Cuentos de miedo

Cuentos de miedo
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Cuento de terror del acosador

Lluvia Esparza, mujer independiente que había forjado una carrera a base de sudor, lagrimas y esfuerzos, al fin había llegado a la cima, terminado su carrera, con una maestría y establecida en una de las corporaciones mas grandes en la gran manzana, no sabia lo que le estaba por suceder, seria acosada por un alma en pena, batallando contra todos, primero por ser mujer, después por ser latina, y ahora por algo que no podía entender.

Desde siempre su ilusión fue la de ser alguien importante, y demostrar al mundo que las mujeres podrían llegar a donde quisieran, siempre y cuando se esforzaran por ello.

Ya en su puesto, Lluvia Esparza necesitaba estar cerca del lugar en donde trabajaba, por lo cual se puso a buscar una vivienda que le quedara lo mas cerca de su centro de trabajo, y viendo lo difícil que es, encontrar un lugar aceptable en Nueva York, no le quedo otra, que instalarse provisionalmente en una casa antigua que siempre estaba deshabitada, la cual nunca le gusto.

Llego y se instalo, era curioso como esa casa, siempre estaba sola, pero el precio era accesible, pero mas que nada era la ubicación, ya que con su nuevo trabajo, el precio no era un impedimento, desde que llego a la casa, sintió una presencia, que no podía explicar, como si la vieran constantemente, se sentía extraña en su propio hogar.

Lluvia, metida en todos los asuntos laborales, no hacia caso, pero todo cambio, cuando eso que sentía, se empezó a manifestar, en una noche, que escucho ruidos afuera de su recamara, al tener la puerta abierta, claramente vio una sombra que se asomo, para verla, algo que la aterro.

Siendo de ascendencia latina, las creencias de ella, no estaban cerradas como las de los anglosajones, cristiana y con su cruz bendita  en el cuello, al parecer la defendían, pero en una ocasión cuando se metió al baño, la sombra se hizo presente, tocándola por todos lados, era algo con lo que no podía luchar, su única arma, era la cruz, sus creencias y una biblia que llevaba a todos lados, no cabe duda que era un espíritu maligno acosador.

Lluvia, desde ese momento se salio de la casa, rento un cuarto en un hotel, y hasta no tener todas sus pertenencias en su nuevo hogar, nunca mas volvió a dicha casa, que ahora con lo que le había pasado, entendía el porque siempre estaba sola y en renta ese lugar.

Cuento de miedo de la marioneta

Eran las dos de la mañana cuando las chicas volvían a prisa de la fiesta, no obtuvieron el permiso de sus padres, así que escaparon y quería volver antes de ser descubiertas. Planearon saltar la barda de su casa internándose en el terreno baldío colindante, sin embargo, antes de que pudieran adentrarse en él un viejo alto, delgado, muy demacrado salió al paso por el oscuro callejón. Intentaba correr a pesar de su cojera, y su avanzada edad, además balbuceaba cosas inentendibles.

Las muchachas por supuesto saltaron del susto, la imagen de aquel hombre estaba más cercana a los muertos que los vivos, y todo empeoró cuando se acercó a ellas, tomándolas de los brazos, alzando la voz y gimiendo.

Aun con el terror posado en su cuerpo, las jóvenes alcanzaron a entender que el decrepito anciano pedía ayuda, parecía que alguien lo perseguía, se veía el miedo en sus ojos. Pronto se escucharon un par de pasos, parecían más bien taconeos, de inmediato las chicas lo sujetaron y buscaron un lugar donde esconderse juntos.

Mientras lo tocaban, sintieron como el cuerpo del viejo se estremecía, vibraba tanto que hasta sus huesos crujían, y ni podían mantenerlo en silencio, estaba en realidad aterrado, tanto que le era imposible contener los gritos y los dejaban salir en forma de dolorosos gemidos entre los dedos de las muchachas que le habían ya cubierto la boca.

Pero no pudieron seguirlo callando, cuando al ritmo de los pasos, apareció la silueta de una niña, —¡Papá…Papá! —se escuchaba su tierna voz llamándolo—¿Dónde estás?, porque me has abandonado?—las muchachas se sintieron tontas, según lo veían quien necesitaba el apoyo era la pequeña, así que salieron del escondite, no sin antes recibir una advertencia del viejo para que no se acercaran. Ellas hicieron caso omiso y fueron hasta la chiquilla…—¡Mátenla!, ¡Mátenla!—gritó el viejo a la distancia con su último aliento antes de caer petrificado al suelo, víctima de un infarto. Y la aparente niña saltó sobre las muchachas, desgarrándoles el rostro con afiladas uñas, mordiéndolas por todo el cuerpo.

Las hermanas gritaban aterradas, no podían creer lo que estaban viendo, aquello era solamente un pedazo de madera tallada y adornada como niña, una marioneta provista de vida gracias a poder maligno, pues eso evidenciaba su rostro siniestro y sus ojos endemoniados.

Cuento de miedo de una marioneta

Con mucha dificultad, las chicas se defendieron, y corrieron a casa. Sin importar que todos se despertaran, gritaron a los cuatro vientos lo que había sucedido, por supuesto, nadie pudo creer en tan descabellada historia, igual si lo hubieran hecho, no existían pruebas, la marioneta maldita se llevó el cuerpo del hombre muerto y desapareció. Lo único que dejó atrás fueron cientos de astillas en el cuerpo de las muchachas, rasguños y mordidas, pero la herida más profunda quedó en su mente, en forma de un tétrico recuerdo, que aún les estremece y asusta hasta lo más profundo.

La sirena

El verano llegaba a su apogeo y las playas se encontraban a reventar, los jóvenes hacían sus locuras no solamente en las orillas, sino que llevaban sus embarcaciones mar adentro para tener un poco de privacidad, lo único que les hacía falta para pasar tantas horas allá, era comida chatarra y cerveza, lo cual no es la mejor de las ideas, sobre todo cuanto el mar esta picado y las olas mueven los pequeños barcos sin contemplación.

Al paso de las horas se encontraban la mitad de ellos vomitando por la borda, aunque parecían todos distraídos concentrados en sus propios asuntos, vieron claramente como uno de los chicos, se inclinaba demasiado por la baranda, a punto de caer, fue gracias a la reacción de los más cercanos al tomarlo de los pies, que el incidente no pasó a mayores.

Cuando lo salvaron, en lugar de agradecer, se molestó bastante, él quería caer al mar, perderse entre las olas con la hermosa mujer que le invitaba a saltar. No era del tipo de chicos que se embriaga y pierde la noción de la realidad, pero decía cosas muy descabelladas, tanto que preocupó a todos, por lo que decidieron regresar. Sin embargo el muchacho estaba hundido en un trance profundo, escuchaba su voz en el murmullo del viento, ella lo llamaba dulcemente, haciéndole promesas que nadie más podría cumplirle… solo le pedía un par de cosas a cambio.

Con la mirada perdida, fuera de sí mismo, el chico actuaba como un zombie, realizando solo la voluntad de su ama; acercaba a los demás pasajeros del bote hasta la baranda, para que ella pudiera hipnotizarlos y arrancarlos del barco, por cada uno de los regalos, ella sonreía y se acercaba provocando un beso que jamás daba, el joven se sentía desecho, la veía revolotear en el agua, mostraba su cola de pez en cada zambullida, para venir a rematar con su torso desnudo y su hermosa cara.

Ella sonreía coqueta, insinuante, adornaba su entorno con un bello color escarlata, logrado gracias a la sangre de los chicos que estaba merendándose.

Saltó entonces al encuentro de su amada, ella lo tomó entre sus brazos, provocando su locura, su deseo, pero dándole nada… lo regresó al barco, y lo envió de regreso, prometiendo que al volver con más de sus amigos, tendría todo de ella…pero el chico nunca volvió, al tocar puerto, fue detenido, sus ropas empapadas en sangre, su desconcierto, la increíble historia que decía, lo llevaron solamente a un psiquiátrico, acusado de asesinar a sus amigos y arrojarlos al mar.

Cuento de miedo La Sirena

El muchacho jamás cambio su historia, y murió de dolor, el dolor tan grande de extrañar a la Sirena, la maldita Sirena que le robó el corazón y junto a él la vida.

La colección de discos

Lo recuerdo todo muy bien, tenía sólo 16 años y en mi búsqueda por encajar en algún lado, fui a parar con unos chicos a mitad de la escala, ni tan populares, ni tan desconocidos. Era mi última oportunidad, así que para no arruinarla, terminaba accediendo a todo, aunque a veces tuvieran ideas tan descabelladas, como aquella vez que nos metimos al sótano de Rogelio, para ver las posesiones de su padre muerto.

El señor utilizaba el lugar como bar y sala de juegos, tenía cientos de botellas de alcohol, puros, cigarrillos, algunas mesas para jugar, además un sistema de teatro en casa, por supuesto con todos esos chunches de la edad de piedra que el viejo utilizaba para recordar sus tiempos. Entre esos vejestorios encontramos un tocadiscos, y decidimos probarlo por el morbo de que el no permitía a nadie que entrara en ese lugar cuando lo estaba utilizando.

Todos los discos de su coleccion estaban en un idioma extraño del que no se podía entender ni una sola palabra, de música no creo que hubiese mucho, eran más bien tambores. Uno de los chicos se puso a payasear, saltando y fingiendo bailar alguna danza tribal, por un momento no supe si la música lo guiaba a él o él a la música, pero pasado un rato llevaban el mismo ritmo, se habían sincronizado perfecto.

Lentamente los tambores desaparecieron, solo se escuchaba una potente voz en una especie de rezo, el chico parecía haber perdido la noción, solo estaba ahí meciéndose, dejándose llevar, otros se unieron al extraño baile, yo comencé a sentirme mareado, entre mis parpadeos, pude ver que detrás de ellos un ser con enormes cuernos, se pegaba a sus cuerpos y dirigiendo sus movimientos.

Al aclarar mi vista ya no lo veía, pero sabía que ahí seguía porque continuaban con el mismo ritmo.

Me levanté para ver los discos, en ellos solo pude ver un símbolo pequeño en la parte de abajo, pero me sentía tan mal físicamente que salí de ahí, afuera, recuperé de inmediato el aliento, me dispuse a volver, pero unos gemidos de ultratumba me despertaron el miedo y mejor fui a casa; hice una búsqueda del símbolo en internet, según decía se trataba de invocaciones, los cuales poseían solo los altos practicantes del vudú, fue ahí que recordé la terrible historia que Rogelio nos había contado sobre la muerte de padre, lo encontraron en el sótano con uno de esos discos puestos, y jamás pudieron encontrar sus ojos… al igual que les sucedió a todos mis amigos…

Cuento de miedo La colección de discos

Por años he querido entrar a ese sótano más de una vez para tomar esos discos y quemarlos, pero recuerdo aquel demonio dominando sus cuerpos y me lleno de miedo… espero que nadie más los escuche.

Cuento de miedo Olvido

Abría los ojos ante una brumosa iluminación que inundaba sus pupilas, no recordaba nada, su cuerpo apenas respondía, ante el frio tan intenso que lo invadía; estaba completamente desnudo en una habitación de paredes blancas, o al menos, alguna vez lo fueron. No se veía alguna puerta, solo un gran espejo lleno de manchas de sangre y huellas de manos.

Aunque no sabía dónde estaba, reconocía el lugar, como si lo hubiese visto antes, aun así, las risas nerviosas se reflejaban en su boca; miraba hacia todos lados, buscando una salida, o algo con que cubrirse, pero el cuarto estaba vacío.

Como león enjaulado caminaba de aquí para allá, viendo una y otra vez esperando que mágicamente una salida se revelara ante él, pero nada de eso sucedía. Solo unos minutos bastaron para que la locura lo invadiera, y comenzara a interrogar a su propio reflejo.

Pero tanta era su perturbación, que no pudo darse cuenta que la persona del otro lado del espejo no era él, aunque también cargaba pesadez y confusión en su rostro. Su monologo frente al espejo, terminó con un sobresalto, debido a los terribles gritos y lamentos provenientes de afuera.

Después vinieron unos arañazos, y junto a ellos, las paredes se desgarraban como simples hojas de papel, dando paso a decenas de seres traslucidos y mutilados. Fue ahí, que la memoria le llegó de golpe, viendo aquellas obras de arte, las que el mismo creó con sus manos, las muecas de dolor que los espíritus cargaban consigo, fueron las mismas que aquel confundido hombre les provocó al arrancarles la vida.

Miró entonces alrededor con pasión, en ese cuarto dejaba que su arte fluyera, cada mancha de sangre, tenía su propia historia y las recordaba todas con placer. No le importaba entonces, estar siendo objeto de su última obra, dejó que los espíritus vengativos lo hicieran flotar por la habitación, lo estrellaran contra los muros, y se pelearan por sus miembros.

Cuento de terror Olvido

Ni el mismo pudo planear un final mejor para sí mismo. Todas esas personas que asesinó, habían vuelto de la muerte para hacerle lo mismo, pero tales actos, solo les valieron para negarles el descanso eterno, y hoy se encuentran todos juntos vagando, repitiendo la historia con cualquier desventurado que se cruce en su camino.

La última ronda en el museo

Era para mí un sueño vuelto realidad, me convertí en el encargado más joven de un museo, por lo que todas las miradas estaban sobre mí. Sabía muy bien cómo hacer mi trabajo, pero me exigían un extra tan solo por mi edad. Así que ponía cuidado especial en todo lo que hacía.

Por un par de meses todo fue muy bien, hasta que los guardias de seguridad empezaron a renunciar uno tras otro, metiéndome cada vez en un lio para conseguirles reemplazo; la clase de piezas que se ponen en exhibición son en extremo valiosas y no se puede contratar a cualquiera.

Cansado de esta situación me resistí a permitir que se fueran los dos últimos vigilantes que tenía para ayudarme, sin embargo, uno de ellos quiso confesarme la razón que lo obligaba a marcharse, hablaba de extraños sucesos en una de las salas; sombras, susurros, objetos que se mueven de lugar por sí mismos. Cosa que por supuesto no creí y lo obligué a quedarse, pero también me ofrecí a quedarme con él para que me mostrara sobre todos esas irregularidades.

Hicimos un par de rondas juntos sin mayor contratiempo, después me quedé en el cuarto de vigilancia revisando grabaciones de los días anteriores, buscando algún indicio de lo que ocurría, aunque más bien yo estaba concentrado en un plan de robo, que en cosas sobrenaturales.

Me distraje tanto viendo esos videos que descuidé lo que estaba sucediendo esa noche, solo atendí la situación cuando escuché un desgarrador grito haciendo eco en el recinto. No pude encontrar al vigilante en ninguno de los monitores, pero guiado por mi razón, fui directo a la sala que él había marcado como embrujada.

Al entrar de inmediato sentí más frio de lo normal y una pesadez sobre los hombros, la oscuridad duraba solo un instante, pues la lámpara del guardia giraba en el piso, proporcionándome tan solo un tiempo mínimo de visión con el cual no alcanzaba a construir una escena completa. Moviéndome con cuidado para no tirar alguna de las piezas fui a recoger la lámpara, y por lo que vi en ese momento hubiese deseado mejor permanecer en la oscuridad.

Justo delante de mi estaba el vigilante, de pie frente al espejo, el reflejo tenía su piel, se la había arrancado toda, supongo que en un movimiento rápido y sumamente doloroso, porque el pobre individuo aún estaba parado extendiendo sus manos con ganas de recuperarla, sin embargo no pudo resistir mucho y cayó sobre mi manchándome con su sangre, mientras el malvado reflejo en el espejo, se vestía con la piel del hombre recién muerto.

Cuentos de miedo la ultima ronda en el museo

No había manera en el mundo que explicara lo que había pasado, nadie me creería jamás lo sucedido, ante los ojos de todos el único culpable seria yo, así que desde ese día estoy huyendo, no precisamente de las autoridades, si no del reflejo en el espejo.

El niño en la oscuridad

Ayer conocí un pequeño niño, no mayor a dos años me parece, porque apenas pronuncia unas cuantas palabras y todavía usa pañal. Tenía un par de cochecitos, y cuando tomé uno de ellos para verlo, se alegró mucho así que comencé a jugar con él. Algunas personas ven raro mi comportamiento porque ya soy mayor de 20 años, pero en realidad me parece más sencillo socializar con los niños, porque todo es tan simple como, “jugamos o no jugamos”.

El pobre estaba solo en el patio mientras su madre platicaba con la mía, así que lo entretuve un rato antes de irme a trabajar. Le di todo el tiempo que pude, pero tenía que cumplir con mis obligaciones, así que lo lleve adentro con su madre, y lloró al verme partir.

Al volver del trabajo era ya de noche y me dio un poco de coraje ver que el pequeñín seguía solo jugando en el porche, me asomé por la ventana y las señoras aun platicaban. Antes de entrar a regañarlas por dejar al niño solo afuera, fui a quitarme la grasa de las manos; en lavadero esta por un costado casi en la oscuridad total, pero yo me conozco el camino de memoria.

Cuando estaba con las manos jabonosas, con la poca luz que llegaba del porche vi que el chiquillo venia corriendo a toda velocidad, y me dio miedo que fuera a golpearse con algo, así que de inmediato caminé hacia el para interceptarlo, y lo tomé en mis brazos, solo un momento, después lo bajé para llevarlo de la mano. Doblamos en la esquina de la casa hacia el porche… y ¡lo vi!, el niño seguía en el pórtico jugando solo… ¡mientras yo sujetaba quien sabe qué cosa con la mano!, quise soltarme y salir corriendo, pero me apretaba con fuerza, ni siquiera pude voltear…

En un forcejeo inconsciente, logré soltarme, y ahora si tomé al verdadero niño en brazos y lo lleve adentro, las señoras se asombraron un poco con mi actitud porque atranqué la puerta de inmediato, por más que me interrogaron no supe decirles que pasaba, aún seguía muerto de miedo, además ni aunque hubiese querido explicarlo podría hacerlo, porque jamás supe lo que sujetaba con mi mano.

Aunque he de contarte que esa noche, todos lo oyeron chillar alrededor de la casa, y después las puertas se abrieron de par en par como empujadas por un fuerte viento, luego sus pasos se acercaron lentamente, y no pude con tanta tensión, caí muerto de miedo. Si alguien mas vio algo, no quiso mencionarlo jamás, pero las personas que estuvieron ahí, no volvieron a ser las mismas y la casa hoy está abandonada.

El niño en la oscuridad

Yo estoy muy seguro de que aquello se sentía igual a un niño, pero la reacción de los demás me dice que no es tan sencillo.

El callejón de Nina

Nina era la chica más querida del barrio, no era una mujer muy bonita, pero irradiaba una alegría única, que atraía a las personas a su lado. Además tenía un gran corazón, trabajaba la mayor parte del día cuidando ancianos, pero lejos de terminar cansada, parecía llenarla de vida, porque todas las noches se iba de parranda para bailar y bailar.

Al llegar la madrugada, le gustaba hacerse notar, pasaba por el callejón, estrellando sus tacones contra el pavimento sin ninguna consideración; por allá se escuchaba algunos gritos: —¡qué bueno que ya vienes Nina!—, —¡Muy buena noches hija!—, a lo que ella respondía siempre con una estrepitosa risa, —Buenas noches a todos, ¡ya llegó Nina!, no hay de qué preocuparse y a la camita— y es que nadie en el callejón podía pegar los ojos hasta saber que ella estaba sana y salva en su casa.

En más de una ocasión, cuando se pasaba tan solo un minuto de su hora de llegada acostumbrada, las señoras levantaban a sus hijos y a veces hasta el marido para ir a buscarla. Los jóvenes que hacían bulto en la esquina de las calles, eran una molestia para la mayoría de las chicas con sus imprudencias, pero no para Nina, ella sabía cómo llevar la fiesta en paz, y extrañamente ellos la respetaban como a ninguna y la protegían como a su propia vida. Por eso fue para todos fue insólito, encontrarla muerta a mitad del callejón.

La noche anterior anunció como siempre su llegada, y los chicos no se fueron de la esquina hasta que la vieron entrar a su casa.

Nadie comprendía lo ocurrido, la escena era en verdad grotesca, la pobre chica estaba tirada en medio de un charco de sangre, con la mirada pérdida, y en el rostro una mueca de horror que pocos pudieron olvidar. Se miraban con desconfianza unos a otros, con decepción…

Jamás se supo quién había sido capaz de tan atroz crimen… nadie excepto Nina, quien ahora vaga en el callejón, buscando a su asesino.

El callejón de nina

Todos los vecinos escuchan su taconeo, a la misma hora de la madrugada, dicen que se esconde entre las sombras, los acecha, persigue sus pasos y cuando voltean ¡nada!, nada más que el sonido de sus tacones que se alejan… al descubrir que no se trata de aquel que le hizo daño… se preguntan si al encontrarlo, le hará correr su misma suerte y así hacerle saber a todos, quien se atrevió a lastimarla.

La monja

Hoy en día la gente esta tan ocupada en su vida diaria que no tiene tiempo de poner atención a todo aquello que lo rodea, además de que casi cualquier suceso tiene una explicación científica razonable. Pocos pueden creer en los sucesos paranormales, sobre todo si no se viven en carne propia, se rechaza todo que no corresponde a la razón, y aun siendo de los que exigen “ver para creer”, a fin de cuentas se encuentra una duda razonable para desechar cualquier evento sobrenatural.

Aun así estos siguen existiendo, y podemos toparnos con ellos en los lugares menos pensados. Como le sucedió a esta familia.

Era costumbre bien arraigada para la familia ir a misa cada domingo, ahí se encontraban con el resto de los parientes y se iban juntos a comer a casa de la abuela. Ese día, Julián decidió pasar la semana siguiente con la anciana, y ella estuvo muy gustosa de recibirlo en su hogar. La mañana siguiente, muy temprano, sonaron las campanas llamando a misa, y la abuela despertaba al pequeño para que la acompañara.

A sus siete años, no tenía mucha intensión de levantarse temprano para ir a la iglesia, pero todo lo hacía por complacer a la dulce viejecita.

Aún estaba algo oscuro, y solo unas cuantas personas andaban por las calles, al llegar a la iglesia, todo lucia aún más sombrío, pues los frondosos árboles no dejaban pasar claridad alguna. Aunque en niño y la anciana caminaban a paso apresurado para no llegar tarde, una monja los rebasó, y el niño no pudo evitar notar que a la religiosa en cuestión no se le veían pies ni manos y más que caminar, ella iba flotando.

Julián muy impresionado trata de alertar a la abuela, pero de inmediato la monja voltea emitiendo un reclamo – ¿acaso he perdido el derecho de entrar en la casa de Dios solo porque he muerto? -, dicho esto, la monja vuela hacia ellos y los atraviesa dejando solamente sobre su piel una sensación de frio y en su cara un semblante de miedo como ninguno.

La monja

La abuela sigue yendo a la iglesia, igual todos los días, pero el pobre de Julián, no ha vuelto a poner un pie en ella, no sea que se encuentre de nuevo con el fantasma de la monja que aun después de muerta, sigue profesando su fe ante los ojos de los incrédulos.

El maquillaje de Anselmo

Anselmo estaba pasando por un tiempo muy malo, su trabajo se había visto severamente disminuido en gran medida a la mala situación económica que vivía la ciudad en esos momentos.

Aún guardaba en su corazón el anhelo de convertirse en el mejor comediante del mundo, cosa que era extremadamente difícil de conseguir, ya que el único trabajo cercano a ese mundo era lo que realizaba en la actualidad. Un payaso común y corriente dedicado a amenizar fiestas infantiles.

Todos sus accesorios (peluca, traje, maquillaje, calzado etc.) estaban viejos, desgastados. Motivo por el cual las pocas personas que llegaban a contratarlo le pagaban menos de lo debido.

Un día paseando por uno de los barrios más conflictivos de su comunidad, observó la marquesina de un establecimiento. Dicho anuncio se hallaba iluminado con luces de neón y decía lo siguiente: “Artículos de magia y algo más”. Por su mente pasó la idea de que a lo mejor encontraría un equipo de payaso más económico y así podría renovar su vetusto disfraz.

El dependiente de la tienda salió a su encuentro y le dijo:

– Adelante buen hombre ¿qué es lo que necesita?

– Estoy buscando algo que me ayude a mejorar mi apariencia. Mi trabajo consiste en entretener a niños en sus fiestas de cumpleaños.

– ¿Es usted mago o algo parecido?

– No, soy un payaso que quiere mejorar su rutina.

– ¡Ya veo! Porque no les relata cuentos de terror a los niños. Hoy en día eso les encanta. ¿No me diga que no ha escuchado la leyenda del perro con botas?

– Sí claro, es buenísima. Eso de provocarles miedo a los chiquillos no está nada mal. ¿Qué me aconseja?

– Utilice este maquillaje, le dará un aspecto tétrico a su rostro. Únicamente debo advertirle que no aplique una cantidad demasiado generosa, pues puede sufrir algunas lesiones superficiales en la piel.

– No se preocupe, lo tendré en cuenta.

Anselmo se dirigió a su hogar y lo primero que hizo al llegar fue pararse frente a un espejo y comenzar a maquillarse. El color de aquel maquillaje era blanco. Sin embargo, por más que se lo aplicaba en el rostro éste parecía no hacer ningún efecto.

Desesperado vació el resto del contenido del tarro sobre su frente y comenzó a tallarlo vigorosamente. Comenzó a dolerle la cabeza y al tocarse con uno de sus dedos, sintió como uno de ellos se introducía hasta llegar al cerebro.

Cuento de miedo El maquillaje de Anselmo

La masa encefálica empezó a salir por el orificio y el hombre murió al instante.

El auto convertible

Está comprobado que la mayoría de los jóvenes que comienzan a trabajar, lo primero que desean es comprarse un automóvil, ya sea únicamente para transportarse fácilmente por todos lados o para pasear con chicas.

Bruno tenía esa ilusión desde hacía ya varios meses. Todos los días antes de llegar a la hamburguesería donde trabajaba, pasaba frente a una agencia de autos.

En el aparador central se encontraba estacionado un pequeño carro compacto convertible de color azul.

Vale la pena mencionar que el joven había estado ahorrando lo más que podía (parte de su salario y parte de sus propinas) para poder dar el enganche y así llevar a su novia Dolores a cualquier parte.

Por su parte, su padre estaba en contra de que su hijo despilfarrara  su dinero en una gestión tan absurda como esa, en vez de utilizarlo para ayudar con los gastos de la casa.

Bruno era huérfano de madre, por esa razón la única persona que constantemente lo apoyaba en sus decisiones era su tía Catalina (hermana de su mamá). Ella le decía que sólo se vive una vez.

Cuando el muchacho por fin tenía la suma necesaria de dinero para comprar su auto, fue a buscarlo sólo para encontrar que ya no estaba. Peor aún, la marca automotriz lo había descontinuado.

Con lágrimas en los ojos Bruno caminó cabizbajo hasta su trabajo. Sin embargo, afuera del local un hombre lo interceptó y le dijo:

– disculpa, ¿sabes de alguien que le interese mi auto?

El vehículo en cuestión era un Corvette color rojo, estaba nuevecito, es más, parecía que acababa de salir de la agencia.

– ¡Guau! Es la versión convertible ¿verdad? A mí me encantaría tener un auto así, pero debe de valer miles de pesos. Dijo el joven.

– Te lo dejo por $1000, me caíste muy bien. Pero apresúrate porque puedo cambiar de opinión. – Replicó el hombre.

Bruno entró como loco al establecimiento y sin pensarlo dos veces abrió la caja registradora y sacó todo el dinero en ella había. Salió y concluyó la transacción. Al tener las llaves en su poder, se subió al carro y encendió el motor.

Por otro lado, el hombre que se lo vendió empezó a reír a carcajadas.

Cuento de terror El auto convertible

Los seguros de las portezuelas se pusieron automáticamente y el carro comenzó a correr por la calle. Bruno estaba completamente asustado, no podía controlar la dirección, al cruzar por una intersección chocó contra una pipa de gas. En instantes ocurrió una gran explosión y el cuerpo desmembrado de que el joven inundó el pavimento.

Nunca subas al desván

El relato que estoy a punto de contarles sucedió ya hace varios años. Un día al salir de clases mi amigo Efraín me invitó a comer a su casa. Yo estaba muy entusiasmado, pues era viernes y pensé que nos íbamos a pasar toda la tarde jugando videojuegos. (Le acababan de comprar una consola nueva).

Sus padres de mi camarada eran dos personas muy simpáticas. Al llegar a su domicilio ya me estaban esperando con los brazos abiertos. Nos sentamos a la mesa y comimos de todo. La comida estaba deliciosa (aún recuerdo que me sirvieron pollo frito con puré de patatas y de postre pastel de chocolate).

Luego de comer, su madre de Efraín le dijo: ¡Acuérdate que los videojuegos están castigados hasta nuevo aviso!

Al oír eso, todo mi plan inicial se vino abajo y pensé que me iba a aburrir muchísimo, ya que mis padres iban a pasar por mí alrededor de las ocho de la noche y todavía quedaban muchas horas por delante.

Disimulé lo más que pude y le dije a mi amigo: No importa. Estoy seguro de que encontraremos otra forma de pasarla bien.

Poco después, sus papás de Efraín nos dijeron que tenían que salir debido a que se había presentado una emergencia. También nos comentaron que podríamos hacer lo que quisiéramos con excepción de una sola cosa:

– Efraín recuerda que nunca debes subir al desván. Replicó su padre de forma enérgica.

Estoy seguro que ya adivinaron que fue lo que hicimos en cuanto ellos salieron del domicilio. Tomamos una escalera, abrimos la puerta de la guardilla y entramos sigilosamente.

Era un sitio muy oscuro y frío, encendimos nuestras linternas y lo primero que vimos fue un libro que llevaba por título Cuentos de terror”. Lo ojeé un poco y leí un título que decía la leyenda del perro con botas.

Instantes después un perro apareció con un hueso en el hocico, lo seguimos hasta que se escondió detrás de unas cajas. Rápidamente las movimos sólo para percatarnos de que el animal había desaparecido. Sin embargo, una cosa llamó mi atención, en una de las cajas se encontraban guardados un montón de huesos.

Mi amigo los miró y dijo: ¿qué extraño?

– Sí, realmente me asustó esa caja de huesos. Le respondí.

Nunca subas al desván

– No, lo raro es que la caja lleva el nombre de Marlene, así se llamaba mi hermana. Nunca la conocí, murió antes de que yo naciera.

Bocadillo Nocturno

La Señora Dulce tenía a su cargo un hogar sustituto, había en el once niños, el menor de ellos tenía cuatro años y la mayor dieciséis. A últimas fechas la señora se quejaba de ruidos nocturnos, y como el dinero se acababa más rápido pensaba que las criaturas estaban comiendo extra, levantándose por las noches y así evitar ser descubiertos. Con ese pensamiento se dio a la tarea de colocar un candado en la heladera, del cual la única llave siempre la llevaba consigo.

Una de tantas noches, cuando la señora se encontraba de mal humor, el ruido era excesivo, pero al visitar las habitaciones de los pequeños los encontraba tirados en sus camas, profundamente dormidos, lo cual no era del todo cierto, pues también escuchaban el escándalo, pero tratando de evitar más castigos, fingían estar dormidos cuando la escuchaban acercarse, la señora creyó entonces que le estaban gastando una broma, y los movió a todos a una sola habitación, la más lejana que pudo encontrar de la suya y le echó llave a la puerta.

Los pequeños se acomodaron como pudieron e intentaban dormir a pesar del ruido, pero en un instante no se escucharon más que gritos, desde el armario había salido una viejecilla, encorvada, completamente desnuda, con una piel babosa que dejaba rastros en el suelo por donde caminaba. Se fue sobre los pequeños tratando de atraparlos, y eso se convirtió entonces en un verdadero escándalo, los niños corrían por donde sea que la pequeña habitación se los permitía, pero lógicamente no podían escapar, atrapó a la más grande ellos que intentaba proteger a los demás, y la vieja de tamaño descomunal empezó a engullirla por una gran boca llena de amarillos dientes, parecía estar realizando un gran esfuerzo porque los ojos se le salían de las orbitas, y hacia un ruido de atragantamiento que hizo desmayar a más de uno.

Cuando la señora Dulce atendió al escándalo era demasiado tarde, de la boca de la criatura solo salía el cabello de la muchacha. Ella reportó a las autoridades que la chica había huido con el novio, y a los pequeños los tenía amenazados, diciendo: -Aquel que se porte mal, será bocadillo nocturno de la vieja del armario-.

Bocadillo Nocturno

Poco tiempo después la señora perdió su derecho de madre sustituta por la gran cantidad de niños que desaparecieron bajo su cuidado.

Detrás de la puerta

En el cumpleaños 16 de Paola, sus padres le dieron el regalo especial que esperaba, una cámara digital de la marca y color que quería, además la posibilidad de grabar video en formato HD con sonido estéreo, mucho más de lo que había pedido.

Cuando todos se marcharon, metida en su habitación, grababa un video mientras describía cada rincón de su cuarto, en el momento que tomaba a su padre que se asomaba por la entrada desde afuera, también pudo ver a alguien más, una figura humanoide se escurría detrás de la puerta, la muchacha soltó el grito diciendo: -Hay “algo” ahí papa, ¡cuidado!, hay “algo” ahí-. El señor de inmediato empuñó sus manos y jaló la puerta, pues era el lugar que su hija le estaba indicando, pero no pudo ver nada.

–No hay nadie ahí mi niña, tranquila- le dijo entonces después de haber revisado bien, pero su hija permanecía inmóvil, su único movimiento era voltear repetidamente, de la cámara a la puerta. Sin poder convencerla de levantarse el padre fue a sentarse junto a ella, Paola le cedió el aparato y fue entonces que lo vio una criatura gris, delgada, sin rostro permanecía encorvada, y en suspenso… la cara del hombre se tornó de mil colores, quería sacar a la chica de ahí, pero ese ser estaba prácticamente en la entrada.

Tuvieron un momento de discusión, pues el señor intentaba sacar a su hija de ahí y ella con mucha razón se negaba, hasta que por fin llegaron a un acuerdo, se tomaron las manos, caminaron lentamente rumbo a la entrada sin dejar de observar a través de su cámara, la criatura seguía ahí, su posición no había cambiado, solo se le notaba un ligero temblor.

A unos pasos de la puerta el hombre la abrió bruscamente y el ser extraño revoloteó, cerrando la puerta, solo la chica salió, el padre se quedó atrapado, solo un par de minutos, hasta que abrieron la puerta desde afuera y alcanzaron a jalarlo, tenía el rostro cubierto de sangre, la camisa desgarrada, y estaba perdiendo mucha sangre, no había soltado la cámara, por lo cual pudieron ver que la criatura se le fue encima, atacándolo con sus afiladas garras, y la masa que hasta ese momento había presentado como cara, se tornó en una enorme boca con dientes largos que le ayudaron a propinarle severas mordidas al señor.

Detrás de la puerta

Ellos no regresaron a su casa después de ese día, llevaron al señor al hospital y al salir fueron donde su hermana, no sin antes revisar cada rincón a través de la tan mencionada cámara, pues bien se dice que hay muchas cosas que nuestros ojos no perciben… pero la tecnología si lo hace.

Caminata en el callejón

Era ya demasiado tarde para que Lorena estuviera fuera de casa, pero eso no le importaba, prefería estar en la calle, que en su casa. Muchos familiares habían venido de visita desde lejos para pasar juntos los días de fiesta y el lugar de estar contenta se sentía estresada, pues los acomodaron en su cuarto, robándole la pizca de privacidad que con mucho esfuerzo consiguió, además su madre la comprometía a cada momento a cuidar a los mas pequeños, a ayudarle con la comida, y cantidad de cosas que solo le hacían pasar malos ratos.

Fue entonces que decidió salirse de casa, después de una discusión con su madre. Era la noche más fría de la semana, no había mucha gente en las calles, solo aquellos que utilizaban el frio como pretexto para estar alrededor de una fogata. Ella caminaba sin rumbo, a pesar de vivir en esa zona casi toda su vida, no conocía a nadie, era demasiado introvertida. Las horas pasaron y Lorena no se detenía, caminaba y caminaba sin dirección, adentrándose por calles y callejones desconocidos, sin ninguna emoción, probablemente muchas chicas de trece años como ella habrían sentido miedo de caminar por callejones oscuros y solitarios, siendo acompañada tan solo por el aullido de los perros en el fondo.

Rondaban las dos de la mañana, el frio le había endurecido los dedos, sentía calambres en las piernas, y la gruesa chamarra que llevaba encima no le era suficiente, era como si estuviera rodeada de hielo. El paisaje se tornaba tétrico, cuando se vio en un callejón con casas de madera y cartón, rodeado de grandes árboles con espeso follaje que no dejaban pasar ni la luz de la luna. No se podía ver ni un alma, en ese lugar ni si quiera los perros caminaban por las calles, parecía ser un lugar completamente abandonado, así que la chica esperaba salir pronto apresurando el paso.

Su apresurada caminata, después fue carrera, pero parecía que entre más corría, más largo se volvía el callejón, las hojas de los arboles sonaban como si un fuerte viento las alborotara, pero en realidad no soplaba. La baja temperatura le impedía seguir corriendo con tanta intensidad, en unos momentos estaba de nuevo caminando, con la sensación de sentirse observada, volteaba a su alrededor, hasta que un montón de hojas que caían de los arboles justo frente a sus ojos la hicieron voltear hacia arriba, la oscuridad no ayudaba para dar una imagen clara, pero sin duda ¡Algo se movía entre las ramas!, lo hacía tan rápido que unos segundos ya estaba posado en un árbol a poca distancia de la muchacha.

Cuentos de terror Caminata en el callejón

Lorena no lo había notado, hasta que estuvo demasiado cerca, un bulto negro se le fue encima desde una rama, en su vuelo, extendió los brazos, para que apreciara su figura, tenía una gran cabeza escondida bajo una capucha, con una túnica negra se cubría el cuerpo, del cual no se le podían ver pies ni manos, parecía solo un trapo flotando, pero al estar de frente a la chica, una horrenda cara semejando una lechuza se asomó entre las ropas, la pequeña se dio la vuelta para correr con todas sus fuerzas, pero no le fueron suficientes… la criatura de la túnica, la agarró por la espalda, subieron a los arboles y se perdieron en ellos…

El Puente Negro

Existían dos comunidades en la sierra, separadas por un puente negro, construido desde hacía ya mucho tiempo, era un lugar peligroso para cruzar, la vieja madera crujía a cada paso, y se le sentía ya un temblor inquietante, faltaba mucho tiempo para que el nuevo puente fuera terminado así que la gente se veía a obligada a seguir usando aquel vejestorio.

Cierto día Julián iba al pueblo vecino a visitar a su novia, a mitad del puente, una densa neblina bajó de improvisto, impidiéndole la visión mas allá de sus pies, con algo de desconfianza el joven se quedó parado, pues por mucho que haya pasado ya por ese lugar, temía dar un mal paso y caer hasta el rio.

No llevaba con él ninguna lámpara, y empezó a sentir cierta desesperación porque las manecillas del reloj avanzaban y la niebla no disminuía.

Se decidió entonces por caminar, tomando muy fuerte del barandal, avanzaba lentamente con un pie tras otro, apenas dados un par de pasos, escuchaba el crujir de la madera más fuerte que nunca, y el ruido no se iba cuando él se detenía, pensando que alguien venia también por el puente gritó:-¿Buenas noches, quien anda ahí?-, pero nadie le respondía. El puente se tambaleaba como si fuese a caer, así que el chico se aferró a uno de los postes más gruesos que encontró cerca. Caían escombros sobre su cabeza, y la madera se quebraba a su alrededor.

Abrazado aun de aquel poste, pudo divisar una luz a lo lejos, un calor intenso se acercaba con el avanzar del resplandor, el puente ardió en llamas, entre las cuales pudo ver que salía un caballo que solo una de sus patas superaba el tamaño del muchacho, detrás de él, vinieron tres más, guiados por un ser de túnica negra, que conducía una carreta de la cual salían tremendos gritos de horror, que le hicieron sangrar los oídos.

Cuando la carreta cruzó, la niebla le seguía, el puente estaba intacto, Julián seguía abrazado del poste, decenas de personas venían corriendo desde los dos pueblos, se había armado un gran alboroto, por el derrumbe de una mina.

El Puente Negro

Entre tantas personas, algunas intentaron llevarse al chico de ahí, pero no pudieron despegarlo de aquella enorme viga, se sujetaba con mucha fuerza. Pues aunque nadie lo notaba, el veía la carreta ir y venir toda la noche, transportando las almas de los que habían fallecido.

La habitación de Carolina

Sentía Carolina algo de calor en su habitación, aunque era invierno, así que se puso de pie para abrir la ventana y dejar pasar un poco de viento, aun un poco adormilada, ni pudo percibir una pequeña llama que en una de las esquinas del cuarto, que en el momento justo en que corrió, el vidrio, aumentó bruscamente con el aire, aventando una llamarada que le quemó la mano. Tras el grito de la joven, los padres estaban ya a su lado para ayudarla.

No había rastros del fuego en sí, pero podía apreciarse la mancha de tizne en la pared. El hecho no pasó a más, solo limpiaron el lugar y atendieron la herida de la joven. La siguiente noche, de nuevo la joven sintió calor, pero esta vez con el reflejo de lo sucedido una noche antes, primero encendió las luces volteando alrededor, en la misma esquina, una pequeña flama brincoteaba como impaciente, Carolina se acercaba con cautela, solo para ver que debajo del papel tapiz que se removió con el agua al limpiar el tizne había algo más.

Arrancó el pedazo de tajo, dejando la mitad de la pared descubierta, una gran mancha negra había salido a la luz.

De pronto notó un leve movimiento, la mancha parecía temblar, en pocos momentos burbujeaba, para formar a su vez la figura de una mujer cubierta por completo de un espeso humo negro que entraba con mucha rapidez por su boca ahogando sus gritos, extendía las manos intentando abrazar a la joven, que estaba inmóvil parada observando la terrible escena.

En unos momentos la luz se fue, en la oscuridad total, pudo ver que un cerillo era encendido para prender un par de velas, una mujer de alrededor 50 años se levantaba con dificultad, tomándose de una repisa, un frasco de vidrio lleno de alcohol, se rompió contra el suelo, mojando las largas ropas de la anciana, al mismo tiempo que una de las velas caía prendiéndole fuego, la mujer asustada voltea de prisa, y se enreda en las gruesas cortinas, las cuales ayudan mas a que su cuerpo sea envuelto en llamas sin tener escapatoria, ahogándose con las cortinas mientras se retorcía de dolor por las quemaduras en su cuerpo, murió ahogada mientras su cuerpo continuaba quemándose por horas.

La habitación de Carolina

La niña les contó a sus padres, los cuales de inmediato relacionaron el hecho con la triste muerte de su abuela años, atrás cuando ella aun no nacía, la aparición solo se presentaba en la semana que coincidía con la fecha de su muerte, y si estaban atentos el fuego no se extendía mas allá de aquella pequeña flama.

Shhh, necesito silencio

Algunas personas que han estado de visita por mi casa, me han dicho que en el momento que los dejo solos en mi habitación, pueden escuchar claramente como alguien le dice –Shhh- de manera muy enérgica, lo cual a mi me pareció muy raro al principio, ese ha sido mi cuarto por más de 15 años y jamás me había pasado algo parecido.

La primera persona que me lo dijo lo hizo hace más de diez años, yo tenía 19 él era mi vecino que aprovechando la manera en que mi cuarto está construido podía saltar desde su casa y tocar la puerta de mi habitación sin necesidad de pasar ante mis padres, venía a visita muy a menudo, en una de esas ocasiones planeaba asustarme, con toda la intención de rascar la ventana con una mano de plástico que traía se paró junto a la puerta y en el momento en que iba a hacer su broma, alguien le dijo –Shhh- muy decepcionado me dijo –Ya me descubriste- y al escucharlo abrí la puerta, platicando de lo sucedido nos dimos cuenta de que yo no había dicho nada, ni estaba alrededor alguien que pudiera haberlo hecho. Lo dejamos pasar como cosa sin importancia.

Pero de ese día hasta hoy, cualquier persona que entra en mi habitación recibe un –Shhh- como bienvenida, últimamente lo he escuchado también, la que se llevó la peor parte fue mi sobrina de 15 años, la dejé sola en mi cuarto mientras yo iba a la parte de abajo por un par de cobijas pues se quedaría a dormir conmigo, después de unos segundos, ella estaba muy asustada, abrazada a mi madre, perdida en llanto, sin poder decirnos lo que pasaba.

No podíamos calmarla, saltaba y gritaba como loca, después de mucho intentar nos dijo que mientras estaba sentada en la cama, escuchó alguien que le dijo –Shhh-, brincó hacia enfrente y al voltear vio un señor alto parado en la cama, vestía un traje elegante, de corte largo, como el de los “pachucos”, también sombrero y un bastón, con el rostro todo quemado, derritiéndose, pequeñas llamas caían de su cuerpo encendiendo la habitación en segundos… se agachó diciendo –Shhh, necesito silencio- después de eso desapareció.

Cuento de miedo Shhh, necesito silencio

Eso bastó para que mi sobrina no quisiera pararse en mi habitación nunca más, me imagino que la experiencia debió haber sido horrenda, hasta el momento jamás lo he visto, solo he podido escucharlo, pero por lógica, siendo yo quien pasa más tiempo en este lugar imagino algún día será mi turno.

¡Ven!, La viejecilla Azul

Era una noche muy calurosa, estaba de vacaciones en la casa de mi hermano yo dormía en una habitación junto al baño con mi madre, en la habitación de enfrente mi hermano y su familia.

 En mi cuarto no había televisión así que me dormí temprano, no sé cuánto tiempo pasó, pero me desperté porque tenía frio, me senté en la cama, algo en la puerta me llamo la atención, una especie de luz azul iluminaba de manera muy tenue el descanso entre las habitaciones, me quede sentado ahí viendo con curiosidad, la luz de pronto empezó a tomar mayor intensidad por el lado derecho de la puerta, algo que parecía una tela traslucida se asomo de pronto hasta formar una figura humanoide en el centro de la puerta, ahí sentí miedo, no sé si grite o que pasó pero mi madre se despertó, al verme ahí inmóvil viendo hacia la puerta me preguntó – ¿Qué pasa?¿tienes miedo? ¿Hay algo en la puerta?

No imagino cómo era mi expresión en ese momento que sin decir palabra alguna ella supo lo que pasaba, lo más que puedo recordar es que no podía moverme, solo estaba ahí sentado viendo como la figura cada vez se aclaraba mas su rostro era el de una anciana, pero no tal cual, si no como si su piel fuera muy delgada y se rompió con el viento, el cabello largo casi hasta sus pies, flotaba a su alrededor igual que su ropa como si estuviese bajo el agua, porque la luz azul era densa, con burbujas brillantes, en lugar de ojos tenia huecos profundos y negros, la boca la estaba muy abierta como si estuviera gritando pero yo no escuchaba nada, absolutamente nada, ni los grillos que son tan comunes en esas épocas. Su manos estaban tan rasgadas como su ropa, en ningún momento pude verle los pies, el vestido era muy largo y no tocaba el suelo, más bien flotaba y se movía como si fuera una hoja de papel en el agua.

No se movía de la puerta, parecía que no pudiera pasar, pero igual mi horror creció porque mi madre se puso inquieta, en ningún momento despegue mi vista de la anciana, creo que ni parpadee, entonces le dije –Tengo miedo, acuéstese aquí conmigo-, en el momento en que ella se levanto la viejecilla azul en la puerta hizo un gesto de desaprobación, estiró la mano y me dijo -¡Ven!- al mismo tiempo que se inclinaba hacia enfrente y con impulso volaba muy rápido hacia mi…

Cuento de terror ¡Ven!, La viejecilla Azul

Caí desmayado y no supe de mí, pero a la fecha no olvido como parecía algo tan real, su ropa era traslucida pero el cuerpo no, se veía muy solida…estaba ahí.

La Cosa de otro Mundo

Era una de tantas noches que pasaba con mis amigos bebiendo hasta el amanecer frente a una fogata, en aquellos tiempos no hacíamos nada más. Cuando eran casi las dos de la madrugada, vimos que algo que parecía un cohete cayó desde el cielo en un terreno baldío detrás nuestro, aunque estábamos un poco pasados de copas si nos asustó el hecho de que pudiera encenderse toda la basura y quemara nuestras casas. Así que fuimos a apagar la lumbre.

Al llegar solo nos encontramos con algo parecido a una piedra de ámbar que despedía una pequeña estela de humo, nos llamó la atención que brillaba desde el interior, así que la llevamos con nosotros, después de verla por un rato nos pareció que tenia adentro un pedazo de oro.

Pensábamos en romperla, pero antes de intentarlo se cayó en el fuego cuando peleábamos por tenerla cada quien en sus manos, aquello empezó a burbujear como el plástico en el calor, de pronto ya era el doble de su tamaño, y se desplazaba hacia fuera del fuego, era una masa gelatinosa, transparente, pero parecía que tuviera venas, subía y bajaba como si estuviese respirando.

Cuando alguien tuvo la gran idea de picarla con un palo, aquello chilló, como un pequeño ratón y subió en el palo, enrollándose como serpiente, se pegó a él y no podíamos quitarla, después alguien más sacó una navaja para intentar despegarla pero por accidente la picó , la cosa dio un saltó hasta su cara, aprovechando que estaba agachado, en un instante, mi amigo gritaba y se retorcía porque esa cosa temblaba sobre el haciéndose más grande y quitándole toda la piel, cuando se le quitó de encima, el aun estaba vivo, pero su rostro había desaparecido, era solo sangre con pedazos de carne cayendo.

Se nos fue la borrachera en un instante, algunos alcanzamos a correr, pero otros no tuvieron tanta suerte, la cosa saltaba muy lejos, como si flotara en el aire, se les pegaba al cuerpo, y los chupaba cada vez más rápido porque iba creciendo, uno de ellos se metió en su auto, pero la gelatina extraña, se metió por la rendijas de la ventilación, en un momento vimos como todo el auto se llenó, atrapo a mi amigos dentro de sí, se podía ver gritar…

Cuento de terror La Cosa de otro Mundo

No había como escondernos porque a pesar de que su tamaño cubría ya la mayor parte de la calle, ella pasaba por cualquier rendija, incluso debajo de la puerta, yo no supe que mas pasó no quise quedarme a ver, la mayoría de mis amigos murió, algunos otros obtuvieron grandes heridas, como quemaduras, y un muy mal recuerdo, gracias a esa cosa de otro mundo que cayó del cielo.

La Cama No. 23

Aun con el miedo que Raúl le tenía a los hospitales, se vio en la necesidad de ser internado tras una intervención quirúrgica. Sin volver a sus cinco sentidos, vio en la cama del lado a un hombre, delgado y pálido, con bata del hospital, que sentado con la piernas encogidas, se ponía las manos en la cabeza y se mecía de atrás hacia delante. Cada vez que despertaba veía lo mismo, hasta que por fin recuperó la conciencia en su totalidad, se dio cuenta que no había nadie en la cama junto a él.

Por la noche mientras dormía, fue despertado por un brusco jalón en su línea del suero, que por la violencia con que fue retirado le abrió una herida con la aguja. Volteó hacia los lados en busca de alguna causa, pero no había nada aparente que le hubiera provocado tal daño, cuando la enfermera vino a atenderle, fue acusado de haberse hecho daño el mismo y reprendido mientras le colocaba el suero en la otra mano.

Después trato de dormir de nuevo, pero con cierta desconfianza, sentía un escalofrió que le recorría el cuerpo cada vez que le daba la espalda a la cama de al lado, se sentía observado e incomodo. Volteaba de reojo cada vez que tenía oportunidad y cualquier ruido lo alteraba.

Al siguiente día le dieron la noticia de que podría retirarse en 48 horas como máximo, así que trató de pasar el mayor tiempo posible dormido, para que la espera le pareciera menos. Pero igual que antes, se sentía muy incomodo, como si alguien lo observara desde la otra cama, prefirió no darle más la espalda, y cuando volteaba, vio de nuevo a aquel hombre, esta vez parado junto a su cama, mirando bien se dio cuenta que sus pies no tocaban el suelo, solo colgaban como si pesaran mucho mientras flotaba en el aire muy tranquilamente.

Con el susto ya en la garganta impidiéndole gritar, Raúl intentó levantarse, pero el hombre reaccionó también, sus ojos se volvieron blancos, con un brillo extraño ante la poca luz que entraba por la ventana, Raúl no podía moverse porque lo tenía sujetado fuerte del brazo, con una mano fría y gris, entre forcejeos lo tiró de la cama, y cuando la enfermera hizo la ronda, se ganó otro regaño y un sedante por decir lo que había sucedido.

Cuando la enfermera platicaba con las demás en su turno, dijo lo que el señor le había contado, de inmediato las otras dos enfermeras se levantaron, corrieron hasta la cama de Raúl y lo movieron de lugar, mientras le contaban a su compañera de reciente ingreso, que en la cama No. 23 había muerto un hombre que tiempo después empezó a aparecerse, molestando a los enfermos, hasta el punto de haberles arrebatado la vida a algunos.

Cuento de miedo La Cama No. 23

Aquella sala solo se usaba en casos de emergencia, cuando no había más lugar pero el resto del tiempo permanecía cerrado.

El mejor amigo

Sebastián era un niño demasiado introvertido, no le gustaba hablar con nadie y por ende no tenía ningún amigo. Todas las tardes llegaba a su casa, hacia los deberes y se encerraba en su cuarto a leer historias de terror.

Eso sí, mientras se encontraba sumergido en la lectura su carácter cambiaba drásticamente, es más, hasta podría decirse que en ocasiones se escuchaba cómo si conversara con alguien. A Teresa, su madre, le preocupaba mucho ese comportamiento, tanto así que un día decidió llevarlo a un psicólogo para que lo ayudara a subir su autoestima.

En la sesión que tuvo con el especialista, Sebastián ni siquiera emitió un sonido. Lo único que hacía era mirar por la ventana con la mirada fija, como si alguien lo observara. Su madre se dio cuenta de aquello y le preguntó:

– ¿Que miras hijo?

– ¡Es un niño, dice que quiere ser mi amigo! Su nombre es Damián.

– ¿Sí? ¿Cómo sabes todo eso?

– No lo sé mami, Damián no habla, únicamente escucho sus pensamientos en mi cabeza.

La mujer se asustó un poco y le pidió a su hijo que saliera por unos minutos. Aprovechó ese momento para preguntarle al psicólogo su opinión sobre el comportamiento del pequeño.

– Este es un estado completamente normal, los niños por lo general hacen eso cuando se encuentran en un lugar que no conocen. Sin embargo, creo que con unas cuantas sesiones podremos revertir todo esto. Dijo el experto.

Teresa salió del consultorio, sin dejar de pensar en lo ocurrido. Sin embargo, no le dijo nada a su marido para no preocuparle.

Como todas las noches, Sebastián se dio un baño. Le encantaba meterse en la bañera y jugar un rato con sus barcos de plástico. No obstante, algo alertó a su madre luego de que por más de cinco minutos el cuarto de baño permaneció en silencio.

Teresa entró despavorida, pues creyó que a lo mejor su hijo había sufrido un accidente. Se tranquilizó al ver que éste sólo estaba aguantando la respiración debajo del agua.

– ¡Ay mamá, ya ves, perdí por tu culpa! Damián me retó para ver cuánto podía aguantar sin respirar.

La mujer en un estado de paranoia total, lo único que atinó a decir fue:

– ¡Fuera de mi hogar quienquiera que seas, no te quiero cerca de mi hijo!

Después de ese raro episodio, todos fueron a dormir normalmente.

Cerca de las 12 de la noche, un ruido despertó a Teresa. Era el sonido del agua cayendo sobre la tina. De un brinco se levantó de su lecho y mientras se dirigía al baño la cabeza le iba dando 1000 vueltas. Cuando abrió la puerta, el cuerpo de su hijo estaba flotando boca abajo en el agua. Junto a él, se hallaba una hoja de papel que decía con letra manuscrita ¡GANÉ!

¡Trato con la muerte!

Pase una noche algo inquieta porque un sueño o pesadilla me atrapo, soñé que mi hermana mayor moría en un accidente causado por una avería en los frenos de su auto, no recuerdo detalles pero a grandes rasgos eso paso. Después de eso ya no pude conciliar el sueño y tenía algo de preocupación, espere hasta el amanecer y entonces cuando me levante me llene de horror al ver que el vecino de enfrente a la casa estaba agachado junto al auto de mi hermana, pero se levanto y dijo que todo estaba bien, por supuesto para mí no lo estaba.

Al paso de los minutos pude ir recordando como todo coincidía con exactitud con lo que había soñado, exceptuando un pequeño detalle, cuando volví a entrar a la casa, cerré la puerta y justo detrás de ella había una figura de gran tamaño en la esquina de la pared, tenía la cabeza agachada, y no podía verse con claridad porque una especie de niebla que la rodeaba era muy densa, no tuve miedo en un inicio, pero cuando volteo hacia mí, me extendió la mano y salió de la penumbra entonces fue que mi cuerpo se paralizo, sentí un escalofrió que me recorría desde la punta de los pies hasta quedarse clavado en mi espina y dejarme tan frio como si me congelara en un instante.

Dio un paso adelante y dijo Su vida por la tuya yo no hable, pero entendí lo que decía, ya en mi sueño me había mostrado lo que podría pasar.

No sé cómo pude reaccionar y entonces vi con más detalle,  su ropa era muy elegante, como terciopelo, parecida a la que en televisión he visto que usaban los 3 mosqueteros, una capa larga hasta sus tobillos color vino, y muy suave, se cubría de joyas de oro el cuello y las manos, también usaba muchas piedras preciosas, su rostro y manos eran solo huesos pero la cara no se presentaba como un cráneo normal, tenía en la parte de arriba agujeros que se parecían a las pelucas blancas que también se usaban en la edad media, más bien parecía como un juez de esas épocas, su ropa estaba rasgada, pero no vieja…

No hablo de nuevo, pero dejo la mano extendida, y pude ver por la ventana como mi hermana salía de la cochera en su auto, entonces rápidamente le tome la mano a la muerte para cerrar el trato y el carro se apago al instante.

Cuento de terror ¡Trato con la muerte!

No sé en qué momento llegue a pasarme la factura, pero en realidad no me importa, el trato fue justo y lo cumplió al pie de la letra, porque después de eso la he visto dos veces más en las mismas situaciones, no sé cuántas vidas tengo o que tanto se puede negociar con ella, pero me ha servido en más de una ocasión.

La paga

Regresábamos del auto cinema Tamara y yo después de haber visto una buena película romántica de antaño. Lo que más disfrutaba de acudir a ese lugar cada jueves, era justamente la atmósfera nostálgica que llenaba todo el sitio.

Una disculpa, creo que me estoy saliendo por la tangente, como dicen algunos. Pero es que en verdad me duele mucho recordar lo que sucedió esa noche.

Como decía, faltaban unas cuantas cuadras para llegar a nuestra casa cuando Tamara empezó a gritar histéricamente:

– ¡Ay, me duele mucho! –

– ¿Qué, dónde? – Pregunté

– no sé, creo que es el estómago. Siento que me va a estallar. Pronto, llévame a un hospital, siento que me muero.

En efecto, el semblante de mi esposa era totalmente desalentador. Su rostro estaba pálido, al tocar su frente pude palpar aquellas gotas heladas que escurrían de su frente sin cesar. No era el típico sudor frío, más bien se sentía al tacto como si fuesen pequeños copos de nieve.

No muy lejos de ahí, vi el anuncio de un hospital. Aparque el auto cerca de la entrada de urgencias, tomé a Tamara en mis brazos y entré gritando:

– Auxilio, mi esposa se muere.

Un enfermero se dirigió hacia mí y me dijo:

– Cálmese hombre, no haga tanto escándalo, en cuanto se desocupe un médico vendrán a atenderla.

Luego de un buen rato apareció un doctor, la auscultó y llegó a la conclusión de que debían intervenirle quirúrgicamente de forma inmediata. No obstante, en ese momento no se encontraba disponible ningún quirófano.

Después de la tercera hora de contemplar impotente la agonía de Tamara me puse a maldecir:

– Maldita sea, que no hay nadie que nos atienda. ¡Me lleva el diablo!

Cerré los ojos y empecé a llorar. Así estuve varios minutos hasta que una doctora se acercó a mí y me comentó:

– Señor Trueba, venimos por su esposa. Se acaba de desocupar una sala de operaciones. Por ahora no es necesario que firme ningún documento, sólo quiero advertirle que el procedimiento que vamos a practicar es bastante costoso.

– No importa, pagaré con mi alma si es preciso, pero sálvela – respondí.

– Eso era todo lo que quería escuchar – la mujer rió tenebrosamente.

No bien pasaron cinco minutos, cuando mi esposa salió caminando del quirófano por su propio pie, vestida con ropa de calle. Apenas la vi, quise correr a su encuentro pero no puedo moverme. En ese instante me percaté que yo estaba flotando en el aire, mientras que mi cuerpo estaba inerte tirado en el piso de la sala de espera.

Cuentos de miedo La paga

Entonces comprendí el peso real de aquellas palabras “pagaré con mi alma si es preciso…”. Por tanto eso tenía sólo una explicación, yo había muerto y mi alma iba en camino hacia el purgatorio.

Sin cupo en el infierno

¿Has pensado alguna vez que pasaría si se llena el infierno?, ha sido tanta la gente mala desde la historia de la humanidad que tarde o temprano tiene que suceder, Cuando ellos no caben ahí,¿ donde se van?…

Hubo una pelea en el reclusorio de “La misión”, más de 80 reos muertos, cientos de heridos, a pesar de no ser un lugar muy grande vivían en condiciones de que tenían que dormir parados por no caber en las celdas. Para el gusto de algunos, los que habían muerto eran personas que hicieron mucho daño a los demás, aun estando enjaulados, asesinaron a compañeros, a policías, tenían la vida entera llena de condenas que no parecían suficientes.

Al saberlos muertos sintieron alivio, sus cuerpos fueron echados a la fosa común, junto a cientos de cuerpos mas de las personas que mueren a diario. ¿Crees que el infierno sea así de grande?.

Esa noche Isabel, la última víctima del “Torturador” observando las marcas que dejó en su cuerpo, lloraba por recordar, pero reía al saber que por fin podría estar tranquila y aquel monstruo no tendría oportunidad de cumplir su promesa de volver, se tomó el tiempo de celebrar viendo una película, comiendo palomitas y helado.

Su pequeña fiesta fue interrumpida, escuchó un vidrio romperse, cuando estaba investigando se dio cuenta que en la cocina, la ventana estaba rota, la puerta estaba abierta y unas huellas lodosas habían quedado regadas por el piso, tomó el teléfono de inmediato, pero este estaba cortado. Con algo de miedo agarró  una pistola del cajón de la cocina, hace tiempo que la tenía por temor a lo que le había sucedido, sabia usarla de forma certera.

No tomó actitud de valiente, por el contario estiró las manos para agarrar las llaves de su auto, pero en ese preciso instante una mano sucia, de aspecto extraño color morado verdoso, como descomponiéndose, la sujetó, mientras detrás del marco de la puerta salía lentamente un rostro que a pesar de estar ensangrentado, hinchado y maltratado, aun conservaba los rasgos principales que la llevaron a reconocerlo como su miedo más terrible… “El Torturador”.

Con un inmenso pavor  que le recorrió el cuerpo, ella soltó la pistola, y se desvaneció cayendo en los brazos del muerto vuelto a la vida, la llevó a rastras por la habitación, para amarrarla a una silla, y recordar viejos tiempos. El sujeto parecía no estar bien, heridas abiertas que no sangraban despedían un olor putrefacción, algunos gusanos estaban ya sirviéndose de él.

Cuento de miedo Sin cupo en el infierno

Cuando se acercó a la mujer llorando le gritó –¡Pero si tu estas muerto!- a lo que el de forma sátira respondió –Se quedaron sin cupo en el infierno, así que aquí me tienes lindura por un poco más de tiempo- mientras le sacaba las uñas con unas pinzas…

El Acto de Payaso

Ese día llegué un poco tarde a una cita con mi prima, que me llamó desde un día antes para que le ayudara con los preparativos de la fiesta de su hijo, me retrasé tan solo quince minutos, por más que toqué nadie me abrió, pensé que estaría un poco enojada, porque se podía ver por el vitral de la puerta que alguien estaba sentado en el sillón de la sala, incluso vi que se levantó y caminó un par de veces, hasta que no regresó mas, un poco molesto también yo, le golpeé la puerta con más fuerza, cuando sentí una mano que me empujaba el hombro por detrás –¿Qué haces?, me vas a tumbar la puerta- dijo mi prima –Pues es que nadie me abre- le contesté, -si no hay nadie, tonto ¿quién esperas que te abra?—pues yo vi a alguien en el sillón-,-ni empieces con tus bromas que ahora no tengo tiempo, mete las cosas yo voy a recoger el pastel-.

Entré para dejar todo lo que me dio e ir avanzando, después de recibir sus instrucciones, de que mover y a donde comencé a jalar cosas, de pronto escuché un ruidito como de cascabeles de gato, cuando me quedaba quieto, no oía nada, pero en cuanto movía algo, ahí estaba… cuando ya no soporte mas empecé a buscar si había un gato o un perro en algún lugar, vi como una cortina se movía como si fuera gelatina, apenas puse mi mano en ella para abrirla, un payaso salió detrás de ella dando un salto, y haciendo ademanes con las manos. –Ah pero que…!!!-, pensando que era el entretenimiento para la fiesta, me senté a observar su acto, me dio una jirafa que hizo con globos, apareció un conejo entre sus pantalones, era divertido.

Estuve observándolo por más de media hora, hasta que se escuchó el auto de mi prima, el agarró el foco encendido de una lámpara, no se apagaba aunque lo tuviera en la mano, eso me extrañó un poco, después lo puso en su boca, y al tragarlo podía verse el esqueleto a través de su ropa, en el justo momento en que la puerta hizo ruido, él dijo adiós con la mano, y se tiró un clavado a la pared.

Me puse blanco al ver que simplemente se desvanecía, eso no era parte de ningún acto, ni tampoco era un payaso de verdad, por más bueno que fuera, no podría atravesar paredes.

Tenía miedo de contárselo a mi prima, porque me diría que estaba loco, pero por el contrario, me confesó que hace tiempo lo veía, pero no se lo había dicho a nadie porque no se lo creerían.

Cuento de meido El Acto de Payaso

Sea como sea, es hora que en esa casa no me paro, no le temía a los payasos, pero desde ese día, tengo un poco mas de precaución.

Pies Descalzos

Durante un par de semanas tuve un sueño en el cual siempre estaba sin zapatos, y mis pies se hundían en el lodo, no me producía la mayor incomodidad los primeros días, pero después de unos cuantos  al despertarme lograba ver una especie de humo negro, que se movía como si tuviera mente propia, se quería meter por mis ojos, la sorpresa me hacía saltar de la cama, y se deslizaba tan rápido como una serpiente para desaparecer en la esquina de mi habitación.

La primera vez que lo vi no me dejó conciliar el sueño por un par de ocasiones, pero cuando tenía oportunidad, mientras me soñaba descalzo, ese humo aprovechaba para llegar tan cerca, que me hacía sentir observado, asediado, y despertaba algo asustado, para verlo de nuevo huir, y desaparecer en el mismo lugar.

Me dio por consultar un lugar esotérico, a ver si podían explicarme lo que pasaba, pero me di cuenta que era solo charlatanería.

Pasé luego frente a una Iglesia cuando me dirigía a tomar el autobús, una viejecilla, de cabello blanco y trenzado, que estaba parada en la puerta me dijo –Todo estará bien- mi interior se llenó de paz, y esa misma noche no sentía ya miedo, pero el sueño estaba ahí, solo que en esta ocasión, la viejecilla estaba en él me mostraba unos pájaros enjaulados, mientras apuntando a mis pies me decía –Tienes el alma descubierta, si no te esfuerzas un poco más te tocará enfrentarte a eso- apuntó entonces hacia una pared blanca, en la cual el humo negro surgió desde abajo extendiéndose como una mancha de humedad, luego haciéndola caer a pedazos, para dejar un boquete en medio, como si fuese una cueva, oscura, no se podía ver nada, pero de pronto percibí un olor a putrefacción, a carne quemada, y una llamarada envolvía a un sujeto sonriente, delgado, que me llamaba hacia él con el dedo.

Cuando voltee hacia atrás la viejecilla no estaba, y para salir de ahí tenía que cruzar por donde el sujeto me llamaba, miré a mis pies descalzos, no sentía el valor de enfrentarlo, así que desperté y el humo negro me tocaba ya el ojo. No intentó irse como otras veces, solo entró hasta mi cabeza haciéndome dormir de nuevo, y regresar al mismo lugar en donde había terminado mi sueño.

Me atraparon entonces, presionándome para cruzar, el sujeto sonreía con malasia y la viejecilla con bondad… viéndolos a los dos, me di cuenta, que los dos querían mi alma, que estaba ya descubierta, la parte que me tocaba era luchar porque el mal no se la llevara…

Cuento de miedo Pies Descalzos

Tal vez esto no te parezca un relato horrible, pero solo quise darles una advertencia, para cuando se sueñen descalzos, estén preparados para lo que viene después.

Viviendo conmigo

Hay ocasiones en las que de la nada me siento extrañó, haciendo las cosas de diario, de pronto no se qué es lo que sigue o porque, todo pierde sentido, una nube gris cubre mis ojos, siento un enojo que me invade y es como si perdiera la razón, golpeo todo lo que está a mi paso, ofendo a quien se me acerque…

En un momento la nube gris desaparece y mi vida continua normal. Por las noches estoy incomodo, no encuentro mi lugar en la cama, doy vueltas y vueltas, caigo profundamente dormido, al despertar no sé donde estoy, miro a mi alrededor tratando de reconocer algo, desesperado me levanto y salgo a la calle, miro a todos con desconfianza, todos ellos quieren dañarme… tomo la navaja que siempre llevo en el bolsillo y la clavo en cualquiera que se atreva a mirarme…

Regreso  a mi casa y duermo como un bebe. Me levantó así siguiente día, al verme al espejo para rasurarme, pero ¡Ese rostro no es mío¡, lo arranco con la navaja del rastrillo, como al quitarle la piel a una papa, mi piel esta en el lavabo, mi cara es solo sangre, músculos expuestos, pero sigue sin ser la mía, arranco la carne con mis manos, la tiro por el retrete, pero al ver mis huesos, aun no me pertenecen, tal vez estoy atrapado en otro cuerpo, corro a mi habitación, traigo una foto, basándome en ella, tomo pedazos de carne de mi cuerpo y me formo un nuevo rostro.

Tengo heridas por todo el cuerpo ¿Ahora como lleno esos huecos?, iré a la casa de mi vecino, el se ejercita en el mismo gimnasio, sus músculos son buenos, los he visto, me servirían muy bien para llenar los agujeros que ahora tengo…

El vecino no está, ¿Cómo me relleno los huecos?, no puedo ir a trabajar así. Me pondré manga larga para que no se me note, ya después lo arreglo. Camino a mi trabajo, todos me ven raro, ¿Están viendo mis huecos?.

Armando me cae muy mal, lo mataré en la hora del almuerzo para quitarle todo lo que me falta. Le digo que vamos a fumar al pasillo, cuando él se descuide lo aplasto en la puerta, como su carne es muy blandita se va a partir en dos al instante, ni tiempo tendrá de gritar… Armando no quiso acompañarme, ¿a quien mataré en su lugar?. No tengo tiempo, ya es hora de salir, debo volver a mi casa…

Cuento de miedo el Psicopata

Probablemente no has pensado que el peor de tus enemigos eres tú mismo, que de la nada puedes hacerte daño, o que alguien con pensamientos tan extraños puede cruzarse por tu camino, hay más de los que crees, la mayoría de ellos solo piensa, nada se vuelve realidad, pero  en una de esas ocasiones, puedes servir para llenar los huecos de alguien…

La Mujer de Blanco

Alberto adoraba su vida en el campo, se levantaba muy temprano en la madrugada para encaminarse a las siembras, regaba varias parcelas y regresaba  a casa después de medio día, su esposa lo esperaba con gusto y lo atendía de maravilla. Más tarde junto a sus hijos cuidaban de los animales de granja que tenían en su propiedad. Su vida era tranquila, pero llena de felicidad, no le hacía falta nada.

Una de tantas madrugadas camino a su trabajo vio de reojo una figura blanca entre las siembras, pero al poner más atención aquello ya no estaba. Esa noche le contó a su familia lo sucedido durante la cena, después de reír un rato concluyeron que se había quedado dormido y debía tener más cuidado al conducir así, pues aunque era el único en esos caminos, podría tener un accidente.

La figura se hizo visible durante una semana, pero Alberto la ignoró. Pareció entonces provocar un descontento porque la aparición se presento un día junto al camino, dejándole ver que era una mujer vestida de blanco y extendió sus manos.

Algo preocupado por lo sucedido, pidió a su hijo mayor Roberto que lo acompañara pues así saldrían de dudas si era alucinación o algo realmente estaba pasando. Iban los dos fijando su vista en el campo esperando que algo apareciera, pero para sus sorpresa al volver la vista al camino la mujer de blanco estaba parada justo frente a ellos, Roberto frenó al instante, pero el carro derrapando la atravesó como si se tratara de una suave brisa que marcó sus manos en el parabrisas, terminando sentada entre ellos apuntando hacia el canal cruzando el campo.

Los dos hombres asustados comprendieron el mensaje, dirigieron su auto hacia el canal, pero antes de poder llegar vieron una maleta abierta y con la ropa regada alrededor.

Bajaron del auto y empezaron a buscar, cuando creyeron no tener suerte, un suave viento sopló levantando una tela blanca, que lentamente se deslizó hasta el respiradero del canal, un pequeño agujero a un lado de la compuerta, tomaron un palo cercano para buscar dentro del respiradero, en el primer intento se clavó en algo un poco aguado,  un cuerpo desmembrado y desbaratándose salió a flote poco a poco.

La Mujer de Blanco

Cuando sacaron todos los pedazos, la mujer de blanco se miró a si misma muerta y desmembrada, con expresión de tristeza le dijo a los hombres gracias y desapareció en el viento.

Polvo Eres…

Carlos temía a la muerte más que a nada en el mundo, tenía una obsesión por la seguridad causada por ese mismo temor, aunque de pequeño soñaba con un empleo temerario, ya fuese de bombero o policía como la mayoría de los niños, al crecer decidió dedicarse a algo que le pareció más inofensivo y menos riesgoso para la vida. Tenía su despacho en el mismo lugar en que vivía, y para evitarse las vueltas diarias de su trabajo contrato dos ayudantes.

Su obsesión llegaba a tal punto que no conducía un auto, no viajaba en taxi tampoco, solo autobús pues decía que en algún choque los afectados serian los del otro auto. Claro que sus teorías no eran perfectas, hubo muchas cosas que no considero, pero como hasta el momento todo le funcionaba pareció estar en lo correcto.

Aun no se había casado, a pesar de rondar ya los 40, pero por supuesto no había mujer que le siguiera el paso. Una tarde de trabajo como cualquier otra, una hermosa mujer se acercó a solicitar sus servicios, ella era su sueño vuelto realidad, delgada, rubia, ojos de color, piel blanca con una voz dulce y melodiosa, vestida de manera impecable. El hombre estaba impactado, mientras hablaban de trabajo imaginaba en una vida con ella.

La mujer recibió una llamada, interrumpiendo su plática, lo cual les impidió llegar a un acuerdo sobre el trabajo a realizar, entonces ella lo invitó a su casa para cerrar el trato.

El hombre se vistió como nunca, traje, corbata, toda la botella de loción, un ramo de flores para la bella dama, no quiso quedar mal ante ella, así que le pidió a uno de sus ayudantes el auto, a fin de cuentas eran de él, igual por seguridad, sabía manejar pero evitaba hacerlo.

Cuando llegó a casa de la mujer esta salía –Discúlpeme Carlos, tuve un inconveniente de pronto y debo apresurarme-, -No hay problema si quiere la llevo-, la mujer no opuso resistencia, conversando con Carlos en el camino este le dijo que era una dama muy hermosa y lucia estupenda, ella respondió –Siempre me han dicho que me visto para matar- Carlos volteó a verla y sonrió, un carro rojo a toda velocidad se pasó el semáforo, impactó el auto, obligándolo a dar tres volteretas las que le parecieron miles, pues la mujer que iba a su lado, brilló en blanco, atravesó el cinturón de seguridad, moviéndose con velocidad que sus ojos no alcanzaban a ver, se pegó a su cuerpo envolviéndolo con su cabellera, que se movía como tentáculos que tenían vida propia, su rostro se volvió oscuro, mientras era envuelta por una túnica negra, con sus manos huesudas atravesó el pecho y apretó su corazón, diciéndole –Polvo eres y en polvo te convertirás, en cualquier lugar te puedo encontrar, de mi nadie se esconde jamás…

Cuento de terror Polvo Eres…

En el funeral de Carlos hablaron de la manera en que vivió y murió, solo para darse cuenta de que una cosa si es verdad, a la muerte no le podemos decir que no…

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