Cuentos de terror muy cortos

Cuentos de terror muy cortos
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Una broma para lucy

Lucero Hernandez era una chica, que le encantaba hacer bromas pesadas a todos los conocidos y amigos, burlándose constantemente de las personas que eran agredidas con sus constantes chistes.

Eran ya años los que todos los amigos habían aguantado de la gran “Lucy” como le decían a la bromista, y decidieron que ya era hora de que pagara ahora ella, todas las que debía, juntas, para lo cual, se reunieron todas las victimas, para organizar un viaje a una cabaña, en la cual se llevaría a cabo la broma vengativa.

Una broma para lucy, que se convirtió en un cuento de terror, fue lo que paso, en cuanto llegaron al bosque, se empezaron a maquinar la broma para lucy, cuando llegaron al campamento, le dieron de beber una droga para que se quedara dormida, lo que lucy vio cuando despertó, fue toda una masacre, todos estaban con sangre, y cortes.

No sabia que pasaba, ¿que había sucedido? se preguntaba constantemente, de repente vio a una persona con un machete afuera de la casa, a lo que pensó que seria la siguiente en quedar en el lugar.

Llorando constantemente, y corriendo sin parar, al voltear hacia atrás vio a todos los amigos, en el pórtico de la cabaña, quedándose viendo a ella, pensaba que todo era una pesadilla, pero tenia que correr, sentía que el asesino estaba detrás de ella.

Cuando iba corriendo, un tropezón, hizo que cayera a la tierra, y lo ultimo que vio, fue la sombra del asesino a punto de matarla, lo que le provoco un ataque cardíaco, quedando muerta en el acto.

Después de esto, todos estaban atónitos, que la broma pesada, hubiera tenido nefastas consecuencias, con lo que dieron parte a las autoridades, el cuento de terror: una broma para lucy, se volvió su tumba.

Nadie fue enjuiciado por los hechos, ya que no dieron parte a las autoridades de todo lo acontecido, dejando la muerte de la mujer, sin justicia.

Se dice que desde ese día, en la cabaña, a todos los que se hospedan ahí, les juegan bromas pesadas, y que nadie quiere quedarse a dormir ahí.

Sobrevivir

Era cada noche la misma pesadilla; él despertando el medio del caos, confundido, viendo como las personas se atacan unas a otras con total locura, usando como arma hasta el elemento aparentemente más indefenso. Hombres mujeres y niños enfrascados en una sangrienta lucha con sus semejantes, en la cual las cabezas volando eran la imagen más blanda. Algunos se defendían hasta con los dientes, desmembrando a sus atacantes y disfrutando del sabor de sus entrañas.

Su pulso se agitaba, a causa de tanta angustia, la cual también ahogaba los gritos de su garganta y le robaba toda la movilidad del cuerpo, impidiéndole despertar. Mientras, la escena se repetía una y otra vez, hasta con sus seres queridos. Llegaba un punto en el que no podía más, sin saber cómo, lograba escapar de mundo de los sueños, y terminaba volviendo su miedo en el excusado. Se abrazaba a este buscando protección, o la fuerza para no caer dormido de nuevo.

Pero poco podía hacer… ya que todos los días, de una forma u otra tendría que descansar y quedaría nuevamente atrapado en aquella horrenda pesadilla.

Les contaba a las personas de confianza lo que sucedía, pero no podían hacer mucho por ayudarlo, aunque al menos lo intentaban dándole algunos consejos, que por supuesto, no tenían gran utilidad en su caso. Aquella pesadilla empezó a perturbarle la mente aun cuando se encontraba despierto, pues al ver a sus allegados, recordaba la horrible muerte que tuvieron en sus sueños, y no podía si quiera permanecer con ellos después de eso. Fue asilándose de a poco, hasta quedar completamente atrincherado en su habitación.

Salió solamente días después, cuando el estómago le exigió alimento. Pensó por unos instantes que seguía aun dormido, pues la pesadilla que tanto le atemorizaba, estaba replicándose en la cocina; su madre aún viva, estaba siendo devorada por su padre, mientras su hermanito menor, hundía una y otra vez un paraguas sobre el frágil cuerpo del atacante intentando detenerlo.

No importaba cuantas veces abriera y cerrara los ojos…estaba ya despierto… no era otra de sus pesadillas, era la vida real… el momento en que el apocalipsis zombie empezaba.

Cuento de terror Sobrevivir

Ahora solo había una cosa que hacer…sobrevivir.

La chica del cuarto frio

Era el primer día de trabajo de Alejandra como ayudante de chef en aquel famoso hotel, la enviaron al cuarto frio por suministros, el lugar era algo confuso para alguien que estaba ahí por primera vez, un enorme sótano lleno de largos pasillos con paredes blancas. Alejandra se perdió varias veces y todas ellas sentía que alguien iba tras ella, pero al voltear ¡Nada!.

Cuando por fin llegó, apenas había puesto un pie dentro del congelador, y la puerta se cerró bruscamente detrás de ella, haciéndola caer de rodillas por el golpe. Se incorporó rápido y vio a través de la empañada ventanilla, que alguien había cerrado la puerta por fuera y se alejaba de prisa.

Pensando que se trataba de su novatada, se mantuvo caliente esperando que los bromistas regresaran a sacarla, pero el reloj avanzaba, el frio le calaba y nadie venia, quiso llamar desde su celular pero por el material de las paredes ahí no había señal. Cuando se sentía algo desconcertada, alguien abrió la puerta del congelador, y la encontró temblando, -¿Pero muchacha que haces aquí sola?- le dijo la mujer que recién llegaba –Me cerraron la puerta por fuera y esperaba que me abrieran- respondió Alejandra, la señora la miraba algo sorprendida mientras la tomaba de la mano para sacarla de ahí – ¿que nadie te dijo que está prohibido venir sola acá?, desde que aquella chica quedó encerrada y murió de frio es una regla estricta que vengamos en pareja- la señora se disponía a cerrar la puerta, pero esta se atoró o al menos eso pensaron hasta que vieron por la ventanilla que alguien se movía dentro.

La mujer que ya había vivido esa situación muchas veces, apresuró el paso de la chica nueva, iban casi corriendo, y detrás de ellas se marcaban en el suelo, huellas mojadas siguiendo sus pasos.

Cuentos de terror pisadas

La regla era sencilla, y no estaba hecha para evitar quedar encerrados por accidente, si no para protegerse unos a otros de la chica muerta en el cuarto frió, que quería que otros corrieran con su misma suerte.

Ayuden a mi bebé

Juan cruzaba la carretera con mucha precaución, ya que había una molesta niebla, que impedía la visión del camino, llevando consigo a su familia no quiso arriesgarse a algún percance. El acostumbraba viajar por ese camino al menos dos veces al mes, pues era la única carretera para llegar donde su suegra.

Aunque viajaba a una velocidad muy baja, se sintió muy nervioso porque casi arrolla a una mujer que apareció de pronto a mitad de la carretera, con la ropa toda ensangrentada, gritando por ayuda, el hombre bajó de inmediato. Entre los llantos y la desesperación de la mujer, alcanzó a entender que había tenido un accidente, y su coche se encontraba en el barranco, le pedía con total angustia la acompañara, pues su bebé aun seguía atrapado, y ella por más que intentó no tenía la fuerza suficiente para liberarlo de entre los cascajos de el auto.

Cuando el hombre se asomó apenas se veía una parte del auto, aunque había destruido la vegetación alrededor al deslizarse por la colina, era imposible verlo desde el camino, y nadie se habría percatado del accidente, mucho menos encontrado al bebé. Juan bajó un largo tramo hasta llegar al coche, su familia que lo observaba desde la orilla del camino lo había perdido de vista entre la niebla.

Pasado un rato subió muy nervioso con el bebé en brazos, la mujer ya no estaba, los demás habían dejado de prestarle atención mientras veían al padre bajar y desapareció sin que pudieran darse cuenta. El hombre preguntaba muy nervioso por ella, pero nadie pudo darle razón. El arrancó el coche y emprendieron camino, mientras su insistía en que no era correcto irse dejándola sola a su suerte y mucho menos llevándose a su bebé.

Ante la inasistencia de la esposa, el hombre detuvo el auto con poco tramo recorrido, le hizo bajar para decirle que cuando llegó al lugar del accidente vio a la mujer que les había dado el aviso muerta, atrapada en el coche, estaba tan fría que probablemente ya tenía varias horas muerta.

El Regalo de Erik

Erik recibió como regalo de cumpleaños un ipod, que después de mucho pedirlo, su padre había logrado comprarlo en el remate de una casa de empeñó, estaba prácticamente nuevo, con accesorios incluidos, ningún rayón, así que el chico lo recibió con gusto, cuando todos se marcharon ya era tarde y el simplemente se fue a dormir, habían pasado ya horas, cuando el ipod se encendió con el volumen máximo, al menos así pudo comprobar que las bocinas externas tenían muy buena potencia.

El simplemente lo apagó para volver a dormir, pero en unos minutos se encendió de nuevo, eran las tres de la mañana, no había tiempo de revisar lo que sucedía, así que solo lo quitó de la base, pero para su sorpresa este se encendía de nuevo y aun sin bocinas, podía escucharse como una especie de canto, del cual no podía entender nada, pero lo dejó seguir.

Las paredes del cuarto parecieron tomar vida, se movían como si respiraran, se convertían en una especie de plástico oscuro, el cual cientos de manos intentaban romper, cuando al fin lo lograron, pasaron sus cuerpos entre la pequeñas aberturas, con posiciones extrañas, moviéndose como si les faltaran todos los huesos.

El joven tomó el ipod y lo estrelló contra el piso, en el silencio, las extrañas apariciones se quedaron inmóviles un momento para después ser jaladas por una fuerza mayor a ellas, por el mismo lugar de donde habían salido.

No pasaron más que unos segundos, cuando el ipod destrozado, siguió tocando, y no se detuvo hasta que todos aquellos seres rodearon a Erik, causándole quemaduras de frio en el cuerpo cada vez que lo tocaban, hasta el punto de convertirlo en una piedra que el padre casi hizo polvo cuando abrió la puerta violentamente, venia en busca de su hijo, y la razón que lo hacía gritar, alcanzó a ver apenas decenas de muertos caminantes, que volvían a las paredes, meciéndose a ritmo de los cantos extraños, del ipod destrozado.

El Regalo de Erik

Ese ipod había pertenecido a un grupo satánico, que tenían en el cientos de cantos para invocaciones de sus ritos y sacrificios.

El espejo roto

Pasaba la media noche, cuando todos en casa nos despertamos con el terrible estruendo de los vidrios chocando contra el suelo; la primera impresión fue que algún ladrón intentaba meterse rompiendo alguna ventana, pero en la revisión nos dimos cuenta que el gran espejo del salón, estaba hecho pedazos.

Cosa también extraña porque el marco seguía colgado en la pared e intacto, solo los vidrios estaban regados por doquier, incluso incrustados en las paredes, tal como si hubiese explotado. Mi madre de inmediato nos envió para recogerlo todo antes de que alguien saliera lastimado, y después de terminar la tarea volvimos a la cama.

Las cosas entonces eran distintas, había un extraño olor que no pude identificar, pero era bastante nauseabundo, algo pesaba sobre nuestros hombros y el frio era terrible. Yo no pude pegar los ojos, tampoco creo que alguien más en la casa lo hiciera, esa horrible sensación de que te observan no es algo fácil de ignorar.

Más tarde fueron los pasos, pesados y escandalosos, los que nos hicieron reunirnos de nuevo en la sala, mientras estábamos ahí, sonaban en la planta superior, iban y venían como si existiera indecisión por bajar las escaleras y mostrarse ante nosotros.

Mi padre intentó llamar a la policía pero en los teléfonos solo había estática, así que aunque todos queríamos marcharnos, insistió en que nosotros mismos atrapáramos al ladrón, así que fuimos a buscarlo armados con palos de golf, paraguas y algunas otras tonterías improvisadas.

Mi padre para un lado, mi hermano y yo para el otro, pero no tuvimos oportunidad de buscar, ya que mi viejo vino corriendo muy asustado, con su palo de golf hecho pedazos, gritando que nos fuéramos de ahí.

El espejo roto

Hasta la fecha no menciona lo ocurrido, pero desde entonces está muy cambiado, guarda en una caja algo parecido a una uña de animal, la observa por horas, llora, y puedo jurar que un día pude ver en su espalda cuatro grandes heridas, como hechas por una garra. No nos deja tener en la nueva casa algún espejo, en secreto un día le dijo a mi madre que aquello que lo hirió, salió del espejo roto.

La extraña manía de Ana

Existen cuentos de terror para todos los gustos, no todas las personas le tememos a lo mismo, así como existen quienes le teman a los monstruos, hay quienes le temen a lo que habita en su interior, como podrás ver en la siguiente historia.

Ana era una chica inteligente a pesar de su corta edad, ponía mucha atención a todo en la escuela y le gustaba aprender. Llegó el turno de conocer la biología, y en especial el cuerpo humano en sí, durante el transcurso de la clase la niña parecía muy impresionada, de momento muy consternada, no hizo una sola pregunta, y al llegar a casa solo se encerró en su cuarto.

Observando con atención el libro en el cual había dibujos del cuerpo humano, las imágenes no eran de su agrado por no lucir reales, así que buscó en internet algo más representativo. Con varias páginas abiertas, de diferentes sistemas del cuerpo, células, y dándose cuenta de que el cuerpo estaba en realidad vivo, gracias a “animalitos” más pequeños que al agruparse formaban todo en ella.

Fue presa de una desesperación momentánea en la que con prisa miraba una página tras otra, corrió frente al espejo, para verse a sí misma como aquellas ilustraciones, después de volver el estomago en el lavabo se fue a dormir.

La noche no fue nada buena con ella, pues se imaginaba como millones de bacterias atacaban su cuerpo, incluso la idea de saber que estaba hecha de “animalitos” la hacía sentir asco de nuevo, sentía los “animalitos” temblar, y tanta impresión la hizo desmayar.

Al día siguiente no hizo más que ver a las personas a su alrededor, sin su piel, algunos solo vestían músculos, los demás tenían los órganos expuestos, después de muchos momentos de tensión, encontró la solución a todos sus problemas. Fue donde su madre y le dijo – “Necesito un cuchillo”-, -¿Para qué mi amor?-,-Es que en la escuela vimos que estamos formados de “animalitos” y como no puedo matarlos porque me muero yo, pues voy a lavarlos para que estén limpiecitos-,-Pues báñate, no necesitas un cuchillo-,-sí, porque me voy a abrir la panza para sacarme lo de adentro-.

La extraña manía de Ana

Al escuchar tales planes, la niña fue remitida a psicólogos, y a psiquiatras al ver que no había avance, pues desde entonces la extraña manía de Ana, es hacerse heridas a sí misma con lo que tenga al alcance, para limpiar los “animalitos” que tiene dentro.

El No Nacido

Carolina y su esposo estaban muy contentos por haber confirmado su embarazó, los días les pasaron volando hasta los siete meses, cuando ya tenían todo listo para la llegada del bebe. Ella estaba ya en casa de tiempo completo, con una enfermera, mientras él trabajaba un turno de 12 horas.

Una tarde muy fría, Carolina envió a la enfermera a que trajera unas tasas con chocolate caliente mientras se sentaban junto al fuego de la chimenea. Unos segundos después de que ella se marchó a la cocina, escuchó un terrible grito, corrió de prisa pensando que la señora podría estar teniendo alguna clase de molestia, pero para su sorpresa, estaba tirada en el piso, con el vientre abierto de par en par, se veía con claridad que algo salió desde adentro. La enfermera horrorizada llamó al señor de inmediato, pero al estar al teléfono, pudo ver que se reflejaba en la pared una pequeña sombra, que no le dio tiempo de voltear y la ahorcó con el cable del aparato.

El padre ya venía en camino, alertado porque la llamada se cortó, estaba algo preocupado, cuando se bajó del auto, la puerta estaba abierta, rechinaba movida por el viento, el entró con mucha cautela, para ver a las dos mujeres tiradas en el piso, escuchando en el fondo una risa traviesa, veía con mucha incredulidad, como el bebe se movía con una destreza que parecía tener una larga vida.

Con el rostro ensangrentado, y filosos colmillos en lugar de dientes, recordó como una vieja extraña en la calle, le dijo que su hijo estaba maldito, que sería solo causa de desgracias, y debía terminar con él.

Pero fue más fuerte el amor del padre por su bebe, que lo llamó tiernamente a su lado, lo acurruco en su saco, y le prometió que lo cuidaría por siempre. Fueron juntos al jardín a enterrar los cuerpos, ya que el bebé se negó a tomar leche, tubo que engañar a mujeres cada cierto tiempo, para alimentarlo, jugaba un poco con ellas, para después asesinarlas, y terminar por comerlas.

Toma mi mano

Erika disfrutaba con su familia una fría tarde en la que podían sentarse junto a la chimenea a tomar chocolate y café, pasando tiempo de calidad juntos. Entre la plática aprovechando la penumbra que había afuera y el tétrico ambiente que se formó con la neblina bajando entre los árboles, Manuel su hijo menor tubo la gran idea de comenzar a relatar historias de terror. El joven con apenas 14 años, disfrutaba asustar a sus hermanas mayores, que pasaban los 16.

El chico platicaba con tal ímpetu que pareciera estar contando una historia real al decirle a sus hermanas que por las noches podía ver una sombra que entraba a sus recamaras. Tenía a todos sus oyentes interesados, callados y atentos, en ese momento… la luz se fue.

Todos saltaron de sus asientos en un segundo y las niñas gritaron con todas sus fuerzas –Calma, es el viento, siempre se va la luz- dijo el padre de la familia, mientras se levantaba para buscar lámparas y velas. Cuando el volvió, todos festejaban el suceso, reían como locos. El Padre sujetaba la lámpara mientras las jovencitas encendían velas, la habitación comenzó a iluminarse dejándoles ver que tenían un acompañante mas, detrás del niño, como si fuese un guardián, una sombra inmóvil estaba parada.

No se veía desde cualquier lugar, así que los padres no pudieron darse cuenta,  una de las hermanas le dice a Manuel –Toma mi mano hermano, porque tengo miedo- pretendiendo que el niño se alejara de aquel ente extraño sin hacer demasiado escándalo.

Pero el plan no funciono, en el momento en que el niño intento dar paso para acercarse a la chica, la sombra se convirtió en decenas de brazos, rodeándolo por completo, cubriendo hasta su rostro, el niño gritaba pero solo se escuchaban quejidos, todos se acercaron con prisa, –Toma mi mano- le gritaban, pero entre mas lo hacían, parecía que el joven desaparecía entre aquel mar de brazos.

El Padre desesperado, metió la mano entre las sombras, sintiendo dentro de ellas al chico, pero inmediatamente estas se extendieron hacia él tornando su piel en negra como una mancha de tinta en el papel, y así fueron uno a uno intentando salvar a los demás, sin éxito.

Toma mi mano

Los demás familiares reportaron la desaparición de la familia completa, y al correr las investigaciones dentro de su casa, las personas aseguraban que al apagar las luces, por un instante podían ver 5 sombras que vagaban en el interior de la construcción, moviéndose con naturalidad.

Lectura Mal Sana

Vicente acostumbraba leer por Internet todos los días, una página amarillista que mostraba fotografías de gente muerta en aparatosos accidentes o despiadados asesinatos, por más que su madre le insistía en que aquello era una lectura mal sana, no había mas que el chico quisiera hacer, podría dejar de comer pero no se le pasaría en ninguna ocasión ver aquellos cuerpos desmembrados.

Una de tantas noches que pasaba frente a la computadora después de leer a detalle como habían sucedido los hechos, llegó al punto de la fotografía, era un hombre tirado en medio de la calle después de ser atropellado, no tenía mucha sangre, ni el cuerpo estaba hecho pedazos como otras veces, solo se le había salido un zapato y su cara estaba contra el suelo cubierta por su mano.

El joven algo decepcionado dijo –Que mamila, a este ni le paso nada-, dentro del monitor de computadora el cuerpo comenzó a moverse, se quitó la mano de la cara y volteó para decirle al muchacho –¿Mi muerte no te parece interesante?- el joven saltó de su silla queriendo salir de su habitación, pero la puerta se cerró bruscamente, y al voltear pudo ver como el cuerpo del hombre, se arrastraba por la calle de la imagen, hasta llegar detrás del vidrio del monitor.

El hombre sonrió con malicia y lentamente  sacó una mano, la otra, apoyándose en el marco de la pantalla, jaló el resto del cuerpo hacia fuera, y cayó del él como si fuera agua corriente, con mucho trabajo se incorporó, pues la mayoría de sus huesos estaban rotos, caminaba como un niño aprendiendo.

El joven asustado estaba sentado junto a la puerta, mientras el muerto de la pantalla caminaba hacia él, en el momento en que lo tocó el chico dio un grito de horror y cayó desmayado.

Cuento de terror muy corto Lectura Mal Sana

Cuando su madre se dio cuenta, vio a su hijo en el monitor, en una nota que decía “Murió por su boca”. Tenía la cara partida en dos como si hubieran metido en el unas tenazas…

El cuarto de la vecindad

Poco a poco las vecindades han ido desapareciendo, sobre todo en las grandes ciudades debido al proceso de urbanización que estas han experimentado durante las últimas décadas.

Sin embargo, el cuento de terror que estoy a punto de relatarles sucedió no hace mucho en uno de esos barrios pintorescos de la localidad donde habito.

Josué no podía pagar una renta demasiado elevada, ya que no contaba con el dinero suficiente para hacerlo y además con la cantidad sobrante, poder mantener a su familia.

Diariamente recorría las calles de su rumbo para ver si alguna vivienda económica se había desocupado. Así pasaron varios meses hasta que encontró un anuncio en el periódico que decía:

“Se renta cuarto ubicado en la vecindad San jerónimo. $350 mensuales, informes al teléfono…”

Sin lugar a dudas era la oportunidad que Josué estaba esperando. No obstante, pronto su ánimo decayó al notar que el diario en donde había visto ese clasificado tenía fecha del mes anterior.

De todas formas, llamó al teléfono, pues no tenía nada que perder. Para su sorpresa el cuarto todavía estaba disponible. Posteriormente hizo una cita con el dueño y aprovechó para preguntarle cuál era la razón de pedir tampoco dinero por la vivienda.

A lo que el arrendador respondió:

– El motivo es simple, el cuarto se encuentra junto a una casa embrujada. No se crea, es una broma. Bueno, vayamos al grano ¿le interesa o no?

– Sí, ¿tengo que dar un depósito?

– No hace falta, creo que usted es una persona de fiar.

Esa misma noche Josué y su familia ya estaban instalados en su nuevo hogar. El cuarto estaba impecable; las paredes recién pintadas, el piso nuevo y las ventanas relucientes. Al poco rato todos se fueron a dormir, pues el traslado los había agotado.

Un portazo despertó a Josué, quien sobresaltado brinco de la cama pensando que algún rufián se había metido su domicilio.

– ¡No salgas de aquí mujer, cuida a los niños, iré a investigar.

Inspeccionó minuciosamente y no encontró nada. Sin embargo, observó como de la vivienda de junto (la embrujada) se podían ver las luces encendidas.

Fue hacia ella y la puerta estaba abierta.

– ¿Quién está ahí? Exclamó con voz intimidante.

El cuarto de la vecindad

Ésas fueron las últimas palabras de Josué. A la mañana siguiente encontraron su cuerpo al pie de las escaleras. Despedía un olor nauseabundo, pues le habían arrancado toda la piel.

El parque embrujado

Una tarde regresaba a casa de la escuela. El cielo estaba nublado, lleno de nubes oscuras y no tardó prácticamente nada en oscurecer completamente. Desde pequeño había desarrollado un miedo terrible a la oscuridad, ya que por las noches mi madre me contaba repetidas veces la leyenda del perro con botas, un cuento de terror espeluznante que me ponía los pelos de punta.

En fin, pasé frente al parque municipal y se me ocurrió comprar un helado de crema en el kiosco. Don Gilberto, el heladero, me dio un cono de vainilla y proseguí mi camino normalmente.

No obstante, algo llamo poderosamente mi atención. Eran una especie de murmullos provenientes de detrás de los árboles. Temeroso fui hasta donde se escuchaban esos ruidos. Entre los arbustos observé a un hombre inválido que había caído de su silla, antes de que me acercara ayudarlo, vi como un muchacho corrió rápidamente lo ayudó a incorporarse.

El anciano de la silla lo tomó del brazo y exclamó con fuerte voz:

– Estoy muy agradecido, por tan buena acción serás recompensado.

Luego de escuchar eso, me dio coraje, pues pensé que a lo mejor se trataba de un viejo rico que le otorgaría una buena gratificación al joven por sus servicios.

– ¿Por qué no me apuré a auxiliarlo? ¡Con la falta que me hace el dinero!

Ya estaba por retomar mi ruta, cuando el anciano sujetó fuertemente del brazo al muchacho, mientras que con su otra mano le tapó la boca para acallar sus gritos. Quise correr hasta allá, pero las piernas no me respondieron. Era como si estuviera anclado al suelo.

A cuantos de ustedes no les ha pasado que no quieren ver una cosa y sin embargo no pueden apartar la vista de ella. Pues eso precisamente fue lo que me sucedió a mí.

Miré con horror como el anciano mordía el brazo de su víctima extrayéndole hasta la última gota de su sangre. Posteriormente el cuerpo del viejo comenzó a transformarse, quedando convertido en un jovenzuelo.

El parque embrujado

Instantes después salió caminando de ahí, dejando de lado al chico muerto así como a su silla de ruedas.

La ilusión de Rosalba

Se acercaba el cumpleaños número ocho de Rosalba, la pequeña estaba muy ilusionada, llena de emoción preguntaba a diario a sus padres: –¿Cuanto falta para mi fiesta?-. Tras la insistencia de las niña el padre perdió la paciencia y pensando que podría calmarla si compran de una vez las cosas, fueron a traer todo lo necesario para el festejo y lo metieron en la bodega. Pero el plan no funcionó como se esperaba, la niña ahora quería ver a diario que no faltara ni una sola cosa en la bodega, en especial la piñata; una hermosa princesa de vestido azul.

Ignorada por sus padres, molestaba ahora a su hermano, pidiendo que le llevara todo a su cuarto y así podría vigilarlo mejor, sin necesidad de que le abrieran la bodega a diario, el chico tenía menos paciencia, pero logró aguantar lo suficiente, hasta un día antes de la fiesta.

Fue entonces que le dieron gusto, después de preparar las bolsas con dulces, y colocarlas en una caja, las metieron en su habitación con las decoraciones, y por supuesto con la piñata que al parecer era lo que más deseaba tener a la vista, colgado en medio de la habitación la observaba desde cualquier rincón.

Aquella linda princesa con su largo vestido azul acaparaba las miradas de la niña, se preguntaba la pequeña si luciría igual cuando se vistiera con el mismo traje, pasó horas sentada observando su piñata hasta caer dormida.

Al día siguiente a la familia le extraño un poco que Rosalba no estuviera ya brincando por la casa, apresurándolos para armar la fiesta, pensando que aun no se había levantado la madre fue hasta su cuarto, después de un profundo grito de dolor los demás familiares subieron para encontrarla tirada de rodillas en la puerta llorando, señalaba hacia el techo, del cual su niña estaba colgada mientras la piñata dormía tranquilamente en la cama.

La ilusión de Rosalba

La pequeña no tuvo oportunidad de disfrutar de aquella fiesta que le causaba tanta ilusión.

El tren de las 22 45

Recibí una carta en donde se me informaba que a mi tía Agatha le quedaban muy pocos días de vida y que deseaba verme antes de morir. Mi tía nunca tuvo hijos, así que podríamos decir que me “adoptó como propio” ya que a lo largo de muchísimos años mi madre y yo vivimos en su casa.

No sé si fue mi conciencia o fue porque así me habían educado pero no quería que estuviera sola cuando tuviera su cita con la muerte. Hice todo lo que pude para dirigirme lo más rápido posible hasta donde se encontraba. En mi trabajo, no tuve mayor problema, ya que me debían varios días de vacaciones.

Lo difícil fue encontrar un medio de transporte que llegara hasta aquel sitio de forma rápida. Busqué todas las alternativas a mi alcance, ni autobuses, ni avión, etcétera.

Le comenté a mi amigo Manuel la situación y me dijo:

– ¿Por qué no te vas en tren?

– ¡En tren, si no estamos en el siglo XIX! Le contesté con un tono de fastidio.

– Jajaja, no seas tonto, yo he viajado por la ruta que necesitas y el ferrocarril viaja a una velocidad aproximada de 70 km/h. Así llegarías relativamente pronto. Sólo es cosa de buscar la guía de horarios -. Replicó mi amigo.

Llegamos a la estación y para variar no encontramos boletos. Ya nos íbamos cuando un hombre con un gorro de maquinista se me acercó y me susurró al oído:

– ¿Necesitas viajar, verdad? Sube a mi tren, vamos retrasados, saldremos en 20 minutos.

Sin pensarlo subí rápidamente y me senté en el primer asiento que estaba libre. La locomotora comenzó a hacer ruidos y nos empezamos a mover. En ese momento recordé que no había comprado boleto y me pareció justo avisárselo al maquinista. Fui hacia ella y observé con horror que todos los pasajeros eran fantasmas. Lo supe por qué en vez de ojos tenían únicamente las cuencas vacías.

Cuento de terror corto el tren de las 22 45

Grite con todas mis fuerzas ¡por favor, déjenme bajar! Las puertas del vagón se abrieron y corrí hacia abajo. Cuál sería mi sorpresa al ver que estaba enfrente de la casa de mi tía. Unos segundos después tanto las vías como el tren maldito habían desaparecido.

En casa de mi tía Marta

Este acontecimiento ocurrió hace más de 20 años, pero perdura en mi memoria como el día en que sucedió. Todos los martes por la noche nos reuníamos en casa de mi tía Marta para cenar. Invariablemente el menú estaba compuesto por tamales y atole.

Antes de pasar al comedor, platicamos un rato sobre las cosas que nos habían pasado durante la semana. A veces esas conversaciones se podrían prolongar hasta un par de horas. Justamente a las nueve de la noche, se escuchó claramente cómo alguien entraba por la puerta principal (lo sé, porque en ese momento sonó el reloj cucú, que se encontraba empotrado en una de las paredes).

Todos los que estábamos sentados en la sala, vimos pasar a un hombre con un abrigo y sombrero. Era Narciso, mi bisabuelo. Él acostumbraba llegar un poco antes de la cena, para que así le diera tiempo de dormir una pequeña siesta. De igual forma, tenía la costumbre de irse a su cuarto sin saludar a nadie. Por lo que a nadie tomó por sorpresa ese comportamiento.

La charla siguió y el tiempo pasó volando. Minutos antes de las 10, mi tía me mandó a despertar a mi bisabuelo para cenar. Llegué a su habitación y me llamó la atención que no estaba ahí. Es más, tanto la colcha cómo las almohadas se encontraban perfectamente acomodadas, es decir, estaban dispuestas de un modo inmaculado. Como la casa era muy grande, pensé que estaba en otra habitación, busqué de arriba abajo y no lo encontré.

Me disponía a bajar las escaleras cuando sonó el teléfono, levanté la bocina y una cálida voz me dijo:

– Muy buenas noches, ¿hablo a la casa del señor Narciso Fernández?

– Sí, no se encuentra. ¿Quiere dejarle algún recado? Dije.

– No, señor hablamos de la clínica Montiel, para avisarle que el señor Fernández ha fallecido. Lo encontraron tirado en la avenida. Tal parece que sufrió un paro cardiaco. El forense ha fijado la hora de la muerte a las nueve de la noche.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo y mi voz quedó congelada dentro de mi pecho. Únicamente escuchaba a aquel hombre decir:

– ¿Hola?,  ¿Hola? ¿Sigue en la línea?…

Cuento de terror muy corto En casa de mi tía Marta

Era exactamente la hora en que lo escuchamos abrir la puerta de la casa. Varios de mis parientes dijeron que tal fue su manera de decirnos adiós. Desde esa fecha, nunca he vuelto a casa de mi tía Marta.

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