Hansel y Gretel

El cuento de Hansel y Gretel comienza asi… Había una vez, en una humilde casita del bosque, una pobre familia formada por el leñador, su mujer y dos hijos: el niño llamado Hansel, y la niña, Gretel. La desgracia de la familia era tan grande que a veces no les alcanzaba ni para una pequeña comida.

Todas aquellas preocupaciones, no le permitían al desafortunado hombre alcanzar el sueño, solo se tiraba en la cama pensando en el futuro de su familia.

—¿Qué será de nosotros? —le preguntaba a su mujer—. No nos queda nada para alimentar a nuestros hijos.

—Solo hay una cosa por hacer —respondía ella—. Debemos dejarlos en el bosque, tal vez alguien más los encuentre y se haga cargo de ellos o aprendan a salir adelante solos.

El hombre se sentía muy angustiado por tener que dejar a sus hijos abandonados, se negó al principio, pero tras tanta insistencia de su mujer y no encontrando una mejor solución, al final decidió dejarlos a su suerte.

Durante toda aquella horrible platica, los niños estuvieron despiertos escuchando, así que se asustaron mucho, especialmente Gretel, quien no pudo contener las lágrimas. Pero se sintió mejor al saber que su hermano estaba ahí prometiendo hacerse cargo de todo.

Hansel y Gretel

Apenas se durmieron el padre y la madrastra, Hansel salió de la casa, a recoger piedrecillas blancas, con ellas se llenó la chaquetita y volvió a casa a reconfortar a su hermana, después se fueron a dormir para enfrentar la dura prueba que les esperaba.

Con la primera luz del día, la madrastra fue a despertar a los niños, le dio un pedacito de pan a cada uno y se fueron al bosque a recoger leña. La mujer iba a toda prisa, y se molestaba cada vez que el niño se quedaba atrás. Pero lo que él estaba haciendo era muy importante, cada vez que se retrasaba, sacaba una piedrecilla blanca de su bolsillo y la dejaba en el sendero, así lo hizo por todo el camino.

Cuando llegaron a la parte más escondida del bosque, les encendieron un fuego, ordenándoles quedarse ahí hasta que volvieron por ellos. Los hermanitos obedecieron, esperaron largo rato, pero al filo de mediodía aun no pasaban a recogerlos, así que comieron su pedacito de pan y esperaron aun más. Finalmente, les venció el sueño y a pesar de dormir por horas, sus padres no aparecían.

Ahí estaban a mitad del oscuro bosque, solos… Gretel a punto de las lágrimas, pero Hansel reconfortándola en todo momento. Apenas salió la luna, las piedrecitas que el jovencito dejó en el suelo brillaron, con una luz tan intensa como monedas de plata, así no tuvieron problema para encontrar el camino de regreso a casa.

Anduvieron toda la noche y llegaron hasta la mañana siguiente, cuando la madrastra abrió la puerta, se sorprendió un poco, pero hizo como si nada hubiese ocurrido. En cambio, el padre estaba muy arrepentido de sus actos y contento de volver a verlos.

La familia estuvo junta un tiempo hasta que vino otra época de miseria. De nuevo, la mujer convenció al padre de los niños de llevarlos al bosque, pero esta vez a un lugar más apartado, del que no pudieran volver con facilidad. El leñador sentía un profundo dolor por actuar así, pero no tenía valor ni argumentos para oponerse a la decisión de su esposa.

Los niños también escucharon esta plática, y apenas se durmieron los padres, el pequeño quiso prepararse con piedrecitas, pero, no fue posible, la puerta estaba cerrada, pero aun así tuvo fuerza para consolar a su hermanita, y hacerle saber que saldrían adelante.

La mañana siguiente, la mujer les dio un pedazo de pan aún más pequeño que la ocasión anterior y los encaminaron al bosque. Hansel se retrasaba cada vez que era necesario, como no llevaba piedritas, dejaba una miga de pan que les indicara como volver.

Después de mucho caminar llegaron a un lugar donde no habían estado jamás. Tal y como la situación pasada, los padres encendieron el fuego, ordenando a los niños esperar hasta su regreso.

A la hora de la comida, Gretel compartió su pan, pues Hansel usó el suyo para marcar el camino. Al rato tomaron una siesta y se despertaron a mitad de la noche, esperaron que la Luna iluminara un poco, con la ilusión de ver bien las migas que les permitirían regresar a casa, pero lamentablemente, ya no estaba ahí. Los pajaritos que rondaban el bosque se comieron el pan y con ellos la esperanza de los niños de volver a su hogar sin complicaciones.

A pesar de la difícil situación, Hansel le daba seguridad a su hermana, y así, juntos, intentaron salir del bosque. Caminaron toda la noche, también el siguiente día, pero no lograron nada más que cansarse, sus pobres piecitos hinchados no pudieron dar un paso más, además, no había probado bocado, así que se tumbaron a descansar debajo de un árbol.

Tan hambrientos y cansados como estaban, la mañana del tercer día, siguieron buscando la manera de salir del bosque, pero tanto caminar solo los perdía más y más, llevándolos a lugares que no habían pisado antes, hasta que llegaron a una casita, sin duda la cosa más hermosa que habían visto en su vida, pues estaba hecha de pan y cubierta de chocolate. Las ventanas eran de azúcar, los adornos de caramelos; toda golosina que los niños conocían, era parte de esa vivienda.

Con el hambre que tenían, no dudaron en disfrutar un poco de aquel banquete, tomaron un trocito de cada cosa para probar, después unos grandes pedazos, lo suficiente para hacer tanto ruido y alertar a quien habitaba ahí.

La puerta se abrió de un solo golpe, y salió una viejecita que caminaba con bastón. Al principio los niños se asustaron, pero la ancianita fue muy amable y tierna con ellos, les invitó a pasar, y a tomar una comida en forma, con leche, pan dulce, algunas frutas y nueces. Por supuesto era una oferta difícil de rechazar. Después de comer, la amable señora los llevó hasta un par de camitas, con sábanas blancas, en las cuales descansaron como si durmieran sobre nubes.

Todo parecía demasiado bueno, pero la mujer en realidad ocultaba un secreto, ella era una bruja, una que construyó una casa de dulce para atraer a los niños y después comerlos. Con esta intensión, les hizo dormir profundamente, para tener oportunidad de apresarlos. El niño fue puesto en una jaula, mientras que Gretel se encargaba de alimentarlo hasta que estuviera suficiente gordo para comerlo. Durante largo tiempo, Hansel comía platillos exquisitos, mientras la niña recibía solo migajas.

Todos los días, la bruja iba a revisar que tanto crecía su bocado. El niño que era muy astuto, sacaba un huesecillo por las rejas en lugar de su mano, así la hechicera que tenía muy mala vista, creía que aún seguía flaco y debía esperar más tiempo. Pero el plan no funcionó para siempre, pues la mujer no tuvo tanta paciencia y quiso comerlo de cualquier forma, aunque no estuviera gordo. Así que mandó a la niña que preparara un caldo para cocinar a su hermano.

Gretel cumplió la tarea echa un mar de llanto, después, la bruja quiso engañarla diciendo que prepararían pan, cuando en realidad, su verdadera intención era encerrar a la niña en el horno, para comerla también. Pero la jovencita fue lista que la hechicera, pues fingió no saber cómo usar un horno, y tratando de enseñarle, la bruja metió la cabeza en él. En ese momento, Gretel la echó dentro de un solo empujón, y puso cerrojo en la enorme puerta de hierro.

Chillido, tras chillido la bruja se retorcía por el calor, mientras Gretel aprovechaba para correr a toda prisa y liberar a su hermano. Con la malvada mujer metida en el horno, no había más que temer, pudieron ver la casa con calma y para su sorpresa, en cada rincón se encontraron cajas llenas de perlas y piedras preciosas.

Ambos llenaron sus ropas con ellas, llevando todo lo que pudiesen cargar y salieron a prisa para buscar la manera de salir de ese bosque encantado. Después de mucho caminar, llegaron hasta un rio, un lugar que ya les era familiar, así fueron poco a poco reconociendo cosas que los llevaron hasta su antiguo hogar. Ahí encontraron a su pobre padre completamente solo, la madrastra había muerto y él se encontraba hundido en una profunda pena por haberlos abandonado.

Los niños se habían olvidado ya de ese amargo trago, abrazaron a su padre sin ningún resentimiento y sin hacer algún reproche, luego dejaron caer de entre sus ropas todas aquellas riquezas que acabarían con las penas y momentos difíciles.

La familia del leñador no volvió a ser pobre jamás, y vivieron muy felices, unidos y contentos.

FIN

Valores del cuento Hansel y Gretel

Hansel y Gretel es un cuento apto para niños a partir de los seis años, en esta historia lo más evidente es que “las apariencias engañan”, por eso no debemos fiarnos tan fácilmente de ellas. Además, nos deja muy en claro el amor y fraternidad que existe entre Hansel y Gretel, la cual les ayuda a trabajar juntos para salir adelante, protegiéndose continuamente y sorteando todo tipo de dificultades.

Este cuento infantil nos enseña también como la inteligencia nos da las herramientas necesarias para enfrentarnos a situaciones adversas, mostrando que no es el más fuerte el que sobrevive, sino el más apto, aquel que con su ingenio se adecua mejor a las circunstancias.

Información del cuento

El cuento de hansel y gretel es uno de los más populares de la edad media, proviene de la zona germana, fue recopilado por los hermanos Grimm y publicado en 1812, en una colección de cuentos de los mencionados autores.

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