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Leyenda de la Casa Cuna De Cádiz

El 18 de agosto de 1947, una tremenda explosión se produce en las inmediaciones de los Astilleros Echevarrieta Larraiga, de Cádiz, una de las empresas más importantes en construcciones navales, esta enorme explosión destruyó por completo la Casa Cuna y acabó con la vida diecinueve muchachos, nueve niñas, doce sirvientas y cinco monjas. Muchos de los cadáveres no consiguieron ser identificados debido a que sus cuerpos se encontraban aplastados, mutilados e irreconocibles, y fueron enterrados anónimamente en fosas comunes. Otros nunca se encontraron y se los dio definitivamente por desaparecidos.

La Casa Cuna se fundó como hospicio de la ciudad de Cádiz en el año 1621. Su función era acoger a niños recién nacidos llevados por sus madres, por estar estas imposibilitadas económicamente, o por no oponerse a la sociedad de la época trayendo al mundo hijos ilegítimos. A estos infantes se les denominaban como ”Niños del Hospicio”, criados, cuidados y educados por monjas de la caridad ayudadas por enfermeras, amas de leche y cuidadoras.

Después de la explosión, se procedió a la total demolición de los restos del edificio y en su lugar se construyó la Institución Generalísimo Franco, que años después paso a llamarse Institución Provincial Gaditana.

Esta nueva Institución era un colegio estrictamente femenino dirigido por religiosas, algunas alumnas eran internas y se quedaban en los dormitorios del colegio, los cuales estaban ubicados en la misma zona donde un día estuvieron los de la Casa Cuna. A partir de ahí, empezó a crearse la leyenda.

Las alumnas percibían cosas extrañas, sobre todo en las madrugadas, escuchaban llantos de bebés, risas y carreras de niños. Percibían extrañas sombras en las ventanas, incluso presencias que las vigilaban en cada rincón. Pronto estas experiencias comenzaron a suceder también frente a los familiares que iban ahí de visita.

Tales acontecimientos activaron los nervios de las monjas, quienes prohibieron rotundamente hablar sobre el tema, pero no pudieron evitar los cuchicheos de las alumnas, que intercambiaban sus vivencias y compartían cuentos de terror entre ellas. Pronto no hubo necesidad de eso, ya que los hechos hablaban por si solos.

En una ocasión, una chica fue directamente a su habitación después del almuerzo y se tiró por la ventana. Afortunadamente no sufrió daños mayores, y al ser reprendida enérgicamente por su acto, no hacia más que responder a sus cuidadoras que fue empujada al vacío, por una fuerza invisible. Las estudiantes eran testigos de puertas que se cerraban solas, fuertes golpes de desconocida procedencia y campanas que sonaban a todas horas. Alguna afirmó ver el espectro de una monja vestida a la antigua usanza en el patio del colegio.

Posteriormente, a principios de la década de los 90, el edificio se convirtió en la sede de Radio Onda Litoral, y esta vez los testigos de los hechos mencionados, fueron sustrabajadores.

Mientras se encontraban en el estudio de grabación, a través del cristal vieron un grupo de niños con vestiduras de varias décadas atrás, que corrían a través del pasillo. Sabiendo que no había razón para que se encontraran ahí, salieron del estudio y encontraron el pasillo completamente vacío. Al extender la búsqueda por todo el edificio, tampoco obtuvieron resultados.

Hoy día se ubica allí una oficina del INEM, el personal no habla de lo que ocurre dentro, pero si se pregunta a los gaditanos sobre los fenómenos inexplicables en la ciudad, todos hacen referencia a la antigua Casa Cuna. Según ellos, los niños trágicamente desaparecidos siguen deambulando por el lugar con sus llantos y lamentos, sin encontrar el consuelo ni el descanso que necesitan, junto a las monjas que ese día corrieron con la misma suerte de ellos.