El bufoncillo de la plaza

La provincia de nuestro país todavía está llena de lugares que conservan tradiciones antiquísimas. Tal es el caso de las plazuelas en donde domingo a domingo se presentan artistas callejeros, los que nos hacen pasar momentos sumamente agradables.

Hace no mucho tiempo, me contaron una de esas leyendas muy cortas que te dejan boquiabierto. El tema central de nuestra historia es lo que le ocurrió a un cómico que todas las tardes se ubicaba en el mismo lugar.

La gente nunca supo su nombre, debido a que sus rutinas se basaban única y exclusivamente en la mímica. Dicho de otra manera, utilizaba gestos y movimientos corporales para transmitir sus sentimientos y emociones.

Algunos creían que ese individuo era sordomudo y por eso no se comunicaba con los transeúntes. Sin embargo, había otro grupo de personas que aseguran haberlo escuchado articular palabras.

Una tarde en la que su acto transcurría de lo más normal, se empezó a escuchar un fuerte alboroto a sus espaldas.

– ¡Auxilio, socorro! Deténganlo, me acaban de robar mi bolso. Gritaba desesperada una señora mayor.

Al darse cuenta de que ni un alma hizo nada por detener al malhechor. El bufoncillo fue tras él, sin saber que sería lo último que haría en este planeta. El bandido giró la cabeza y al verse perseguido sacó un arma de fuego y la descargó sobre el artista callejero.

El cómico herido de muerte se desplomó sobre el suelo, mas no emitió ni un suspiro. Los cuerpos de emergencia llegaron en minutos, pero desgraciadamente ya no pudieron salvarle.

Nuestro relato no concluye allí, ya que luego de una semana de su fallecimiento, el cadáver del asaltante fue encontrado a unas cuantas cuadras del lugar. Lo verdaderamente curioso es que el rostro de éste se hallaba maquillado siguiendo exactamente los mismos patrones que utilizaba el bufoncillo de la plaza.

El bufoncillo de la plaza

Varias personas que entrevisté, sostienen la teoría de que el espíritu del artista fallecido, continúa por esas calles, solo que ahora se dedica a cazar delincuentes.

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