La bella durmiente

En cuento de la bella durmiente, narra que, hace mucho, mucho tiempo, existió un rey y una reina deseosos de un hijo, pero, solo acumulaban tristeza porque este no llegaba a pesar de todos los esfuerzos que hacían. Recorrieron el mundo en busca de una solución, pero a veces las cosas no se obtienen cuando uno quiere, sino cuando es tiempo.

Y el tiempo les llegó; la reina dio a luz una hija en medio de una gran celebración. Invitaron a todas las hadas que pudieron encontrar, o al menos eso creían, porque a mitad del festejo vieron entrar una vieja hechicera que no habían convocado. No fue a propósito dejarla fuera de los planes, sino que ella vivía en lo alto de una torre y no se le había visto por más de cincuenta años.

Durante el festejo, la anciana se sintió despreciada, pues se dio cuenta que todo estaba dispuesto solo para siete visitantes mágicas, y aunque se hacían esfuerzos para halagarla, no se comparaba en nada con las atenciones que las otras estaban recibiendo. El hada sentada junto a ella, se dio cuenta de su enfado y temiendo que pudiera causar algún daño, fue a esconderse tras las cortinas apenas se levantaron de la mesa.

Como era tradición en ese tiempo, las hadas obsequiaron a la recién nacida un don, convirtiéndose en sus madrinas. La primera le regaló belleza; la segunda bondad, las siguientes ofrecieron respectivamente; gracia, facilidad para el baile, canto y música. Llegando así el turno de la vieja; tan molesta como estaba, levantó su mano apuntando a la pequeña, y lanzando más bien una maldición dijo:

― He aquí el destino de la princesa, que, al cumplir los dieciséis años, ¡se pinchará con un huso y morirá! ―tales palabras retumbaron en el castillo y en los oídos de todos los asistentes que rompieron de inmediato en llanto.

La bella durmiente

En ese momento, la joven hada que estaba tras las cortinas, salió de su escondite, tal y como lo había previsto, guardó su don hasta el final esperando que este fuera suficiente para reparar el mal causado por la molesta hechicera. La mujercita mágica no tenía tanto poder para revertir el hechizo, pero tan lista como era, se las ideó para disminuir los efectos:

― Será el destino de la princesa pincharse con un huso, pero el lugar de morir, dormirá cien años, al final de estos, un príncipe vendrá a despertarla.

Tratando de evitar aquella tragedia, todas las ruecas del reino fueron quemadas en la hoguera y el rey prohibió que se utilizaran.

Pasaron entonces dieciséis años, la princesa creció mostrando todos aquellos dones que se le obsequiaron. Era hermosa, humilde, inteligente y llena de gracia. La muchacha era adorada por todos debido a su gran encanto.

Cierto día, la familia real tomó unas vacaciones lejos del reino, y se encontró la princesa con una sorpresa mientras exploraba el castillo, allá en un viejo desván, se hallaba una vieja hilando en su rueca, pues ahí no había llegado la prohibición de este artefacto. La joven no habiendo visto antes algo semejante, tubo demasiada curiosidad y quiso intentar también aquella práctica.

En cuanto se acercó al huso, se hirió con él la mano y cayó al suelo hundida en un profundo sueño. Con el griterío de la vieja, todos los presentes acudieron en su auxilio, pero no hubo manera de despertar a la muchacha. El rey, sabiendo que este era su destino, dispuso que se preparara una habitación para ella y se quedara ahí hasta que llegara el momento de su despertar.

Vino entonces el Hada que modificó el mortal hechizo y puso a dormir con ella a todo aquel que se encontraba en el castillo. Todos descansarían cien años junto a la princesa, así al volver de su sueño no se estaría sola, ni temerosa. Durmieron también los caballos, los canes y la pequeña Tití, perrita de la princesa que yacía también en la misma cama.

Después de despedirse de su hija, los monarcas se marcharon, prohibiendo a toda persona habida y por haber, acercarse a aquel edificio. Como medida extra, el Hada hizo crecer un espeso bosque, con árboles tan grandes para ocultar el palacio, salieron también rosales silvestres y espinosos, entrelazados de tal forma que impidieran el paso a cualquiera, ya fuese hombre o animal. Al final, solamente se veía lo alto de las torres del castillo.

Transcurridos los cien años, el hijo de otra familia que reinaba entonces fue a cazar cerca de aquel bosque. Al ver las torres preguntó que eran, obteniendo versiones adecuadas a lo que cada cual había escuchado; le dijeron que ahí había un castillo lleno de fantasmas, otros respondieron que era el punto de reunión de todas las brujas de la zona. Hubo también aquellos que hablaron de la presencia de un ogro que se llevaba a los niños para comerlos.

Con tantas historias, el joven no sabía que creer, hasta que se encontró con un viejo campesino y le dio una respuesta más motivadora:

― Su alteza: yo escuché en mi niñez hace muchos años, que en ese castillo se encuentra la más bella princesa del mundo, condenada a dormir cien años y a la espera del hijo de un rey que venga a levantarla de su lecho y convertirla en su esposa.

Tales palabras exaltaron el corazón del joven, y fue eso suficiente impulso para que decidiera vivir aquella aventura. Apenas puso un pie en el bosque encantado, los árboles y los rosales silvestres le abrieron paso, pero se cerraron inmediatamente detrás de él, impidiendo que entrase toda la corte que le acompañaba.

El silencio en el castillo era inquietante, además, se veían por todas partes cuerpos de hombres, mujeres y animales, que al principio le parecieron faltos de vida; pero fijando bien la mirada se dio cuenta que estaban dormidos. Recorrió jardines y habitaciones, encontrando el mismo espectáculo, algunos tan apacibles estaban que sus ronquidos hacian vibrar el palacio.

Su caminata le llevó hasta una habitación dorada, en cuya cama descansaba la mayor belleza que sus ojos hayan percibido: la bella durmiente, más hermosa aun de lo que el campesino había contado, fue a arrodillarse junto a la cama para contemplarla con mayor cuidado.

Como decía la profecía, los cien años habían finalizado, la princesa despertó justamente cuando el joven la besaba; y mirando tiernamente al caballero preguntó:

― ¿Eres tú mi príncipe? ¡El hechizo ha acabado!

Ambos entrelazaron sus miradas y con ellas se dijeron todo, ya que las palabras se negaban a tener sentido.

Se levantó también el encantamiento del palacio, y todos despertaron de su sueño. Después de haber descansado tanto, tenían energías suficientes para prepararse, pues en unos cuantos días, se celebraría la boda del príncipe y la princesa.

La fiesta fue esplendorosa, la mejor de la que se tenga recuerdo, y fue ese el inicio de sus largas y felices vidas.

FIN

Valores del cuento La Bella Durmiente

La bella durmiente es un cuento lleno de esperanza, fácil de entender por niños a partir de los cuatro años de edad. Esta historia muestra que, aunque las cosas tienen mayor probabilidad de salir mal, pueden terminar con un buen resultado si se es paciente y optimista. Deja claro también que no todas las situaciones se resuelven de la misma manera, algunas requieren tiempo y calma y por más que las apresuremos, no avanzaran más rápido.

Información del cuento de La Bella Durmiente

El cuento de la bella durmiente, es uno de los cuentos clásicos indiscutibles. Nacido en la tradición oral europea, cuenta con varias versiones en las cuales pueden encontrarse antecedentes indios, greco-latinos, islandeses, españoles y franceses.

La primera recopilación aparece en El Pentameron (1636), una famosa colección de cuentos de hadas creada por el italiano Giambattista Basile, la historia se titulaba “Sol, Luna y Talía”, donde Talía era el nombre de la bella durmiente, mientras que Sol y Luna eran sus hijos.

Décadas más tarde en 1967, el francés Charles Perrault retomaría esta historia para incluirla en “Los cuentos de mamá gansa”; en esta ocasión el autor endulzó un poco la historia, llamándola: “La bella del bosque durmiente”, misma que por algunas confusiones en su traducción conocemos hoy en día como “La bella durmiente del bosque“.

Otra versión aún más simple y apta para el público infantil fue lanzada por los hermanos Grimm, en sus “Cuentos de la infancia y el hogar” de 1812; aquí la protagonista era Rosita de Espino, mismo nombre que se le dio a la historia.

En el cine contamos con la obra realizada por Walt Disney Pictures en 1959, el largometraje de dibujos animados se basó en el cuento de Charles Perrault, incluyendo algunos elementos de los hermanos Grimm, y otros tantos de creación propia, como maléfica,
las tres hadas: flora, fauna y primavera. Esta película influyó mucho en la fama del cuento, aunque no tubo los resultados esperados, pues después de su lanzamiento solo se recuperó la mitad de lo invertido en su realización. Sin embargo, se restrenaría en tres ocasiones más, en 1970, 1979 y 1986. Logrando así ubicar este cuento infantil junto a otros clásicos de siempre.

Gracias por leer nuestra narración del cuento de la bella durmiente. No dejes de vistar nuestras Leyendas y Leyendas Cortas, también te invitamos a leer los siguientes cuentos.