La bella y la bestia

Hermoso cuento de La Bella y la Bestia, el cuento comienza con Bella, así se le conocía a una hermosa jovencita enamorada de los libros. Era la menor de seis hermanos; tres varones y tres mujeres, hijos de un rico comerciante. Las muchachas eran muy bonitas, pero la pequeña resaltaba; además, la gente le quería por será tan bondadosa, razón suficiente para despertar la envidia y el desprecio de las otras dos que solo se escudaban en su fortuna para presumir, humillar y despreciar a los demás.

Las tres recibían muchas propuestas de matrimonio. La menor se daba el tiempo para atender amable y delicadamente a sus enamorados, rechazándoles con cortesía; después, respondía que debía estar junto a su padre pues era aún muy joven pasa casarse. Las mayores en cambio, no tenían consideración alguna desechando candidatos por falta de posición social.

Por cuestiones de la vida, el comerciante quedó en la ruina; desaparecieron entonces los pretendientes para las más grandes de sus hijas, pues sin aquella enorme fortuna, no hubo quien quisiera soportarlas. A Bella, sin embargo, siguieron buscándola, pero esta vez con mayor razón se negaba a alejarse de su padre en aquel momento de desgracia.

Comenzaron entonces una nueva vida como campesinos, el hombre y sus tres hijos trabajaban la tierra; Bella hacia labores desde la madrugada, y aunque no tenía el hábito de trabajar tan duro, pronto se acostumbró y después de terminar sus quehaceres, se daba tiempo para la música, los libros y el canto. Mientras que sus hermanas se aburrían terriblemente, se levantaban cerca de medio día, dedicando su tiempo en lamentaciones y paseos.

El padre, notaba que su hija menor era trabajadora, paciente, perseverante, constante, con mucho talento para brillar. Muy diferente a sus hermanas, quienes, a pesar de no mover un solo dedo, eran capaces de burlarse de la pequeña que se hacía cargo de todo.

La bella y la bestia

Transcurrido un año, el comerciante tuvo noticias de un barco suyo. Con esto, las hijas mayores se creyeron salvadas, pensaron que recuperarían su vida privilegiada y sus antiguas costumbres; apenas vieron partir a su padre le hicieron mil encargos, vestidos, joyas, calzado. En cambio, Bella pidió solamente una rosa, pensando que ni todo el oro del mundo sería suficiente para cumplir tantos caprichos.

Partió entonces el hombre en busca de sus bienes; solo para encontrarse con una mala noticia y volver tan pobre como antes. Pero en su regreso, fue atrapado por una tormenta de nieve y erró el camino dentro del bosque. El viento era muy fuerte, sin esfuerzo lo tiró del caballo, dejándolo a merced de los lobos que le seguían muy de cerca. De pronto, vio una luz y se encaminó hacia ella, al acercarse, encontró un castillo perfecto para refugiarse.

Entró con cuidado, sin ver una sola persona por los patios. Ató el caballo en el establo y siguió al palacio. Ahí tampoco vio gente, solo el fuego encendido y la mesa servida. Esperó un momento a que alguien apareciera para poder explicarle su situación, pero nadie vino; le preocupaba ser atrevido, pero no pudo resistir el hambre, y comió de la mesa, pensando que seguramente podrían perdonarle tales libertades.

Después de la cena, fue a calentarse junto al fuego y despertó hasta muy entrada la mañana del siguiente día. A su lado había un traje, hecho a su medida, y también el desayuno, aquello le hizo pensar que su anfitriona era un hada, pues hasta el momento no se había topado con alguna persona. Dio entonces las gracias a la bondadosa mujer en voz alta, y se fue a buscar su caballo.

Camino a las caballerizas, vio un rosal blanco, y recodando la petición de su hija Bella, cortó una flor para llevársela. Pero en ese justo momento, sus oídos retumbaron ante el rugido más espeluznante que haya escuchado jamás, y sus ojos saltaron al ver que se dirigía hacia él una horrenda bestia llena de ira. No cayó desmayado de milagro, pero si estaba paralizado por la impresión de escuchar aquella criatura reclamando su ingratitud.

― ¡Mal agradecido! ―gruñía la bestia con una voz como de trueno―. Te dejé que entrar a mi casa para salvar tu vida, te di todas las atenciones, ¡Y ahora me robas! Pagarás con tu vida esta ofensa.

El pobre hombre tirado a los pies de la bestia, rogaba que no le hiciera daño, explicando que la rosa era para una de sus hijas. Entonces, la horrenda criatura le propuso que trajera una de ellas para tomar su lugar, o regresara en tres meses para cumplir su condena si ellas se reusaban a venir.

El comerciante no tenía intenciones de entregarle al monstruo alguna de sus hijas, pero vio en aquel trato la oportunidad para darles un último abrazo y despedirse de ellas, así que aceptó. Antes de marcharse, la bestia le regaló algunos objetos de valor, los cuales el hombre aceptó para proteger a sus hijos, pues aquello era suficiente para que pudieran comer cuando él no estuviera.

De vuelta en casa, con profunda tristeza, contó a sus hijos lo que había pasado. Las mayores atacaron a Bella con palabras, culpándola de aquella desgracia. Sin embargo, la joven había escuchado atentamente todo lo dicho, y decidió cambiar lugares para recibir el castigo del monstruo. Los tres hermanos quisieron ayudar cazando la criatura, pero su padre les hizo saber que eso era una misión imposible. Hablaron largo rato, pero la más pequeña de la familia había tomado su decisión, y tenía la determinación suficiente para cumplirla.

Las hermanas mayores estaban encantadas cuando vieron a la joven partir, lloraban lagrimas falsas solo por compromiso; mientras que sus hermanos, en verdad sentían el peso de la situación. El comerciante estaba abrumado, el dolor de perder a su hija era más de lo que podía soportar. La única que no lloró fue la Bella, pues no quería aumentar el dolor de los otros.

Al llegar al palacio, la cena estaba servida, y aunque ninguno tenía ganas de probar bocado, no quisieron ser groseros con el anfitrión. Apenas acabaron de comer, escucharon ese estruendo que acompañaba siempre a la bestia. La joven no pudo evitar el miedo al ver aquella horrible figura ante ella, pero hizo un gran esfuerzo por disimular y poder responderle a la criatura que se encontraba ahí por voluntad propia. El monstruo, reconoció este gesto de bondad y se marchó de inmediato para dejar que padre e hija pasaran los últimos momentos juntos.

Creyeron que aquella noche la angustia les robaría el sueño, pero quedaron profundamente dormidos apenas tocaron la almohada. En sueños, una dama vino a decirle a la joven lo orgullosa que estaba de su buen corazón, y que sus buenas acciones tendrían recompensa. Al despertar, contó esto a su padre, quien se sintió un poco reconfortado más lo aliviado por perder a su hija.

Cuando el padre se había marchado, todo el sentimiento que Bella guardaba salió de su pecho en forma de lágrimas, pero fueron solamente unos instantes de llanto, porque ella sabía que nada se soluciona con llorar, así que se sacudió la pesadumbre y fue a conocer el castillo.

En sus andares, descubrió un letrero que le sorprendía: “Habitación de Bella”, decía en un cuarto con biblioteca, piano y varios libros de música. Esas eran cosas que disfrutaba; la bestia se estaba tomando muchas molestias para halagarla, era demasiado para entretenerla un solo día, así que probablemente tenía otros planes para ella. Ese pensamiento la llenó de tranquilidad y poco tiempo después andaba descubriendo plácidamente la biblioteca.

Entre todos los libros, se encontró con uno muy particular, uno que llevaba escrito en oro la frase: Ordene usted reina mía. Ante aquellas palabras, solo una idea le vino a la mente.

― Como quisiera ver a mi padre ―dijo en un rápido pero doloso suspiro.

Al instante, su casa se reflejó en un espejo que estaba junto a ella, ahí se veía su pobre padre, lleno de tristeza. La misma que invadió el pecho de la joven por largo rato.

A la hora de la comida, la mesa estuvo servida; mientras Bella comía se escuchaba un maravilloso concierto, aunque hasta el momento no se miraba alguna persona. En el momento de cenar fue lo mismo, todo estaba listo, pero no había gente alrededor. De pronto, se oyó el estruendo de la bestia acercándose, erizando así la piel de la temerosa muchacha.

― Bella, ¿me permites acompañarte? ―preguntó la bestia con amabilidad.

― ¡Por supuesto! ―respondió ella― esta es tu casa ―agregó un poco temerosa.

― ¡No! ―afirmó la bestia― mientras estés aquí, tú eres la dueña y si mi presencia te molesta, me marcho apenas lo pidas. Sé que mi fealdad puede asustarte.

― Posiblemente te encuentre feo, pero también creo que eres muy bueno ―dijo la muchacha en tono tierno y sincero.

Esas revelaciones les ayudaron a platicar mejor, en un rato estaba la bestia dando permiso a la muchacha para disponer de todo lo que había en el castillo, con tal de que estuviera contenta. Mientras que Bella notaba con mayor facilidad la bondad en las palabras del monstruo. Tanto le agradó su compañía que de pronto no le veía tan feo y estaba perdiendo el miedo.

Al despedirse, la bestia ofreció matrimonio a la muchacha, ella no sabía cómo responder, pues tenía miedo de la reacción de la criatura, pero se las arregló para rechazarlo gentilmente como había hecho antes con otros pretendientes. La reacción del monstruo no fue de enojo, aunque si lanzó un impresionante rugido de dolor que hizo temblar el castillo entero. Necesitó solamente un instante para recobrar la buena postura y se despidió de la muchacha. Después de lo ocurrido, Bella sentía una gran compasión por el monstruo, sentía pena que La Bestia tuviera tan buen corazón, y al mismo tiempo fuera tan feo.

Tres meses pasaron cumpliendo la misma rutina; Bella disfrutaba su estancia en el castillo, se veían solamente en la hora de la cena, conversaban y al despedirse, la bestia hacia una propuesta de matrimonio que la joven rechazaba. Bella dejó de pensar en el aspecto de la criatura, desde un tiempo atrás se venía fijando solo en sus cualidades, tenía muchas, solo que ninguna de ellas relacionada con la inteligencia.

Llegó un momento en que la joven quiso ser sincera sobre sus sentimientos, dijo a La Bestia que no se casaría con él, pero en cambio podía ofrecerle su amistad por siempre. Aunque no era esto lo que el monstruo esperaba, quiso ver lo bueno de la situación; estaba alegre porque la muchacha siguiera en el castillo, así que le pidió entonces que no lo abandonara. Nuevamente, eso era algo que Bella no podía cumplir, pues el espejo mágico le había mostrado el estado de su padre y deseaba estar junto a él para cuidarlo.

― Puedes ir junto a tu padre ―dijo la bestia― no quiero que sufras de alguna manera, pero si no regresas pronto, moriré de pena.

― ¡No! eso ni lo menciones, te quiero tanto que no podría soportarlo, solo dame una semana para cuidar a mi padre ahora que está solo ―. Respondió la muchacha para sorpresa del monstruo.

Bella prometió volver en ocho días, así que la Bestia le dio un anillo, debía ponerlo en el buró junto a su cama mientras dormía, y así lo hizo. La mañana siguiente, despertó en casa de su padre, él estaba lleno de alegría por verla ahí. Se vistió la bella con un hermoso vestido que la bestia le había enviado y recibió la visita de sus hermanas, quienes ya no vivían ahí porque estaban casadas. Sus hermanos, estaban en el ejército, así que a ellos no pudo verlos.

Al ver a Bella luciendo como una princesa, los celos y envidia que sentían sus hermanas, se avivaron. Ellas llevaban una vida muy infeliz, mientras la pequeña lo estaba recibiendo todo, pensaban que su hermana no merecía tanta dicha y quisieron arrebatársela, la engañaron con falso amor para entretenerla en casa por más de ocho días, esperando que perdiera así la gracia de la bestia.

En el décimo día, la angustia por haberle fallado a la bestia, se manifestó en un sueño de la muchacha; vio al monstruo tirado sobre la hierba, casi a punto de la muerte. Esa imagen le hizo saltar de la cama, hundida en un mar de llanto. Se inundaron los pensamientos de la joven con recuerdos de la criatura, en ese momento no le parecía tan mala idea ser su esposa, reconocía que las bondades y el deseo de agradar de la Bestia eran suficientes para ser feliz. La fealdad y falta de inteligencia no importaban tanto cuando se tiene buen corazón.

No había más tiempo que perder, al fin lo había comprendido, su lugar estaba junto a la Bestia, así que puso el anillo sobre el buró y se fue a dormir con la ilusión de despertar en el castillo, y así fue, la mañana siguiente estaba ahí. Moria de impaciencia porque llegaran las nueve, hora en que el monstruo la visitaba. Sin embargo, al llegar la hora, su amigo no apareció. Llena de desesperación fue a buscarle en todas las habitaciones, pero ahí no había nadie.

Corrió entonces hasta el estanque que apareció en sus sueños, y ahí estaba la pobre bestia sobre la hierba… la chica pensaba que había muerto, así que se dejó caer a su lado; entonces pudo sentir el latido de su corazón:

― Me he dejado morir de hambre por haberte perdido. Pero al menos tendré el gusto de verte una última vez ―dijo la bestia con su último aliento.

― No amado mío, tu vivirás y nos casaremos, porque no puedo vivir sin verte ―respondió Bella con toda la ternura que tenía en su ser.

Al terminar de pronunciar estas palabras, una gran fiesta iluminó el castillo: música, fuegos artificiales, luces resplandecientes; pero nada capaz de apartar la atención de Bella de su amada Bestia. Y sucedió entonces, que ahí justo frente a sus ojos, el monstruo desapareció, dejándole en los brazos un hermoso príncipe. El joven le agradecía, pero Bella estaba confundida. Hasta que el joven pudo explicar aquel terrible suceso: el embrujo de un hada amaligna que le obligaba a tener una apariencia monstruosa, carente de inteligencia, hasta que una mujer quisiera casarse con él solamente por la bondad de su corazón.

Bella, estaba muy contenta con la agradable sorpresa, llena de gusto acompañó al príncipe hasta el castillo, donde se encontraba ya toda la familia de la joven. También estaba allí aquella dama de sus sueños, ella era un hada poderosa.

― Por preferir las bondades sobre la belleza y la inteligencia, mereces el premio de encontrar todas esas cualidades reunidas en una sola persona. Serás una gran reina y espero que tus virtudes no desaparezcan cuando gobiernes ―dijo el hada manteniendo la vista sobre Bella.

En cuanto a las hermanas, sabiendo que sus corazones estaban llenos de malos sentimientos, el hada las convirtió en estatuas, las puso en la puerta del palacio para que contemplaran la felicidad de Bella como castigo. Solo podrían volver a su forma natural al corregir su corazón.

Finalmente, el hada golpeó el suelo con su varita y fueron transportados todos los presentes hasta el reino del príncipe. Ahí celebraron la boda, de la bella y la bestia, quienes eran ahora príncipe y princesa, empezando el primero de muchos años de felicidad perfecta.

FIN

Valores del cuento La Bella y la Bestia

La bella y la bestia es una hermosa historia que nos muestra valores que en estas fechas muchos han olvidado: el sacrificio, la bondad y la capacidad para reconocer y apreciar la belleza interior. Aunque el mensaje de evitar la superficialidad puede ser un poco complicado para los pequeños, el relato resulta bastante entretenido, y puede compartirse con niños de seis años en adelante.

El personaje de bella es uno de los más completos entre la gran cantidad de cuentos infantiles clásicos, es a través de ella que se reconocen los valores positivos, mientras que sus hermanas son muestra de los antivalores. Finalmente, la bestia viene a enseñarnos que nos definen nuestros actos, no las apariencias.

Durante toda la historia nos damos cuenta también de la capacidad de Bella para adaptarse a todas las situaciones, obteniendo siempre lo mejor de las cosas y enfrentándose a la vida con optimismo y decisión.

Información del cuento la Bella y la Bestia

La Bella y la Bestia es un cuento de hadas con muchas variantes, fue rescatado de la tradición francesa. Sin embargo, su origen podría rastrearse hasta la historia de “Cupido y Psique”; incluida en un libro llamado “El asno de oro”. Este trabajo fue realizado por Apuleyo, el escritor romano más importante del siglo II.

Algunos dan crédito por la recreación de la historia original a Gianfrancesco Straparola en 1550, otros afirman que la primera impresión publicada estuvo a cargo de la escritora francesa Gabrielle-Suzanne Barbot de Villeneuve, en 1740; posteriormente, una versión abreviada de esta última historia seria desarrollada por Jeanne-Marie Leprince de Beaumont en 1756, convirtiéndose en la base para casi todas las narraciones que le siguieron y la que cuenta con mayor fama.

En Europa existen muchas interpretaciones, y durante el siglo XIX se imprimieron 68 ediciones distintas en Francia, Inglaterra y Estados Unidos. Además, desde su publicación en 1756, la historia ha inspirado obras de teatro, películas animadas, producciones cinematográficas, y series de televisión.

La primera aparición en el cine fue en 1945 a cargo del francés Jean Cocteau. En 1952 se hizo una adaptación animada en la Unión Soviética, en 1978 apareció en el cine checoeslovaco. Hasta llegar a Hollywood de la mano de los estudios Walt Disney en 1991, esta producción fue la primera película animada nominada al Óscar como mejor película. Esta misma versión sería trasladad a un filme de acción real, que tuvimos la oportunidad de disfrutar en 2017, con Emma Watson como protagonista.

Esperamos que hayas disfrutado este hermoso cuento de la bella y la bestia, todo un clásico cuento infantil.

No dejes de disfrutar nuestro portal de Leyendas y Leyendas cortas, además te dejamos unas grandes recomendaciones de cuentos cortos: