ya que al principio, hasta risa le sacaba las constantes situaciones, pero ya eran muchas para ser casualidad.

Ahí fue cuando al llegar a su casa, vio dentro de ella a una persona alta, quiso hablar a la policía, pero la curiosidad, le gano y entro a la vivienda, solo para darse cuenta que no era una sola persona, que eran varios, y ni siquiera eran personas, eran ángeles.

Pero de que se trata todo esto, que hacen en mi casa? Pregunto Ismael a todos los que se encontraban en su hogar, todos en ese momento tenían gabardinas, y el mas alto de ellos, se la quito, ahí fue en donde se dio cuenta que era un ángel.

Queremos que nos ayudes, el apocalipsis pronto llegara y tu que eres neutral en lo religioso, queremos que seas parte de nuestro séquito, no somos partidarios ni de satanás ni de dios, queremos que la poblacion se nos una y tu seras nuestra voz.

Ismael, no podía creer lo que sus ojos veían, sabia que no era un sueño y que ahora todas esas señales tenían una razón, se habían estado comunicando por meses, pero nunca relaciono, ¿pero que podría hacer Ismael, por estos entes, tomaría partido por ellos, o se volvería religioso y pondría su fe en dios?

El ángel le dijo, se leer el pensamiento y te puedo decir, que lo único que harías por nosotros seria crear una religión, para que nos veneren solo a nosotros, como lo hacen a dios, nosotros te recompensaremos con un lugar privilegiado, en nuestro mundo, y seras el rey de esta ciudad, así como llegamos contigo, hemos llegado a varias otras ciudades, y todos dudaron por un tiempo, pero aceptaron al final, dime ¿que decides tu?

Decido, que seré fiel al único dios.- Respondió Ismael, entonces la cara del ángel angelical, se volvió demoníaca, y saco un sable con el que quiso matar a Ismael, pero dios lo protegió, expulsando de ese lugar a todos los ángeles rebeldes, y protegiendo a su fiel seguidor, fue entonces que Ismael cayo de la cama, había tenido un mal sueño o una pesadilla, y su vida como la conocía, siguió, lo único que desde ese día, se volvió religioso y su fe proclamo, salio rumbo a su trabajo, mirando hacia el suelo, claramente vio la sombra de las alas de un ángel aleteando cerca, pero al voltear al cielo, nada fuera de lo normal observo.

De nuevo dios lo había defendido, sin que Ismael lo notara, ya que ahora era un hijo de dios.

La carroza de la muerte

Rodrigo era un verdadero patán con su madre, habiendo aprendido esa actitud de su padre, tenía todas las tablas, una de las tantas noches que se le ocurrió llegar borracho a casa, fue a curar la embriaguez con su pobre madre, una señora ya muy acabada, no por la edad, si no por los malos tratos de la vida y el trabajo duro. El muy desconsiderado llegó borracho, gritando, pateando y maldiciendo, le echaba en cara a la pobre vieja lo mucho que había tardado en morir. Los vecinos escucharon un poco de la discusión y a sabiendas de lo indefensa que estaba la mujer, ellos mismos se encargaron de echarle al mal hijo fuera de la casa.

Al siguiente día, las metiches y chismosas del barrio, hicieron su reunión obligada en la esquina de la calle, para contarse a unas a otras mil versiones diferentes de la misma historia, pero solo una de ellas, crispo los pelos de los demás. La más persignada santurrona del grupo, dijo que había escuchado transitar por las empedradas y angostas calles a la mismísima carreta de la muerte. Aquella a la que no le rechinan las ruedas, si no que se oye en cada vuelta el lamento de un alma torturada.

Estaban todas muy consternadas, cuando Rodrigo aun hundido en su borrachera, apareció para seguir el escándalo, pateaba la puerta de la casa reclamando a su madre haberlo ido a buscar hasta la casa de su compadre donde se había quedado. Pero eso no era del todo cierto, ya que después de la escena del día anterior, la vieja había quedado en cama, y era hora que no se levantaba.

Fue entonces que el grupo de las chismosas le advirtió el peligro que rondaba por las calles, pues cuando la carroza de la muerte anda cerca, no se debe salir a la calle, y él tan acostumbrado a la vagancia, fácilmente podría ser confundido con la persona que la muerte andaba buscando y ganarse un corte de su guadaña. Pero así como era el chico de briago, también lo era de incrédulo e irreverente, y solo se rio de las viejas gallinas y sus supersticiones.

Por la noche cuando todos se había atrincherado ya en sus casas, por si o por no, uno nunca sabe, lo único que se escuchaba por las calles, era la fiesta del borrachín Rodrigo, cantaba muy alegre, bien fuerte para que todos lo escucharan, pero de pronto un horrible grito horrible rompió el silencio de la noche nerviosa, un viento fuerte sopló y abrió de una todas las puertas y ventas de las casas en esa calle.

Rodrigo corría con la quijada desencajada y entonando aun aquel lastimero grito. Quienes pudieron verlo de cerca, dijeron que llevaba una mueca de terror en los ojos, pero no quisieron averiguar más ya que a muy corta distancia se oían los conocidos quejidos de la carreta de la muerte, hasta podía sentirse el calor del fuego que los caballos llevaban en sus fauces.

cuento de terror - La carroza de la muerte

Dicen que encontraron a Rodrigo en el portal de la casa de su madre, había rascado la puerta queriendo entrar, pero la pobre vieja estaba en cama por su causa, si él no hubiese sido tan grosero, ella seguramente lo hubiera salvado aquella noche.

Huéspedes malditos

Se mudaba la familia con mucha ilusión a una derruida casa, la cual a pesar de su mal estado, significaba mucho para ellos, ya que esto les abría las puertas a una nueva vida. En su primera noche, por fuerza de la costumbre, se acomodaron los seis hijos en el mismo cuarto; aquel con un gran árbol junto a la ventana. Aunque la emoción de su nuevo hogar era mucha, mayor era el cansancio y cayeron todos dormidos.

Cercana la media noche, un ruido constante y rítmico, despertó al padre; él fue directo a la habitación de los chicos con intención de reprenderlos por seguir despiertos, sin embargo, no fue capaz si quiera de llegar a la puerta. A la mitad del pasillo, la luz de la Luna fue suficiente para revelarle la figura de una persona colgada en el centro del cuarto, meciéndose aún, y chocando sus flácidos pies contra la pared.

Pensando en no alarmar a su familia, quiso tragarse las emociones, pero la idea de que el colgado fuera alguno de sus hijos, le sacudió el cuerpo, sin ser capaz de contener los gritos. Los chicos saltaron alarmados ante aquellos alaridos y uno de ellos encendió las luces mientras los demás se abrazaban temerosos.

Ya con la habitación iluminada, la temible silueta pendiendo de una soga había desaparecido, y el señor se fue calmando de a poco. Igual esa noche, les prohibió quedarse ahí, los llevó consigo al cuarto contiguo, donde pasó toda la noche en vela, nervioso, comiéndose las uñas y desesperado porque amaneciera.

Pero quería el destino que la noche se tornara eterna, y el pobre hombre angustiado escuchara retumbar en sus oídos, aquellos pies golpeando el muro. Cuando reunió valor para presenciar la escena de nuevo, fue a investigar, pero en esta ocasión, el escandalo lo provocaba un joven debilucho y malhumorado, abriéndole la cabeza a una chica con un bate.

Esta vez, el señor tenía la calma suficiente para encender la luz, logrando que aquellas visiones se fueran; entendiendo también, que esto era una solución temporal. La cual al paso de los minutos resultó mala idea, pues los espectros se trasladaron hasta la habitación que ahora ocupaban. Una anciana cargando un hacha, y arrastrando un bulto sanguinolento, atravesó el portal, y bañó de sangre los cuerpos de los niños que dormían en el suelo. Horrorizado, el hombre encendió la luz, el espíritu desapareció junto con su víctima y llevándose sus rastros. En un arranque de aparente locura, el individuo fue iluminando cada rincón, ante las miradas confundidas de sus familiares.

Noche tras noche sucedió lo mismo. Las macabras escenas de muerte se presentaban cerca de las doce, a veces el hombre alcanzaba a iluminar toda la casa a escondidas de su durmiente familia, pero en otras se veía envuelto en esa terrible historia de terror la cual no comprendía, pues según le dijeron en esa casa habitó una dulce anciana acompañada de un enfermizo y agradable nieto. Pero, solo se conoce de verdad a las personas cuándo se vive con ellas, sin importar que ya pertenezcan al mundo de los muertos.

Historias de terror Huéspedes malditos

Eso solo lo dejaban con opciones: llevarse a su familia de ahí o aprender a convivir con sus huéspedes malditos.

El Hospital de la Luz

El hospital de la Luz era una institución privada de mucho renombre en la localidad, muchos jóvenes a punto de graduarse e incluso profesionistas con varios años de experiencia buscaban un lugar en sus instalaciones. Conseguir formar parte de ese equipo se complicaba bastante y fue por eso que a muchos le sorprendió el hecho de que Nayeli una perezosa estudiante de enfermería estuviera a punto de convertirse en auxiliar de enfermeras en el turno nocturno.

Su tarea no parecía muy complicada y mucho menos necesaria, había ocho enfermeras de guardia por piso, y una más sonaba ridículo, por lo cual los rumores empezaron a extenderse, argumentando que posiblemente era amante de algún doctor y que estaría ahí solo un par de días para cumplir su capricho. En base a esto el personal tomo la sabía decisión de mantener con ella una relación estrictamente profesional, ensenarle de la mejor manera, para no tener problemas que después pudieran afectar su trabajo.

En el primer día que Nayeli se presentó a su empleo, tenía como única responsabilidad el seguir a las enfermeras residentes para aprender de ellas. Hubo un momento en que todas se ocuparon en algo dejando a la nueva integrante sola en la estación de enfermeras de su piso, todo estaba tranquilo hasta que el silencio se rompió con unos quejidos repentinos que avisaban el dolor insoportable que alguien estaba sufriendo. La joven de inmediato fue hacia la habitación del final del pasillo, de donde provenían tales gritos, había girado ya la perilla de la puerta dispuesta a entrar, cuando fue detenida por una mano que rodeaba la suya apretando fuerte e impidiéndole abrir la puerta. Era una de las enfermeras mayores la que intervino, y mientras la llevaba hasta la central de enfermeras le decía: – Ahí no tienes autorización de entrar, el paciente de esa habitación es muy especial y solo una persona lo atiende – un poco desconcertada Nayeli ahondo en el tema: – Pero es que esta gritando mucho, y no había nadie más para atenderlo – la otra enfermera insistía: – No te preocupes criatura, ahí ya no hay nada que hacer, el sufrimiento que ese hombre tiene no puede ser mitigado, y menos por nosotras… así que abstente de entrar ahí para que no vayas a causarnos problemas a todos -.

La explicación no fue suficiente para Nayeli quien fue a la habitación en cuanto se dio la oportunidad, giraba la perilla lentamente tratando de evitar el ruido, de cualquier manera no podría haber sido escuchada, pues los gritos del hombre retumbaban en todo el piso, incluso la joven podía sentir vibrar sus manos al posarlas sobre la pared buscando el apagador, lo accionó varias veces pero no encendía, la escasa iluminación del pasillo formaba una penumbra, en medio de la oscuridad se distinguía a una persona sentada en un grueso sillón de espaldas a la puerta. – Señor necesita ayuda – decía al mismo tiempo que con cautelosos pasos se introducía en la habitación, pero no obtenía respuesta alguna, avanzó hasta posarse justo detrás del sillón, con su mano extendida tocó el hombro de quien permanecía sentado en la silla, en ese instante un leve cosquilleo le invadió la extremidad, hasta cubrirla por completo, sus gritos fueron apagados por un manojo de venas rojizas palpitantes que invadían su cuerpo, estaban por toda la habitación como si tuviera vida propia, cubrían por completo el suelo y caminaban por la paredes.

Los ojos de Nayeli se abrieron por completo cuando el hombre sentado en la silla se puso de pie, aunque ella estaba suspendida a más de medio metro del piso por aquellos brotes venosos, aun tenía que voltear hacia arriba tratando de buscar el rostro de quien se erguía sobre ella, en fugaz destello de luz la figura se iluminó dejando ver una cara desgastada y siniestra que portaba una sonrisa tan marcada que le partía las quijadas en dos, sus ojos tan negros e inexpresivos carentes de alma observaban detenidamente a Nayeli, quien pataleaba aun tratando de liberarse de aquella atemorizante vivencia. Sus esfuerzos fueron en vano, con un simple toque de la mano del extraño selló su boca para siempre, borrándosela del rostro como si hubiese nacido sin ella, también le apagó los ojos, dejando en su lugar un par de cuencas ensangrentadas que mancharon el rostro lleno de angustia de la joven mujer.

Cuentos de terror El Hospital de la Luz

Cuando una de las enfermeras salía de la habitación más cercana pudo ver el umbral entre abierto, con gritos desesperados llamó a las demás, pero Nayeli no hizo acto de presencia, tras llamarla un par de veces a través de la entrada a una distancia considerable no tuvieron respuesta. Pero pudieron comprobar que ella se encontraba en la habitación después de que la puerta se azotó cerrándose fuertemente, y fue deslizado por debajo el gafete de la muchacha. Esa noche no hubo más gritos, por lo cual ahora se cuenta en ese hospital que el espíritu de aquel hombre tan malo que había quedado atrapado en ese lugar después de morir en total agonía años atrás, había sido complacido con el hecho de tener quien lo cuidara por toda la eternidad.

La Fonda de Tete

Muchos hechos de la vida real con un poco de imaginación logran convertirse en grandes cuentos de terror como el que puedes ver a continuación.

Teresita era la tercera que atendía la fonda de su abuela, al morir la viejecilla se la heredó a su hija y esta a su vez al caer enferma le cedió a su hija el honor de continuar el negocio familiar. Aunque Tete seguía al pie de la letra todas las indicaciones de su madre no lograba despuntar, se fueron perdiendo clientes y se vieron de pronto en unos meses pidiendo prestamos al banco para sacar la fonda adelante y poder también sobrellevar la enfermedad de su madre.

La casa y el local estaban en el mismo predio, así que lo perderían todo si no devolvían los ingresos a la época de oro de la famosa fonda de Tete. Solo esperaba la visita del representante del banco en cualquier momento para embargarle, él apareció un día sin avisar, cuando Tete había cerrado y preparaba el local para el siguiente día. Platicaron por unos momentos, sin llegar a una solución, el tramite era simple, “Me paga o la embargo”, le decía el hombre.

Tete muy decaída acompañaba al hombre a la puerta cuando escuchó la voz de su madre avisándole que iba hacia allá, la chica entró en pánico, pues a su madre no le caería nada bien la noticia de que estaban a punto de perderlo todo… tomó entonces un palo grueso de madera con el que extendían las tortillas y le dio en la cabeza al hombre, este cayó de inmediato bañado en sangre con una herida muy grave en la cabeza, Tete lo deslizó detrás del mostrador, antes de que su madre entrara, pero sin deshacerse de la mancha de sangre la madre entró, -¿Pero qué hiciste hija?- dijo la señora un poco impresionada al ver aquel charco, la chica se quedó muda y helada por unos instantes de absoluto silencio –Nada mamá, tire toda la lata de puré de tomate, mañana la repongo sin falta-,-Esta bien, pero apúrate a limpiarlo porque si no va a manchar el piso-,-Esta bien mama, espérame en la casa- Muy asustada y sin saber qué hacer con el cuerpo, lo dejó ahí y fue a casa a dormir a su madre, cuando esta pegó los ojos, Tete volvió a la fonda, corto al hombre en pedazos, y los guardó en el congelador, pues era más fácil deshacerse de el por partes que todo completo.

Al día siguiente, sin dinero en la caja, sin carne para comenzar a cocinar, tubo la genial idea de echar mano del desagradable hombre de la noche anterior, –Que sirva de algo el muy…- preparó varios guisos con él, que encantaron a los comensales que aun le seguían fieles, estos volvieron a hablar maravillas del lugar y esa misma semana estaba lleno de nuevo.

Las cosas no pudieron salir mejor, un nuevo representante del banco la visitó, diciéndole  que había malos manejos en su caso, que al anterior encargado tenía deudas de juego y presionaba a los clientes sin avisarlo al banco, que seguramente ya lo había ajusticiado.

cuento de terror La Fonda de Tete

Sabiendo que nadie buscaba al sujeto, le sacó todo el provecho que pudo, antes de terminarse el cuerpo, consiguió uno nuevo, un extraño sujeto que siempre comía ahí, pero no tenía familia, así durante mucho tiempo, investigando a sus clientes entre platicas, fueron incluidos en el menú y la fonda de Tete volvió a brillar.

Tormenta eléctrica

En una pequeña habitación rosada una niña dormía profundamente, hasta que fue interrumpida por un leve golpeteo en la ventana, escuchaba un “clack,clack” intermitente que le robó la paz, se despertó para darse cuenta de mas ruidos que la rodeaban, pareciera que las puertas se abrían y cerraban con fuerza, cimbrando la construcción de madera en la que vivía, las ventanas temblaban como si tuviesen frio, y el cielo empezaba a brillar, tronando tan fuerte que le impedían a su padre escuchar los gritos que lo llamaban con desesperación.

La niña no quería moverse de su cama a pesar de la gran necesidad de correr a brazos de sus padres, pues el miedo a todos aquellos sonidos era mayor, de pronto la puerta se abre lentamente entre rechinidos en medio de la oscuridad, una sombra delgada, y de cabello largo le llama hacia la puerta, mientras la niña pega un grito de susto, la madre enciende la luz para dejarla ver que es ella quien le habla.

Después de tremendo susto se van a la habitación donde el padre las espera con un fuerte abrazo para calmarlas. Los 3 se meten en la cama a dormir, la niña no podía conciliar el sueño, así que su madre fue a prepararle un vaso de leche tibia, después de beberlo tardo un poco en quedar dormida, para entonces la pareja había perdido el sueño, aprovechando que la pequeña estaba dormida, fueron a tomar una copa de vino a la estancia en la planta baja.

El mismo “clack,clack” despertó a la niña, pero esta vez sin miedo, pues su padre le explicó que todos esos sonidos venían de una tormenta eléctrica, ella más tranquila intentaba cerrar los ojos de nuevo, cuando volteó hacia la ventana, vio parado junto a ella a una sonriente figura que no podía definir, no se veía como ella, era oscuro, sin cara, sin ojos, se veían sus manos, pero no los dedos. Ella se acercó para preguntarle quien era, pero no obtuvo respuesta, en su lugar, aquello se movió hacia enfrente donde la luz de la ventana lo iluminó. Parecía una persona, pero muy diferente a las que ella conocía, su ropa estaba vieja, rasgada, el cabello se le caía con el leve viento, su cara estaba seca, con solo un par de dientes en la boca, sonreían demasiado, sus enormes ojos blancos saliéndose de la cuenca, asustaron un poco a la niña, pero antes de que ella pudiese gritar, el espectro, se elevó por los aires empujándola hasta la pared.

Infló su cabeza tanto como para darle una mordida en todo el lado derecho del cuerpo, como si quisiera comerla, en ese instante sus padres que venían ya en camino por el fuerte ruido entraron a la habitación, el hombre al ver que aquella cosa mordía a su hija, se fue en su contra, metiendo su manos entre las mandíbulas logró liberar a la pequeña, y se quedó forcejeando con la aparición mientras su familia se ponía a salvo.

Sin saber que era, ni porque estaba ahí, el señor luchaba por el bienestar de su familia sin poder hacer mucho, ahorcaba a la criatura, pero esta no reaccionaba, la golpeaba pero no parecía dolerle, hasta que dio, con el punto, de arrancarle de a poco los pedazos. Tomó entre sus manos los ojos colgantes de la aparición, los arrancó con fuerza, lo tiró al piso y haciendo palanca con sus piernas le arrancó los brazos, la criatura emitía un sonido con el de la grasa al arder en el fuego, y corriendo se arrojó por la ventana, los brazos arrancados fueron detrás de él, igual que sus ojos.

Cuento largo de terror Espectro

Aun con la duda de lo sucedido, tomaron como costumbre no separarse ni un instante durante una Tormenta eléctrica.

La Primera noche de Brujas

Andrea con apenas cinco años estaba ansiosa por disfrutar de su primera noche de Brujas, su hermana mayor le había contado que podía ser lo que deseara, saldrían de noche y la gente les regalaría tantos dulces que no se terminarían en meses. Con estos antecedentes la niña contaba las horas y apresuraba a su madre con el disfraz de hada para poder emprender su gran aventura.

La noche tan deseada por fin llegó, junto a su hermana mayor, de nueve años y sus padres detrás, comenzó por el barrio a pedir dulces con la frase de batalla “Dulce o Truco”, se asustaba un poco al ver los disfraces de los niños mayores, que eran más aterradores, monstruos, muertos vivientes, gente herida, vampiros, etc. Una gran gama de criaturas salidas de las peores películas de horror o pesadillas.

Después de que su padre le mostrara que todo aquello no era más que disfraces como el suyo, que debajo de ellos estaban algunos de sus amigos continuó su recorrido. Apenas llevaba una calle para cuando su canasta se había llenado, su madre vaciaba el contenido en una bolsa y así Andrea iniciaba la recolección de nuevo.

Al llegar a su casa, la pequeña se encerró en la habitación, con todos sus dulces alrededor, no encontraba por cual comenzar, comió y comió cuanto pudo, estando tan entretenida en ello que no pudo notar que flotaba algo que se podía ver a través de la ventana. Parecía ser una viejecilla, de largas ropas negras, con la cara muy arrugada, tan reseca como la tierra de sequia, su fea nariz colgaba en su cara como un pedazo de trapo viejo, las pobladas cejas sobre sus blancos y fibrosos ojos le daban un aspecto de maldad desmedida, su macabra sonrisa dejaba ver solo un par de dientes podridos, y las enormes verrugas de su cara eran poco visibles entre el aliento verde que exhalaba.

La viejecilla miraba a la niña con un deseo constante, se saboreaba, lamiendo sus labios con aquella lengua que parecía de piedra, se acerco a la ventana para tocar suavemente con sus afiladas y oscuras uñas, la niña se impresionó al verla, pero recordando lo que su padre le había dicho de los disfraces se dirigió a la viejecilla –Tu disfraz es muy feo, ¿ganaste muchos dulces con eso?- a lo que la figura flotante respondió –Tengo muchos y de los mejores, ¿Intercambiamos?- de manera perversa sonreía mientras le mostraba a la pequeña una bolsa llena de sus golosinas preferidas.

Andrea la invitó entonces a pasar, sentadas las dos frente a frente la niña dijo – ¿Y qué es lo que vas a querer?, los ojos de la viejecilla brillaron de triunfo, se levantó de súbito de su lugar, para clavarle las feas uñas que semejaban garras a las ropas de la pequeña, inmovilizándola contra el suelo, mientras metía una manzana en su boca para callar sus gritos le respondió –Jugaremos a morder la manzana y después comeré mi golosina favorita-. Transcurridos unos minutos, la viejecilla mordió a la niña una y otra vez, y con cada bocado, su seca piel se volvía más tersa, hurgando entre las carnes de la pequeña le robó hasta el último aliento.

La Primera noche de Brujas

Sin poder recuperar aun su buena apariencia, voló por la ventana en busca de una golosina más… no hay que olvidar que como su nombre lo dice “Noche de Brujas”, es una celebración para que ellas se diviertan y ¡se den un festin!.

El Mono Verde

Lucia y Joaquín tenían una hija de apenas unos meses de edad, cuando se mudaron a su nueva casa, desde el momento en que llegaron notaron una nueva actitud en la bebe, y es que se quedaba mirando fijamente a un punto en especifico, después sonreía y parecía seguir algo con la mirada, de un lado al otro, volteaba , señalaba. No pusieron mucha atención al hecho pues les decían que los bebes están conociendo el mundo y se sorprenden con todas las cosas.

Paso así el tiempo, cuando la pequeña tenía más de un año, y la actitud seguía siendo la misma, con algo extra, en esta ocasión, jugaba con alguien, pasó así el tiempo, hasta que aprendió a hablar, y solo podían escucharla decir –ahí, ahí, ahí está-, hasta que por fin tubo edad suficiente los padres le hicieron la pregunta directa –¿Quien está ahí?- a lo que la aun niña respondió: -El Mono Verde-, de ese día las cosas cambiaron un poco, se quebraban las ventanas, los vasos y platos en la cocina, los espejos del baño, perfumes, las revistas amanecían deshojadas y rotas, por lo cual culpaban siempre a la niña, y ella simplemente decía: –El Mono Verde lo hizo porque está enojado conmigo y quiere que me castiguen-, y así sucedía, la niña era castigada en su habitación, pero las cosas no dejaban de suceder, sabanas desgarradas, paredes arañadas, hasta un terrible día, en que el dinero de la cartera de su padre apareció cortado en pedacitos, con un rastro muy obvio hasta la habitación de la niña, por más que ella insistió en que el mono verde lo hizo en venganza porque se negaba a seguir jugando con él, sus padres no le creyeron, a pesar de que ella lucia muy sincera al decir que le estaba pidiendo hacer cosas malas.

La encerraron en su habitación, poniendo una silla para atrancar la puerta y que no pudiera salir, los gritos de la niña eran demasiado fuertes y desesperados, imploraba que la dejaran salir, pero nadie la escucho, al próximo día en cuanto abrieron la puerta, el cuerpo de la niña se desvaneció en los pies de sus padres, había hecho un hoyo en la puerta por la desesperación, sus uñas estaban incrustadas en la madera, al igual que la carne de sus dedos, rascó con tanta fuerza que se le podían ver los huesos, y en su espalda, cientos de heridas que parecían haberle convertido la piel en bata, aterrorizó a sus padres que corrieron con ella al hospital.

Estuvo internada varios días sin mejoría, los padres se turnaban para cuidarla, una noche en que la madre fue a su casa por ropa limpia, encendió una veladora en el cuarto, a petición de la abuela de la niña, de rodillas en medio de la habitación, antes de levantarse vio a través del humo un pequeño bulto en una esquina, pero cuando no había humo de por medio, no podía verlo.

Se acercó con la veladora en mano, hasta el bulto, y este al verse descubierto le saltó encima, desgarrándole el rostro, entre la lucha, podía ver que el Mono Verde la atacaba sin piedad, con unas púas que salían de todo su cuerpo, que se metían por la piel como gusanos, y luego de un fuerte tirón arrancaban toda la carne, dejando el cuerpo en los puros huesos.

Tras la tardanza de su esposa, el marido llegó unas horas después, cuando la encontró moribunda en la habitación, con su último aliento ella le dijo: -El Mono Verde lo hizo…- entonces el hombre sintió que su pierna era succionada por algo, volteó rápido pero era ya demasiado tarde, el mono verde siguió tragándolo… lo tragó completo, tras unos minutos expulsó por su gran boca solo huesos…

Cuento de terror El Mono Verde

Mientras en el hospital la niña despertaba y le decía a su abuela, -El Mono Verde…se comió a tu hijo-. Ella pasa desde entonces sus días en una mecedora, en la casa de sus abuelos, repitiendo una y otra vez –El Mono verde lo hizo…-

12 uvas, 12 deseos

Como tradición en algunos países del mundo al celebrar la entrada del año nuevo, se consumen 12 uvas, una por cada campanada del reloj, y acompañada de la petición de un deseo. Posiblemente para muchos no tenga la mas minina importancia pero hay quienes viven aguardando este momento, poniendo tanto ímpetu en su realización, y esperando se cumplan todos sus deseos.

Fue lo que sucedió en aquella ocasión, cuando Laura pasaba su primera fiesta de fin e año con sus suegros. En la mesa había pequeñas bolsas de regalo, con una lata de uvas, las doce exactamente, una etiqueta en los cordones de la bolsa tenia bien marcado el nombre de su dueño, quienes eran justo los invitados a la fiesta.

Convivieron en familia tratando en todo momento de incluir a Laura dándole la bienvenida, la muchacha estaba por demás contenta, no se parecía en nada a las caóticas celebraciones en su casa, así que de inmediato estuvo en ambiente.

En un momento en que pasaba hacia la cocina, por accidente movió la mesa y algunas latas salieron de su bolso, antes de que se dieran cuenta los demás, las devolvió de prisa, sin importarle si era el orden correcto, para ella todas las latas eran iguales así que no tenía la menor importancia donde las pusiera. Fue así que continuaron con la fiesta por largo rato más hasta acercarse las doce de la noche. Una pequeña le entregaba a cada quien su bolsita, y acto seguido vaciaban el contenido de la lata en una copa, con cada campanada una uva, con cada campanada un deseo…

Como era la primera vez de Laura ella simplemente dijo para sí misma lo que le venía a la mente, un abrigo nuevo, un auto nuevo, el teléfono de moda, un perfume carísimo, mejor sueldo, vacaciones, mucho amor, que mis suegros me adoren, que no conozcan a mi familia, que me adopten en sus vidas, que no puedan vivir sin mí, y siempre estar con ellos.

Y así comenzó el año, justo antes de retirarse a su casa, una de sus cuñadas le derramó vino en su abrigo y le ofreció el de ella, camino a casa tuvo un accidente, no fue algo de gravedad, pero ya que el otro conductor estaba pasado de copas y había tenido problemas en el pasado por la misma causa, para evitar ir a la cárcel la convenció de olvidar todo a cambio de reponer su auto, y así fue que todos sus deseos se iban cumpliendo en menos de una semana. Fue de vacaciones y al regresar su novio la esperaba con muchas ganas, la llenó de amor por varios días, hasta el punto de asfixiarla, él solo quería tenerla en su casa, con el pretexto de que los suegros la adoraban y no querían separarse de ella ni un momento.

Estaba un poco fastidiada con la actitud de su familia política, pues se habían inmiscuido en su vida hasta el punto de que una noche, mientras ella dormía, se le fue el sueño por sentirse observada, en medio de la oscuridad distinguía unas siluetas en la orilla de su cama, como haciendo guardia, llena de susto y con manos temblorosas pudo encender la luz para darse cuenta de que sus suegros custodiaban su cama, estaban cuidándole el sueño…

Por unos días se alejó de ellos, fue a casa de sus padres, justo en la primera noche de su visita, un grito desgarrador se coló entre las paredes, corrió de prisa hasta la cocina de donde venían los gritos, su Padre estaba tirado en el piso, retorciéndose, con las manos apretando el pecho, su madre en una esquina amordazada, se apresuró a liberarla pero no hubo oportunidad, en un parpadeo, desde la parte más oscura del comedor, dos pequeñas siluetas se abalanzaron contra ella haciéndola perder la razón, cuando volvió en sí, sus padres habían muerto, a manos de su nueva familia, quienes la llevaron consigo a una cabaña en el bosque.

Por su propia supervivencia continuó el juego, de estar contenta con su nueva familia, esperando el momento de conseguir confianza suficiente para lograr escapar, y así lo hizo en un par de días. Denunció el hecho con la policía, pero cuando ellos llegaron hasta el lugar, se encontraron con los cuerpos sin vida de toda la familia, se habían quitado la vida, dejando una carta que decía – El dolor de su partida es insoportable, preferimos mil veces la muerte que vivir sin ella -.

Fueron muchas noches en las que tenia pesadillas, veía a su familia política asechándola, revivía a cada momento la muerte de sus padres y sentía miedo de estar sola, pero desgraciadamente no tenía a nadie más en el mundo.

12 uvas, 12 deseos,cuentos de terror largos

Una tarde en el cementerio, frente a la tumba de su madre lloraba desconsolada por su triste desgracia, preguntándose – ¿Porque a mí? -, la tierra bajo sus pies tembló y de ella se desprendió una especia de humo que formó frente a ella un rostro que le dijo: – Porque así lo pediste, y es hora de cumplir el último de ellos, ¿Lo recuerdas? – la muchacha había perdido el habla por la impresión, pero se vio obligada a responder cuando un par de ojos rojos ardientes se encendieron en aquel rostro, titubeante y temblorosa ella respondió: – Siempre estar con ellos –, el rostro le sonrió al mismo tiempo que el humo se esparcía a causa de unas manos que lo atravesaban para sujetar a Laura con fuerza, esas manos pertenecían a sus suegros que habían vuelto por ella, para llevarla a estar siempre con ellos, así fuera en la misma muerte.

Te recomendamos:

{ 0 comments… add one }

Leave a Comment